19/9/12
| [+/-] |
que se jodan |
10/10/09
| [+/-] |
karma police |
Me pregunto cuánto sueño habré robado. A cuanta gente habré quitado la escasa paz que les quedaba. De cuanta inquietud soy responsable. Mi trabajo consiste en eso, en angustiar, preocupar, asustar a gente que debe dinero para que esa sensación les mueva a hacer lo imposible para pagarlo. Mi trabajo es el miedo. Era cuestión de tiempo que el karma me detuviera por este abuso y me hiciera pagar toda la desazón que he estado sembrando durante siete horas al día, cinco días a la semana, a lo largo del (exactamente) último año.
Se acabo la fiesta. Una vieja conocida ha vuelto a hacer aparición y esta vez se ha llevado (el médico cree que por poco tiempo) mi diastólica de libro de texto. Afortunadamente ya sé de que va todo esto y ya he movido ficha: Voy a echar de menos las cervezas rockeras y los vinos del domingo por la mañana, pero las mallas de correr me sientan divinamente.
8/9/09
| [+/-] |
asuntos pendientes |
Me envía una de mis primeras ex, vía Facebook, un mensaje sobre una llamada que ha recibido del banco en el que ella tenía una cuenta de la que yo era autorizado cuando todavía estábamos juntos, hará unos seis años. Alguien que debe trabajar de lo mismo que yo cuando empecé en esto del recobro le avisa de que tiene un descubierto en cuenta y que debe hacerse cargo de él lo antes posible. Me pregunta ella que de qué cojones puede ser eso. Le digo que no se preocupe, que yo vivo cerca de nuestra antigua sucursal (ella ahora vive en otra ciudad) y que voy a solucionarlo. El caso es que hace unos meses hubiese ido con toda mi buena voluntad a informarme y a pagar religiosamente el descubierto. Sin embargo sabiendo ahora cómo se las gastan estos hijos de puta hice recopilación de datos para saber por mí mismo qué había pasado antes de que me vendiesen la moto.
La cuenta fue cancelada poco después de romper, y las dos tarjetas destruidas en la misma sucursal por un empleado. Este año mi ex cumple veintimuchos, una edad que algunos bancos establecen como edad oficial para dejar de ser joven y empezar a cobrarle comisiones. La cantidad cuadra: Le han cobrado el mantenimiento de este año de las tarjetas. La cuenta asociada sigue abierta sin nuestro permiso ni conocimiento. Me persono en la sucursal con esta información, muy buen rollo y muy tranquilo a informar de mi descubrimiento y a solicitar que se reintegre esa cantidad. Les digo que, como se da el caso de que trabajo para otra entidad, ya sé que es práctica habitual no cerrar todas cuentas cuyos titulares lo soliciten para no perjudicar las cifras de la oficina y retener (contra su voluntad) a un cliente, y que nos quiero evitar el engorro de tener que denunciarlo, ya saben. No, no, en nuestro caso nunca hacemos esas cosas, me dicen, seguro que ha sido un error, uno que dura seis años, añado, envían un fax, me hacen firmar una solicitud no fechada de deshabilitación de tarjeta y me dicen que cuando mi ex haga lo mismo en una oficina de su ciudad se le reembolsará la cantidad del descubierto.
Si vais a cerrar una cuenta en cualquier banco o caja PEDID SIEMPRE UN CERTIFICADO FECHADO Y FIRMADO POR LA SUCURSAL. Parte de los casos con los que nos encontrábamos cuando trabajaba para el banco eran de cuentas que habían quedado abiertas tras haber solicitado el titular cerrarlas, o que incluso se habían abierto sin su consentimiento explícito, amparándose en las condiciones de contratación de un producto financiero, y que al quedarse a cero empezaban a acumular saldo negativo al cargársele comisiones e intereses de esos descubiertos sin que el titular se enterase hasta que la cantidad era lo suficientemente rentable como para encargarnos su recobro. Es más, a mí un director de sucursal me ha llegado a decir por teléfono que no cerraba una cuenta a cero cuyo titular lo había solicitado porque no le salía de los cojones.
Tal cual.
10/7/09
| [+/-] |
mala puta |
Algo que me gusta de Facebook es que el feedback es más inmediato que en el blog. También te permite responder cuestionarios como “qué tipo de puta eres”, en el que resulté ser una puta mala.
Llevo cerca de nueve meses como gestor telefónico de morosos, y los grados de implicación con mi trabajo son bastante variables en función del aspecto abordado. En lo profesional empecé pensando que aquí podría llegar a hacer carrera, al ser una empresa nueva de un sector en alza buscando empleados jóvenes con don de gentes y facilidad para aprender. Pronto ví que, como en todas partes, solo ascienden los afiliados al sindicato de la empresa o los dispuestos a vender barata su salud y su humor. Se me quitaron las ganas de ascender después de tres semanas de jefecillo de mierda cobrando 30€ más que antes y una acidez estomacal que todavía arrastro. En lo moral pasé de pensar que estábamos prestando un servicio al moroso, informando y evitándole males mayores, a comprobar que esto es un nido de carroñeros.
¿Y en lo psicológico? Soy una puta. De las malas. ¿A qué me refiero exactamente? Buena parte de los oficios determinan tu condición y tu vida (soy médico, soy abogado, soy profesor, soy periodista). Ser puta también, pero (me imagino) que para poder convivir contigo misma debes ser capaz de ignorarlo una vez terminado el trabajo. Yo no soy gestor de impagados, estoy de gestor de impagados. Cuando acaba la jornada laboral es como si el que trabaja fuera otro: No recuerdo nada de lo que he hecho esa mañana ni me preocupa lo que tengo que hacer al día siguiente. Y puedo soportar que me llamen de todo o amenazar a un hombre desesperado con llevarle a juicio sin inmutarme y sin que me afecte. He logrado desvincularme de un trabajo sucio y vergonzoso hasta hacerlo mecánicamente y después de una ducha de conciencia ser otra persona, lista para salir a tomar unas cañas a una terraza, sin ser ni médico, ni abogado, ni profesor, ni gestor, ni puta. Simplemente una persona satisfecha.
Bueno, quizá intentando ser periodista.
6/4/09
| [+/-] |
educación emocional |
Como gestor de morosos parte de mi trabajo consiste en mediar en conflictos entre pequeñas empresas por importes que no se sabe muy bien quién le debe a quién. En ocasiones la factura no es sólo un papel en el que se refleja una cantidad de dinero, sino que funciona como un fetiche vudú, un símbolo sobre el que se vierte una cantidad malsana de inquina y rencor mutuo que poco tienen que ver con lo económico. La deuda se convierte en una excusa para joder al otro, para ejercer el poder de humillar al rival al que un día se prestó un servicio. Algo así como la puñalada carcelaria por deber un favor.
Algunos de nuestros clientes declaran como siniestro cantidades desorbitadas que luego se demuestran mucho menores al descontarse las que, a su vez, ellos deben a sus deudores, que no tienen contratados nuestros servicios y por tanto son los malos. Otros se interesan enfermizamente por el procedimiento de presión que ejercemos sobre sus morosos y nos llaman a diario animándonos a que enviemos a nuestros agentes presenciales (una maquillada versión del cobrador del frac de toda la vida) o directamente a juicio, con una fruición sádica y enconada. Y hablando con ellos percibes que su vida laboral (y por ende su vida) es una continua supuración de estos sentimientos. Una gran parte de la gente de mediana edad en este país vive permanentemente en este estado de mala baba y vigilia del odio que a quien más perjudica en el fondo es a quien las practica. ¿Qué les llevó a convertirse en estos mezquinos servidores del lado oscuro? ¿Qué falló en su educación para que eligieran minarse la salud en un ejercicio de (auto)destrucción del que nunca se saciaran, como unos yonquis del odio?
La más urgente necesidad en este país, por el bien de sus ciudadanos, es una correcta educación emocional. No sirve de nada enseñar contabilidad y dejar de lado el cómo gestionar tus emociones y tus impulsos. Todos estos problemas se derivan de no haber enseñado a tiempo a esta gente que lo importante de la película es otra cosa. Si este rollo New Age no les resultase demasiado convincente vayamos a los consejos morales de la generación que les precede. Por increíble que resulte que yo ponga este ejemplo: ¿Os acordáis de lo que el Padrenuestro decía en el “Y perdona nuestras ofensas así como nosotros perdonamos a los que nos ofenden” antes de que lo reformaran?
En efecto, “perdona nuestras deudas” y “perdonamos a nuestros deudores”.
27/3/09
| [+/-] |
el consuelo de la justicia |
Mi trabajo es de una dudosa moralidad, no sólo porque no creemos riqueza y ayudemos a centralizarla en vez de distribuirla, sino porque la naturaleza misma de la actividad es bastante sucia. Los gestores de impagados somos (como decía Iza) macarras, rompepiernas legales, asustaviejas de oficina. Poner contra las cuerdas a los valientes que se han atrevido a montar un negocio con la que está cayendo no me hace sentir orgulloso. Sin embargo el ser humano busca siempre subterfugios para deshacerse de la culpa y la moral cuando no se adapta a sus circunstancias y siempre encontramos una poderosa justificación a los actos que nos avergüenzan.
A mi me encanta crujir a los señoritos andaluces engominados que se creían intocables. A las arpías histéricas que pensaron que se harían ricas abriendo la tienda más exclusiva del pueblo y miraban por encima del hombro a sus vecinas. A los medianos empresarios de actitud chulesca que debían dinero a sus empleados pero a los que nunca les faltó pasta para farlopa. A las niñas pijas que abrieron un estudio de diseño con el dinero de sus padres (los del ejemplo anterior) y se ríen pensando que tu llamada es una broma porque no son capaces de concebir el concepto “deber dinero”. A todos los que, con el boom económico de hace unos años, se hicieron ricos con la misma rapidez con la que se lo han gastado en coches deportivos y apartamentos de lujo, ahora embargados. Se creyeron (¡pobres!) la mentira neocon no ya del éxito fácil, perfectamente digno y posible, sino del éxito sin talento ni aportación. Nunca se imaginaron llorándole a un vulgar teleoperador con la cuenta corriente a cero que, de repente y gracias al deterioro de las categorías profesionales, tiene en su mano el delicioso poder de soltarles a los perros de la justicia rápida.
Pero, ante todo, me encanta llamar a los promotores inmobiliarios arruinados.
22/3/09
| [+/-] |
carroñeros |
Quisiera recordaros que, en estos tiempos que corren, servidor trabaja de gestor de impagados. Mi trabajo consiste en llamar a pequeños empresarios y autónomos (A) que deben dinero a otros empresarios (B) y recordarles que, si no nos pagan a nosotros (la aseguradora que cubre los impagos de B) nuestro departamento jurídico les va a crujir. Oigo de todo al cabo del día. Señorones a los que hace un año nadie se habría atrevido ni a soplar ahora se ven obligados a implorarme por teléfono que retenga su expediente en tramo prejudicial una semana más, bajo amenaza de pegarse un tiro porque es lo único que les queda, a la espera de que milagrosamente alguno de los pagarés que han aceptado de terceros no vengan devueltos. Mujeres de mediana edad, que abrieron un comercio gastándose los ahorros de toda una vida para encontarse con una tonelada de género pendiente de pago, que tienen que desalojar un local cuyo alquiler no pueden pagar el mes que viene. Por no hablar de los chapuceros intentos de algunas empresas (B) de colar facturas duplicadas o falsas para cobrar del seguro.
Cuando estaba en el otro departamento, el del banco, era aún peor. Allí oía llorar a madres solteras, en paro desde hacia un par de meses, mientras les avisaba de que íbamos a ejecutar su hipoteca y llevarla a juicio monotorio (de un día de duración) para embargarles la casa. También soportaba las soflamas de temporeros marroquíes gritándome que lo que en verdad ocurría es que yo, como español, era un racista por querer quitarles la tele de plasma comprada a plazos que ya no podían pagar.
Este es un trabajo que no genera ninguna riqueza, solo la reconduce de vuelta al lugar de donde salió brevemente, a dar una vuelta: El éter del interbancario. Somos carroñeros picoteando en los despojos del cadáver del estado del bienestar en busca del poco alimento que queda en él. Sin embargo como periodista estoy aprendiendo de primera mano muchas cosas sobre como funciona de verdad la crisis y el sector económico, y me está ofreciendo un material estupendo (que ya estoy recopilando) para el blog. En breve más información.
16/3/09
| [+/-] |
medio ambiente laboral |
Tengo la suerte de trabajar en el único sector económico en alza actualmente: El recobro. Bueno, tampoco les va nada mal a las harineras (una amiga de La Niña Fatal que trabaja en una panificadora nos dice que es increible la de pan que consume la gente en tiempos de crisis), las plantas de Don Simón, Steinburg y otros vinos y cervezas baratos, las condoneras (follar es gratis, que anunciaban los chicos de El Jueves) y cualquier otra empresa que intervenga en el ocio barato que tenga lugar sin salir de casa.
A mi empresa además el alquiler de las instalaciones le sale gratis: Se lo paga el gobierno autonómico, al igual que los equipos informáticos. Por no hablar de las subvenciones al contratar a una plantilla mayoritariamente femenina, de mediana edad y en paro. Sin embargo que a la patronal le vaya bien no significa que a los empleados nos ocurra lo mismo. A imagen y semejanza de las legiones romanas o los campos de concentración, esta empresa, que empezó haciendo contratos indefinidos y reconociendo de primeras la categoría de 'gestor' (en lugar de contratar 'teleoperadores' rasos) ahora están empezando a despedir a uno de cada diez empleados para incentivar el rendimiento de los nueve supervivientes. El problema es que recobrando el factor suerte es decisivo y una mala semana puede ponerte en una situación muy delicada, así que voy a calzarme mi mejor sonrisa y a pedirle una carta de recomendación a mi jefe, por lo que pueda pasar el mes que viene. Y esto se debe a que otra empresa del sector en la zona acaba de cerrar, dejando a cerca de doscientas personas con más experiencia ávidas de hacerse con nuestros asientos calientes por (aún) menos dinero que nosotros. 'Ellos son el verdadero enemigo', parecen recordarnos nuestros superiores inmediatos.
Por otro lado un minoritario y especialmente incendiario sindicato ha iniciado su actividad aquí, con lo que el ambiente está de lo más animado. De hecho no sé como he tardado tanto en volver a escribir sobre estas cosas. En breve más divertidos episodios en el fantástico mundo de las grandes empresas emergentes.
22/10/08
| [+/-] |
política corporativa |
Mientras leeis esto, en mi empresa estaremos recibiendo a los peces gordos de la Junta, al alcalde y, como dicen los Siniestro, a "la nobleza de los alrededores", que vienen a comprobar en qué se han gastado el dinero de las subvenciones. Los buenos tiempos se acabaron: Me han ascendido, a pesar de mi negativa a aceptar el puesto. Una promoción tan rápida de un tío de letras (rodeado de compañeros mucho más capaces y ambiciosos) en una empresa del sector financiero huele a política corporativa. No tiene una base sólida. Ayer mi segundo día, cuando yo aún andaba preguntando qué cojones tenía que hacer, el jefazo me llama a su despacho y me dice que si ese día se repiten las cifras del anterior vamos a tener bronca. Así que, evidentemente, si leeis esto sobre las 10 a.m., que sepais que, entre apretones de manos a las autoridades, me está cayendo un chaparrón absolutamente ensayado, porque cualquiera con dos dedos de frente puede suponer que mi influencia en los resultados de recobro de ayer y hoy es entre cero y nada. Así que me lo estoy tomando como lo que es: Un protocolo teatralizado con el que presionar al elemento articulatorio de todo este fregado, el mando intermedio, servidor de ustedes, para que éste transmita la presión ejercida al resto de piezas de la maquinaria.
Todo esto es tan de mentira, está tan pensado para que te vayas a la cama pensando en la empresa, que no me lo creo en absoluto. No digo que no pueda llegar a valer para coordinar a un equipo de trabajo... siempre que haya un trabajo que hacer, algo que construir, crear o solucionar. La parte positiva es que he hecho buenas migas con el informático.
Fue bonito mientras duró. Quería un trabajo de verdad y ya lo tengo. Pero eso sí, se me está pasando por la cabeza que si esta va a ser la tónica general es muy probable que el punk que llevo dentro se libere en la reunión del viernes y plantee estas cuestiones abiertamente, sin subterfugios, diciendo las cosas como son de verdad. El emperador está desnudo, amigos. Y, como dice la gente que bien me quiere cada vez que escribo cosas personales o comprometidas en este blog, yo cada vez soy más niño.
3/10/08
| [+/-] |
¿crisis? ¿qué crisis? |
Como declaraba Bunbury en una reciente entrevista (y en la letra de una de sus nuevas canciones), al final para un hombre de mundo resulta exótico volver a casa. En mi caso, después de tantos años de trabajar de noche, el modo de vida en el que madrugas (6:30 a. m.) y tienes cuatro o cinco actividades al día (jornada laboral hasta las tres, clase en la facultad, grabación de un programa de televisión en el que estoy de becario, ensayo con la banda... y este blog) que para otros resulta rutinario o estresante, para mí está siendo una fuente de satisfacciones. Hacía tiempo que no me acostaba tan agotado, y por consiguiente tan feliz. Y todo esto es posible gracias a mi nuevo trabajo. Como siempre al revés que todo el mundo: Mientras la mayoría ya empezáis a notar la crisis, yo consigo por fin lo que se considera tradicionalmente un trabajo serio, bien pagado, de oficina, con fines de semana, festivos y mes de vacaciones, muchas posibilidades de promoción (están empezando y somos la primera hornada de empleados), contrato indefinido, comisiones, en una multinacional... No es un trabajo bonito ni del que me sienta orgulloso, y no tiene que ver con nada de lo que he hecho anteriormente o quiera hacer en un futuro, pero gracias a la situación actual es un sector en alza.
¿Os lo podéis creer? Ahora soy uno de los malos. Me he convertido en gestor de morosos para una importante entidad financiera multinacional.

