Lleva lloviendo unos cuantos días. No he podido salir a correr, y ya se me está pasando el chute de endorfinas que espoleaba mi voluntad para castigarme. De todas formas no sé si tengo ánimos. No ha sido un día particularmente duro en el trabajo (ninguno por separado lo es), pero no me quedan fuerzas para hacer nada productivo. Aún así llego a casa y me siento a escribir algo sobre los Arizona y a mandar un par de mails. Está bastante claro que no voy a ir a clase, pero me niego a que esta sea una tarde miserable echada a perder. Llamo a mi padre para que me eche una mano a deshacerme de una caja con cosas y luego voy a hacer algunas compras. Hace un frío horrible en mi habitación, no dejo de temblar. Llamo para pedir cita al médico y que me den los resultados de los análisis. Estoy tenso y aterido, pero tampoco hace tanto frío. Bajo al portal a esperar a mi padre. ¿Una titritona hace que te suba la tensión? La contracción muscular se concentra en el estómago. Tengo ganas de vomitar. No creo que vaya a tener una crisis, estoy tomando la medicación puntualmente. Pero ya empieza. ¿Llevo encima alguna pastilla? Sólo por si acaso. Miro en el bolso: Sólo me queda media. Mierda. Noto el corazón acelerado golpeándome el pecho, pero no me molesta. Un pinchazo en el costado, eso sí. Mi padre no tardará mucho, no quiero que me vea así. Me siento en el suelo y me meto la media pastilla debajo de la lengua. No tengo saliva, se queda ahí, sin deshacerse. Seguro que ya estoy blanco.
El coche se para junto al portal. Balbuceante le digo a mi padre que no se preocupe, pero que estoy teniendo una crisis. Quiero ser capaz de llevar la caja hasta el maletero, pero él no me deja. Mejor no me lleves donde te he dicho, vamos a dejar esto. Sigo helado hasta los huesos. No, mejor llévame a casa de La Niña Fatal. Apenas puedo hablar. Se lo hago saber e insisto en que no se preocupe, que cuando estoy así no estoy muy comunicativo. Pienso que lo pasa es que si hablo me ahogo. No soporto ver el tráfico a través de las lunas mojadas, me pone enfermo. Cierra los ojos. Piensa en un lugar tranquilo. Una playa. Hace calor, el sol pica sobre la piel. ¿Porqué me viene a la cabeza una canción de Siniestro Total? Mejor ponle una banda sonora más relajada. Me acuerdo de una que hace un rato he comentado en Facebook
Mi padre intenta darme conversación mientras conduce. ¿Tienes mucho estrés en el trabajo? No, no es eso, tu tranquilo. Yo estoy tranquilo, procura relajarte, ¿Sabes qué te provoca esto? Es que no puedo hablar, perdona. Pienso en las esquiadoras acuáticas de la canción. ¿Dónde estamos? No quiero ni saberlo, ya queda poco para llegar a casa. Pero… ¿Qué casa? ¿Cuál de ellas? ¿Dónde está mi casa realmente? Esto no remite, quizá debería decirle que me lleve a urgencias. No, otra vez no, me niego. Ahora mismo me conformaría con tirarme en el fondo de una cueva oscura. Quiero salir del coche. No quiero morirme dentro del coche con mi padre conduciendo a mi lado, no quiero hacerle pasar ese mal trago. No me importa morirme en plena calle ante unos desconocidos si es a cielo descubierto, pero no delante de los que me quieren. Prefiero que reciban una llamada sobre un hecho consumado a que tengan que presenciarlo, impotentes y desesperados. ¿Cuánto tiempo llevo aquí dentro? She’s my fade… Esto ya dura demasiado, quizá deba soltarlo y acabar de una vez. No, así no, aquí no. Abro los ojos unos segundos, un gilipollas se nos ha cruzado en medio del carril. Pienso que es un gilipollas, así que voy mejorando. Los viejos cruzan los pasos de cebra corriendo, empapados, con sus semáforos en rojo. Estúpidos. Llegamos al portal, estoy tiritando, no sé si podré levantarme. ¿Estás mejor? Si, tranquilo, ahora sólo puedo pensar en meterme en la cama. Tengo abonos para la Seminci, llámame cuando estés mejor y te cuento. Sonrío sin saber muy bien de que me está hablando y le doy las gracias por traerme. Saco las llaves, me tiemblan las manos como a un alcohólico. Pero subo las escaleras sin esfuerzo. Abro la puerta. Corro a la cocina a por otra pastilla. La Niña Fatal está al teléfono ¿Qué tal? Acabo de tener una crisis. ¿Estás bien? Si, no te preocupes, voy a cambiarme.
Ahora siento que podría calzarme las zapatillas y correr toda la noche bajo la lluvia, pero sé que es mentira. Sentado en la cama de La Niña Fatal, en pijama, me siento viejo, mojado y completamente estúpido.
12/11/09
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benzodiazepina surfer |
6/11/09
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surf music spanish style |
Lo de Los Coronas en directo ayer en la sala Mambo de Valladolid no fue un concierto. Fue una masterclass de quitarse el sombrero.
31/10/09
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ficción y reacción |
El tío que se inventó el universo como lo conocemos hoy en día decía en su 3ª ley que "toda acción produce una reacción de igual valor y dirección, pero de sentido contrario". Este postulado no sólo es válido para los cohetes, también lo es para la literatura.
Pausa café en el trabajo. Unas colegas mantienen lo que parece una conversación de ascensor hasta que presto atención.
-No te lo tomes como un fracaso. No siempre vas a conseguirlo todo, el mundo no es así.
La frase no tiene nada de especial. El tono anodino e impersonal con el que se pronunció tampoco. No debería haberme llamado la atención si no fuera por lo poco que me llamó la atención. Ese trozo de conversación era tan insulso, predecible y tenía tan poco de la personalidad de quién la había pronunciado que si me hubiese dado la vuelta y encontrado con una cámara grabando una escena de una serie española no me habría sorprendido en absoluto. Y sin embargo estaban tratando un tema de cierta importancia en la vida de alguno de los interlocutores.
Facebook. Entre los conciertos y pinchadas de los amigos, los videoclips y los tests chorras del tipo ‘¿Qué clase de queso de pasta blanda eres?’ de vez en cuando alguien define su estado como “Si mantienes tu corazón sensible ante el paso del tiempo, el viento de la ilusión soplara en tus sueños” o alguna mierda por el estilo. Vale, el ejemplo no es tan valido: En Facebook no se habla, se escribe. Pero es un “sitio” en el que todo el mundo escribe como habla (o debería).
Algunos recordaréis un affaire pagafantásico que me tuvo encandilado hace algún tiempo. La verdad es que la chica lo valía, pero empezó a dejar de impresionarme cuando alguien que nos conocía a los dos preguntó inocentemente porqué el emperador iba desnudo.
-Qué raro habla. ¿Es extranjera o algo?
Y no lo es. Lo que le ocurría era que hablaba como escribía (al menos conmigo. Y funcionó). Y escribía con un barroquismo culto pretendidamente sucio que, en el fondo y a pesar de su capacidad de crear atmósfera, sólo entendía ella. Pero bueno, el que esté libre de pecado…
Lo que quiero ilustrar con estos tres ejemplos es un hecho al que rara vez prestamos atención: La capacidad que tiene la ficción de modificar y construir nuestro mundo. De la misma manera que la observación altera lo observado, cuando producimos y consumimos ficción estamos modelando la realidad a nuestro alrededor. De alguna forma creemos que lo que leemos o vemos en el cine o la televisión es la realidad, por eso nos entretiene (de otra forma no lo haría, principio de verosimilitud), y paulatinamente empezamos a actuar en nuestra vida cotidiana en función de esas ficciones. Es una reacción inevitable y, bien enfocada, puede ser muy enriquecedora, hasta el punto de que buena parte de nuestros sistemas y estructuras (el uso que hacemos de nuestros sentimientos, nuestras convenciones sociales…) se han creado a partir de géneros y estilos literarios. Baste recordar lo que entendemos actualmente por ‘drama’ o ‘romanticismo’. De ahí la importancia de producir y consumir ficción de calidad. Si, como parece que ya está ocurriendo, la ficción que nos tragamos a diario se convierte en una puta mierda, resulta evidente en qué transformamos nuestro mundo. El de todos.
Así que ya sabéis, por el bien de vuestros hijos: No leáis, escuchéis ni veáis basura. Me niego a vivir en un episodio de ‘Sin Tetas No Hay Paraiso’ infinito.
29/10/09
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renovarse o morir |
Ahora Francia lleva tiempo fuera de mi vida diaria (salvo por unas pocas llamadas con mi ex y el poso de haber pulido mi francés), y me parece que esta onomástica gala es la ocasión perfecta para volver a llamar a las cosas por su nombre, poniendo la vista en otro gran gabacho cuya obra refleja mejor mi actual estado de ánimo: En vez de un opíparo banquete a la luz de las estrellas al final de una divertida aventura, ahora es un niño alienígena embarcado en un viaje a ninguna parte, perdido en el desierto, pidiendo una cosa:

10/10/09
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karma police |
Me pregunto cuánto sueño habré robado. A cuanta gente habré quitado la escasa paz que les quedaba. De cuanta inquietud soy responsable. Mi trabajo consiste en eso, en angustiar, preocupar, asustar a gente que debe dinero para que esa sensación les mueva a hacer lo imposible para pagarlo. Mi trabajo es el miedo. Era cuestión de tiempo que el karma me detuviera por este abuso y me hiciera pagar toda la desazón que he estado sembrando durante siete horas al día, cinco días a la semana, a lo largo del (exactamente) último año.
Se acabo la fiesta. Una vieja conocida ha vuelto a hacer aparición y esta vez se ha llevado (el médico cree que por poco tiempo) mi diastólica de libro de texto. Afortunadamente ya sé de que va todo esto y ya he movido ficha: Voy a echar de menos las cervezas rockeras y los vinos del domingo por la mañana, pero las mallas de correr me sientan divinamente.
29/9/09
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ingeniería metálica |

Hace algunos meses me encontré con David, guitarrista y cantante de los XXX, una de las grandes bandas de esta ciudad en los noventa, y precursores de la floreciente escena metal pucelana. Ahora son unos señores respetables, ingenieros con hijos, pero por lo visto les ha picado el gusanillo de volver (como últimamente todos los grandes retirados, benditos sean por ello) y, como ya es costumbre, andaban buscando bajista. Teniendo en cuenta los buenos ratos que pasé con Rubenchi en su local hace años y que algunos de los anteriores bajistas habían sido compañeros de banda míos (o incluso mi propio hermano), consideré que tenía una deuda moral con ellos y me alisté a esta histórica reunión.
Yo aprendí a tocar con una acústica en un parque versionando temas de Nirvana y Green Day, pero en cuanto me regalaron mi primera eléctrica quedó muy claro que el metal iba a cruzarse en mi vida. Nuestra primera banda pasó de hacer versiones de The Cure cantadas por una chica a hacer directamente gothic metal al más puro estilo Evanescence o Nightwish… sólo que hace quince años. Cuando ahora veo multiplicarse las bandas de este tipo con éxito me invade una cierta sensación de pérdida por lo que pudo ser. De aquello a meterme en una banda de death hubo un paso. Podéis ver aquí a alguno de mis antiguos compañeros en proyectos posteriores de mayor calidad. Después me profesionalicé y el metal se alejó de mi centro de gravedad, pero siempre he pensado que cuando has sido jevi nunca dejas de serlo del todo. Cuando volví de Francia recuperé mi contacto con la escena musical local rápidamente, lo que me reafirmaba en la teoría de que “el que tuvo, retuvo”, si bien entré en un circuito más amplio que va desde el garage al rock acústico pasando por los cantautores. Tocar con los XXX era saldar una deuda pendiente con mi pasado remoto, así que me pasaron un CD con un tema para una toma de contacto.
Fue como si me pasaran los planos de un rascacielos para que buscase los puntos de presión. Como si me hubiesen dado la fórmula de un nuevo material sintético para que lo elaborase. Como ponerme a estudiar legislación japonesa sin traducir. Aquello era una compleja obra de ingeniería absolutamente incomprensible para mí. No sabía qué tenía que buscar ni cómo hacerlo. No sabía de qué cojones me estaba hablando aquella música del demonio. Había perdido por completo mis competencias para este lenguaje y caí en la cuenta que hacía años que no escuchaba entero un disco de metal. Me sentí absolutamente desconcertado e impotente y mi compañero de piso lo resumió muy bien: “Te has hecho mayor para esto, tío”. Y tenía razón. Estos respetables padres de familia son mentalmente más jóvenes que yo.
El metal no es un estilo de música. Es una forma de que te funcione la cabeza. Es un ejercicio intelectual sólo apto para mentes en forma. Quizá por eso había tanto tío de ciencias en estos grupos. Quizá este estilo nunca fue para mí, pero estando más tierno podía con cualquier cosa. Quizá por eso me encuentro mucho más a gusto ahora en esta piel de cordero que es meterme en un concierto indie y no desentonar.
Maldición, Nico tenía razón. Me he convertido en un popero de mierda.
25/9/09
15/9/09
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ostras o mortadela (VIII). vacaciones de verano |
Obrero de la construcción en verano para pagarme la carrera. Músico de verbena rural (y olé). Camarero (de copas o de pinchos). Ahora que soy asustaviejas telefónico, por fin he tenido las primeras vacaciones en agosto de mi ecléctica carrera profesional, así que la Niña Fatal y yo hicimos planes de viaje para, finalmente, saltárnoslos a la torera y acabar a última hora en un destino nacional que cumplía todas nuestras expectativas (turismo gastronómico, gran capital con tiendas freak, arquitectura modenna, clima marítimo) cuyo índice de ocupación hotelera disminuye drásticamente fuera del fin de semana, así que hoteles como este en el que nos alojamos tenían ofertas especiales si reservabas estancias de tres días en adelante. Y por tan sólo diez euros más que la opción más barata de alojamiento.
Diez euros. Ese es el precio que separa una cama de 2,5m x 2,5m, aire acondicionado, mini bar refrigerado, servicio de habitaciones, baño de pizarra y decoración de diseño en una zona urbanística de postal de un catre sudoroso y un ventanuco sobre un bar de kebaps en una calle que ni Beirut en los ochenta. Esta sección del blog analiza la democratización del lujo, pero ¿Cómo es posible un caso tan flagrante de tomadura de pelo? Llegué a la conclusión de que el sector económico-poblacional que antes pagaba cantidades indecentes por alojarse en estas condiciones de semilujo es actualmente el más vapuleado por la crisis, y que el actual consumidor potencial de estos servicios es el que poco antes de la debacle económica estaba tan contento con su catre sudoroso sin llegar a pensar que su culo acabaría remojado en un jacuzzi. La parte negativa de este asunto es que uno, que estaba acostumbrado a salir de viaje en plan Kerouac, haciendo autoestop y durmiendo en cajeros, se acostumbra deprisa a las localizaciones de James Bond. La parte positiva es que estos mercaderes de la opulencia, que antes se la clavaban doblada a sus clientes, han tenido que recortar beneficios y mostrar sus verdaderas cartas para adaptarse a la dura realidad de que ahora su cliente... Soy yo.
Que se jodan. Bendita crisis.
8/9/09
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asuntos pendientes |
Me envía una de mis primeras ex, vía Facebook, un mensaje sobre una llamada que ha recibido del banco en el que ella tenía una cuenta de la que yo era autorizado cuando todavía estábamos juntos, hará unos seis años. Alguien que debe trabajar de lo mismo que yo cuando empecé en esto del recobro le avisa de que tiene un descubierto en cuenta y que debe hacerse cargo de él lo antes posible. Me pregunta ella que de qué cojones puede ser eso. Le digo que no se preocupe, que yo vivo cerca de nuestra antigua sucursal (ella ahora vive en otra ciudad) y que voy a solucionarlo. El caso es que hace unos meses hubiese ido con toda mi buena voluntad a informarme y a pagar religiosamente el descubierto. Sin embargo sabiendo ahora cómo se las gastan estos hijos de puta hice recopilación de datos para saber por mí mismo qué había pasado antes de que me vendiesen la moto.
La cuenta fue cancelada poco después de romper, y las dos tarjetas destruidas en la misma sucursal por un empleado. Este año mi ex cumple veintimuchos, una edad que algunos bancos establecen como edad oficial para dejar de ser joven y empezar a cobrarle comisiones. La cantidad cuadra: Le han cobrado el mantenimiento de este año de las tarjetas. La cuenta asociada sigue abierta sin nuestro permiso ni conocimiento. Me persono en la sucursal con esta información, muy buen rollo y muy tranquilo a informar de mi descubrimiento y a solicitar que se reintegre esa cantidad. Les digo que, como se da el caso de que trabajo para otra entidad, ya sé que es práctica habitual no cerrar todas cuentas cuyos titulares lo soliciten para no perjudicar las cifras de la oficina y retener (contra su voluntad) a un cliente, y que nos quiero evitar el engorro de tener que denunciarlo, ya saben. No, no, en nuestro caso nunca hacemos esas cosas, me dicen, seguro que ha sido un error, uno que dura seis años, añado, envían un fax, me hacen firmar una solicitud no fechada de deshabilitación de tarjeta y me dicen que cuando mi ex haga lo mismo en una oficina de su ciudad se le reembolsará la cantidad del descubierto.
Si vais a cerrar una cuenta en cualquier banco o caja PEDID SIEMPRE UN CERTIFICADO FECHADO Y FIRMADO POR LA SUCURSAL. Parte de los casos con los que nos encontrábamos cuando trabajaba para el banco eran de cuentas que habían quedado abiertas tras haber solicitado el titular cerrarlas, o que incluso se habían abierto sin su consentimiento explícito, amparándose en las condiciones de contratación de un producto financiero, y que al quedarse a cero empezaban a acumular saldo negativo al cargársele comisiones e intereses de esos descubiertos sin que el titular se enterase hasta que la cantidad era lo suficientemente rentable como para encargarnos su recobro. Es más, a mí un director de sucursal me ha llegado a decir por teléfono que no cerraba una cuenta a cero cuyo titular lo había solicitado porque no le salía de los cojones.
Tal cual.
5/9/09
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una solución a la crisis |
A menudo olvidamos que los términos que usamos diariamente tienen connotaciones de las que carecían en origen. Actualmente ‘crisis’ es sinónimo de miedo o desastre, cuando en realidad los griegos utilizaban esta palabra para referirse al ‘cambio’.
El verdadero problema para superar la actual crisis económica es que los organismos encargados de ello no conciben ese cambio necesario de estructuras ni, desde luego, se plantean la posibilidad de una renovación del pensamiento más profunda, todo lo más se esfuerzan en parchear un modelo obsoleto para ganar algo de tiempo con la esperanza de que el consumo se reactive. Resulta evidente que otra solución pasaría por un natural relevo de las élites económicas que pretende evitarse a toda costa, perpetuando así la posición de los actuales dirigentes fácticos de la oligarquía maquillada de democracia en la que vivimos.
Aún aceptando la posibilidad de un mantenimiento de la estructura económica basada en el capital, las soluciones van a pasar por un cambio de mentalidad bastante indigesto para estos oligarcas. Una opción lógica sería el reflote de las actuales fuentes de economía sumergida. Si asumimos que el consumo es el motor natural del sistema, encontramos fácilmente un mercado masivo y consolidado que sería capaz de generar una gran riqueza añadida si se regularizara. Estoy hablando del sector de ciertas drogas actualmente ilegales.
Sin entrar en consideraciones sobre sus efectos nocivos para la salud en comparación con el tabaco y el alcohol, dos de los bienes de consumo que, por otra parte, menos afectados se han visto por el descenso del poder adquisitivo de las familias incluso a pesar de los recientes gravámenes a los que se les ha sometido, pensemos por un momento en lo que supondría para la economía de un país la creación de un sector agrícola del cáñamo para consumo alimentario, los puestos de trabajo que generaría una industria de tratamiento y elaboración de productos derivados, su distribución y comercialización, por no hablar de los ingresos para el estado a través de los impuestos sobre estos productos que, seamos sinceros, llevan años comercializándose de forma masiva sin que el conjunto de la sociedad se beneficie del efecto que un intercambio económico de esta magnitud produce y creando, además, el pernicioso efecto secundario de la criminalidad derivada del narcotráfico sin supervisión sanitaria ni legal. Una situación regularizada de este mercado ya existente, bajo un estricto control público en estos dos aspectos como el que ya se aplica en otros países o, en el nuestro, a las drogas legales, supondría un paso de gigante en la asunción de nuestras verdaderas motivaciones de consumo como sociedad, pero podría poner en peligro la posición de control que ejercen actualmente sobre el mercado los intermediarios del resto de productos de consumo alimentario, que se verían incapaces de hacerse con el control de este nuevo sector, precisamente por no ser nuevo en absoluto en realidad y estar controlado desde hace tiempo por pequeños y medianos productores y distribuidores con una fuerte cohesión al margen de una legalidad que fomenta y beneficia a las grandes corporaciones alimentarias.
Claro que, para llegar a ese punto, primero habría que resolver ciertas contradicciones, como por ejemplo que a día de hoy la situación legal del cultivo de planta de cáñamo es similar a la del tabaco. Esta situación y la total imposibilidad en la práctica de una concesión para comercializar la producción local favorece que el control del mercado de tabaco este en manos de los actuales propietarios de los medios para importarlo o cultivarlo y tratarlo en el extranjero. Es decir, favorece un monopolio de la multinacional.
No nos engañemos. La negativa de los gobiernos a legalizar el consumo de los productos derivados del cáñamo no tiene motivos sanitarios o morales sino puramente políticos, aún siendo conscientes de sus beneficios económicos. Beneficios que, incluso en las actuales condiciones tan proclives (por fin) al cambio, se empeñan en negarnos como solución.


