Qué gran invento, las relaciones epistolares. No es de extrañar que a menudo tenga presente ese sofisticado y decadente juego que es Las Amistades Peligrosas como metáfora para situaciones cotidianas. No puedo evitarlo. Pero el motivo último para que eche de menos los sobres y los buzones es que una parte de lo que soy tiene su origen en un amor adolescente que tuve por carta hace tiempo (tanto que por aquel entonces Kurt Cobain aún estaba vivo, no digo más). Bueno, pues Craig Thompson ha cogido cada preciso detalle de mis recuerdos sobre aquello, punto por punto, fechas incluidas, los ha arrancado de León y se los ha llevado a Michigan para dibujar Blankets.
La versión de Thompson de lo que me ocurrió es, a pesar de su cercanía, inocentemente romántica con un fuerte componente religioso. No pasa por el tamiz de la experiencia adulta y su interpretación psicológica, o al menos no permite que contaminen el relato. Es más magia que otra cosa. Y yo lo he leído justo ahora que acabo de encontrarme las cartas con las que empezó esta historia. Y me he acordado de cómo me sentía cuando el mundo era nuevo y emocionante, trágico o glorioso, contenido pero incontenible. Cuando el problema era que todo te venía grande en vez de pequeño. Cuando las emociones te pasaban por encima brutalmente, haciendo estragos a su paso, sin que supieras cómo cojones gestionarlas, en vez de tenerte buscando, sediento en mitad de un desierto de estabilidad emocional, algo que te destroce por dentro. Cuando tu vida era absolutamente frustrante pero esas dos o tres visitas al año hacían que todo valiera la pena. Y era increíble. Y también una puta mierda.
Da igual quienes fuéramos. Podríamos haber sido otros. Da igual que fuéramos tremendamente torpes. Aquel intensísimo episodio consumió gran parte de mi combustible emocional, que debía durar toda una vida, en un fogonazo deslumbrante, una supernova que cauterizó, para quienes vinieron después, la herida de los celos en la que los demás hurgan como fundamento para sus relaciones. Me siento afortunado de haber vivido (yo también) aquello. Pero no lo añoro. A pesar de haber cambiado aquellos chutes de adrenalina por las facturas, pasar el aspirador o los compromisos sociales, a pesar de que ese inocente y emocionado panoli se haya convertido en el hombre cínico y desconfiado que soy ahora, aquel sin vivir en realidad era una putada. Un efímero pasaje necesario para mi (citando a otro ilustre gabacho desilusionado) educación sentimental. Como Thompson, me ví quemando mis naves (y esas cartas que no releeré serán lo siguiente), andando sobre la nieve sabiendo que las huellas no perdurarían.
Un brindis, eso sí. Buena suerte, jodida psicópata.
7/6/10
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la educación sentimental |
16/9/08
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tempestad |
27/1/08
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locas |
El único cómic que leen tus amigas que nunca leen comics. Realista y divertido, por contradictorio que parezca. Vida en estado puro. No, todas estas frases se quedan cortas para definir esta maravilla. ¡Espera, ya lo tengo!
En este cómic parece que siempre sea verano.
22/1/08
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promethea |
Sophie Bangs es una apocada estudiante que investiga sobre un personaje de ficción que aparece recurrentemente en poemas del s.XVIII, cómics de los años treinta y obras de la literatura pulp bajo el nombre de Promethea. Sophie descubrirá que el personaje lleva siglos cruzando la frontera con la realidad, utilizando a artistas y escritoras como receptáculos en el mundo físico, y que ella es la siguiente en la lista. A partir de ese momento se verá perseguida por una pléyade de demonios que intentarán destruirla y realizará un viaje iniciático a través de la cábala, en una ascensión por los distintos planos y esferas de la realidad hasta llegar a Dios, para descubrir que su destino último es servir de agente desencadenante del fin del mundo, lo cual no tiene nada de malo puesto que el mundo no es otra cosa que nuestros gobiernos, nuestros sistemas y estructuras sociales y nuestros miedos y creencias.
Alan Moore, que como otros grandes del cómic (véase Jodorowsky) cada día es más mago y estudioso de lo oculto que artista, firma el guión de esta obra que, si bien es una medida combinación de aventura fantástica y cómic mainstream, es de una madurez espeluznante. No es una lectura ni muchísimo menos fácil. La cantidad de referencias culturales es pasmosa: mitos, literatura victoriana, tarot, ciencia ficción, culturas antiguas... todas las obsesiones del autor británico tienen cabida en esta hija pródiga que se ha convertido en unos de los grandes hitos del cómic en su camino al reconocimiento como arte pleno y legítimo.
Por otra parte estos mundos imposibles no serían visibles sin la abundante imaginería y recursos gráficos de J. H. Williams III. Su absoluto control de la estructura narrativa de la página le permite jugar continuamente con la percepción del lector, en un ejercicio intelectual difícilmente explicable. Todas las posibilidades estructurales de la viñeta son exploradas aquí. Es un digno sucesor de Windsor McCay o Will Eisner en lo que a concepción de la página como un todo unitario se refiere, y enlaza en ese sentido con los trabajos de arte secuencial de Frans Masereel o Max Ernst, superándolos ampliamente.
Cósmico.
13/1/08
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rock star |
Llevas una semana preparando la actuación. El día antes ya no duermes demasiado bien, dando vueltas en la cama, pensando en los matices: ¿Y si meto aquí este efecto? ¿Me dará tiempo a tocarlo todo en hora y media? ¿Me quedaré corto? Quince minutos antes de que abran las puertas tú ya estás allí, repasando el orden de los temas. Los que llegan puntuales te saludan mientras tú instalas el material sobre la tarima. El espectáculo empieza con diez minutos de retraso, mientras la gente se va instalando. El corazón te asoma por la garganta, pero estás concentrado y listo para el Rock&Roll. El hormigueo que te recorre segundos antes de abrir la boca es la mejor sensación del mundo, una suerte de explosión orgásmica que, si no te mata de un infarto, te dejará en un estado similar a un chute de heroína cuando todo haya acabado.
Al principio se te seca la boca, y no estás seguro de que vayas a acordarte de todo. Pero según avanzas te olvidas de tí mismo, y sólo existe aquello que has venido a hacer. Has venido a darles leña. Sabes que has nacido para esto. Se te da tan jodidamente bien que nadie en la sala se atreve a respirar. El público responde a la perfección. Les llevas por donde quieres sin que se den ni cuenta. Están escuchando algo que jamás pensaron escuchar, y cuando por fin el espectáculo termina, el aplauso, la ovación. Eres un puto fucker. Una maldita estrella del rock. Te vas a la cafetería de la facultad y te pides la Coca-Cola con más cafeína del universo para celebrarlo. Lo único que te extraña es no estar en este momento en tu camerino, repleto de groupies cachondas y champán.
Nunca imaginé que dar en la universidad una clase sobre vocabulario y sintaxis del cómic te hiciera sentir todo eso. Quizá esté desaprovechando un talento oculto para la docencia, quien sabe.
16/3/07
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Jimmy Corrigan, the smartest kid on earth |
“Un osado experimento sobre la paciencia del lector disfrazado de fantasía ilustrada alegremente coloreada [...]” Así se describe en su portada, de complicado diseño casi vanguardista, este fantástico trabajo de arte secuencial.
“Jimmy Corrigan” no es una lectura fácil. Una de las facetas más propias del cómic es que exige una mayor participación del lector, se le pide que ponga más de sí mismo y de su esfuerzo imaginativo para completar los huecos surgidos entre las viñetas. Esta obra, que originariamente se publicó como tira de prensa en el diario New City de Chicago, no sólo pone a prueba nuestra paciencia en numerosas ocasiones con sus largos silencios gráficos, sino que nos exige un enorme compromiso como lectores a la hora de llenar, con nuestras propias emociones y experiencias, unas viñetas desoladoramente asépticas, de colores y texturas planos, de espacios vacíos, de formas que parecen casi prediseñadas y dispuestas en forma de folleto explicativo de instrucciones. A cambio nos ofrece una impagable experiencia estética y emocional de una madurez asombrosa.
Con un importante componente autobiográfico, la obra de Chris Ware tiene dos cursos narrativos cruzados:

Metáfora: f. Vestido muy ajustado, generalmente de latón, que cubre totalmente al que lo lleva y que le impide moverse libremente, expresar emociones y/o tener contacto social.

“Jimmy Corrigan, the smartest kid on earth”
Chris Ware. Pantheon Books, 2000
Edición en castellano de Planeta deAgostini, 2003
Enlaces:
http://www.randomhouse.com/pantheon/graphicnovels/corrigan.html
http://books.guardian.co.uk/pictures/0,,602660,00.html
http://www.lacarceldepapel.com/varios/jimmycorrigan.htm
20/2/07
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Leed Comics |
Ya sé que los frikis del 9º arte solemos ser unos integristas con este tema, pero creo que es el momento de abrir (de verdad) los medios a esta manifestación artística. Y como el único medio al que tengo acceso es este, pues allá voy.
Se ha escrito mucho sobre cómics. Muchos estudios son un repaso por su recorrido histórico y su relación con la cultura y la sociedad en las que se dan. Creo que la mejor manera de entender el cómic es leer a la gente que aparte de estudiarlos los vive y los crea. No quiero hacer de menos a los especialistas en teoría de la comunicación, catedráticos, periodistas, etc. Pero después de haber leído las obras de unos cuantos, las que de verdad me han abierto los ojos a una visión definitiva y en profundidad de este arte son “Comics y arte secuencial” de Will Eisner (sí, el de Spirit), donde el maestro recopila sus clases en la School Of Visual Arts de Nueva York, y “Making Comics” de Scott McCloud, también autor y dibujante (traducido en España bajo el título “Como se hace un cómic, el arte invisible” por Ediciones B). Este último no es un texto en realidad. ¡Es un cómic en sí mismo! Absolutamente inteligente, este enfoque nos permite explorar los recursos, el funcionamiento y la necesidad del cómic desde un ejercicio práctico y entretenido. Esta obra se publicó a principios de los noventa y es imprescindible para todo aficionado que se interese por los aspectos teóricos de su afición. Marcó un antes y un después, y es en buena medida responsable de que se empiece a considerar de manera general al cómic como expresión artística legítima. Alabada por casi todos los grandes de nuestra época (Alan Moore, Frank Miller, Neil Gaiman, Art Spiegelman...) dentro de unos años se convertirá seguramente en una Bíblia del 9º arte. Yo sabía que el cómic me aportaba algo que no me daba ningún otro producto cultural, y gracias a esta obra ya sé lo que es. (Por cierto, lo leí pero no lo tengo, por si alguien en algún momento no sabe qué regalarme, ejem, ejem...) McCloud publicó en 2000 una segunda parte, “Reinventing Comics” (traducido por Norma como “La revolución de los comics”) donde trata temas más relacionados con la industria y la e/revolución (lo estoy leyendo en este momento, ya os contaré). Tiene página web, http://www.scottmccloud.com/ en la que, entre otras cosas, tiene un apartado de links con una selección de los cómics que encuentra publicados (y no sólo vendidos) en internet, la mayor parte de las veces nuevos autores americanos inéditos en España, y por si no ha quedado claro, me fío bastante de su criterio. Ahora mismo está de gira por los E.E.U.U. presentando una reedición del primer libro, y escribe un blog con las incidencias de su tournée de promoción. A partir de ahora incluiré un link a su página, porque el tío se lo merece casi tanto como los que ya he incluido.
Tengo la impresión de que en la actualidad el cómic está traspasando esa fina barrera que separa la adolescencia de la edad adulta. La infancia de los funnies y las “strip comic” (las viejas pero aún vigentes tiras diarias en prensa) dejó paso a la energía adolescente de los superhéroes, que nos han proporcionado genios como Jack Kirby y al mismo tiempo han hecho tanto daño al cómic en sí mismo, sobreexplotando el género hasta el punto de que aún es difícil para el gran público disociar entre cómic y superhéroes (esto puede ser tema para otra entrada). Sin embargo ya llevan tiempo viéndose en este medio momentos de auténtica “vida”, sin excusas, y un discurso más profundo, técnicas exclusivas, una personalidad mucho más definida, sabiduría y sensibilidad. Y una historia propia del medio. Recuerdos. Algunos comics empiezan a ganar premios literarios y periodísticos cuando no son estrictamente ni literatura ni periodismo, como tampoco son pintura o cine aunque tengan técnicas comunes con éstas. Gente con mucho talento está empezando a plantearse este medio como posibilidad para expresar inquietudes maduras, y muchas editoriales se están dando cuenta y comienzan a explotarlo. Gracias a todos ellos he entendido que el cómic ha cambiado, que desde hace muchos años se ha estado gestando algo que está a punto de explotar, algo que cambiará nuestro concepto del arte para siempre. A pesar de que desde mediados de los noventa las ventas han caído en picado y la industria del cómic, salvo quizá en Francia y Bélgica, pasa en la actualidad su peor trance (también en muchos otros aspectos, no sólo el económico), en lo creativo nos encontramos al borde de un momento histórico y me encanta estar aquí para vivirlo. Amigos y amigas, al cómic le ha salido barba, y cuando tenga hijos hay que recibirles con los brazos abiertos. En próximas entradas os recomendaré algunas obras incluyendo una breve reseña con la esperanza de picaros e intentar introduciros en este universo. Vale la pena, os lo aseguro.

Quiero dedicar esta sección a mi padre, que se aburría un montón después del trabajo cuando estuvo destinado en otra ciudad (que ahora es la mía) sin su mujer e hijos. Le dio por dedicar su tiempo libre a retomar una afición que a él le llegó en los sesenta con la Patrulla X en b/n de Lee y Kirby y buscó una nueva colección que seguir más de veinte años después. Cuando en su primer fin de semana volvió a casa y me trajo aquel primer número del Dreadstar de Jim Starlin no sabía lo que estaba haciendo de mí, el insensato.
Muchísimas gracias, padre.

