22/12/09
18/12/09
gracias por las gracias
De las tres cosas que, dicen, hay que hacer en la vida antes de morirse (escribir un libro, tener un hijo y plantar un árbol) la que menos se estila es la primera. Y aunque que tu nombre aparezca en los agradecimientos no es exactamente lo mismo que escribirlo, a efectos emocionales se parece mucho.
Por otra parte hace tiempo que no os doy la zurra con los Arizona, principalmente porque a estas alturas ya habréis tenido ocasión de verles en La 2, Antena 3, la portada de El País.com y cientos de publicaciones web y en papel, aparte de poder escucharles casi a diario en Radio 3. La última ha sido la foto de Javi Vielba con Vinila von Bismark en la Rolling Stone de este mes con motivo de su fiesta 10º Aniversario, codeándose ya con lo más granado del mainstream musical nacional. Y es que ya ni nos sorprende, así que poco más voy a poder aportar aquí... Salvo que leer mi nombre en los agradecimientos del disco fue un momentazo increíble.Mucha suerte chicos. Me hacéis sentir orgulloso de conoceros.
15/12/09
dominguero
¿Recordáis cuando el domingo era el día más triste de la semana, sólo superado por el propio lunes? Ese lento goteo de horas, esas tardes lánguidas y desocupadas sólo se daban cuando:
a) El leit motiv de la vida era salir el sábado. Cualquier otra actividad era puro tedio o doloroso calvario. Y el motivo de salir era hacer vida social. Y el motivo de hacer vida social era pillar cacho. Y para socializarte tenías que deshacerte de tus inhibiciones bebiendo.
b) El tiempo transcurría tan lentamente que la perspectiva de toda una semana hasta el próximo sábado se presentaba como una eternidad. La relatividad nos demuestra que una semana no es la misma cantidad de tiempo a edades diferentes: Si tienes quince años de recuerdos supone un porcentaje de tu tiempo de vida mucho más elevado que si tienes treinta, en cuyo caso pasa como una exhalación. El “si parece que fue ayer” es una frase que nunca se pronuncia antes de los veinticinco.
Llega un momento en que te das cuenta de que borracho ni se liga ni se socializa uno y sólo sales a beber en plan Rat Pack con gente curada de espantos que ya sabe de qué pie cojeas. Y cuando no tienes que dar cuentas a nadie de tu estado de embriaguez puedes salir un martes pero quedarte en casa el sábado. Es entonces cuando la ecuación se desmorona y abres los ojos: Descubres que no mola estar bolinga en un tugurio que huele a vómito tirándole los trastos infructuosamente (y lo sabes) a la tipa que menos te disgusta de la barra. Es mucho mejor estar achispadillo con un vino bueno, recién duchado y bien vestido, mientras te calzas una cecina con tomate al solete del mediodía. Y el día de la semana que más propicia esta actividad es el domingo. Como dirían los Diploide, "yo soy de pincho y caña". En el caso vallisoletano se da además la tesitura de que el Open Mic Pucela tiene lugar ese día por la tarde, con lo que es fácil empalmar los pinchos soleados con las cañas musicales, previa siesta reglamentaria que no tiene porqué dedicarse precisamente a dormir (para los solteros decir que la calidad y volumen del ligoteo es mucho mayor de tapas que en el tugurio anteriormente citado). Así es como el tradicional momento de la resaca y la vergüenza se convierte en un suave y largo fluir de placeres epicúreos. Y lo bueno de hacerte viejuno es que, cuando te quieres dar cuenta, ya es domingo otra vez y vuelta a empezar.
Desde ahora me declaro abiertamente dominguero. Y creo que vosotros también deberíais hacerlo.
10/12/09
ostras o mortadela (IX). tacones
Soy un jodido fetichista de los zapatos. Sin paliativos. Mi ex gabacha me encandiló, entre otras cosas, porque cuando nos conocimos la tía perra llevaba unos botines de corte decimonónico anudados hasta el tobillo que bien podría haber llevado una bailarina de can-can. En este contexto pudiera parecer que las tipas con tacones de aguja me pongan un montón. Nada más lejos de la realidad. La mayor parte de la gente (hombres que cantan en Astrud o mujeres) que calzan taconazo no tienen ni puta idea de andar con ellos (ni nos planteemos el bailar), lo que revierte en hacerles perder un buen montón de puntos en cuestión de follabilidad. Y es algo bastante lógico que poca gente sepa moverse con ellos: Los tacones son uno de los artificios más absurdos, antinaturales y sadomasoquistas que haya concebido nuestra cultura porque, como bien apunta La Niña Fatal, su función no está ligada a la elegancia o la pompa sino, pura y duramente, al follar. Yo personalmente colocaría cierto tipo de calzado en la sección de lencería.
El caso es que no sé si os habéis fijado (yo sí) en la cantidad de tacón que se gastan las adolescentes hoy en día cuando salen. Yo, que me crié en plena explosión femenina de los vaqueros rotos, las camisas de cuadros de franela y el pelo sucio, observo asombrado esta recuperación para la chavalería de los valores del lujo. Si bien es verdad que con cierta edad tus apetitos están ya educados y son más retorcidos, también entiendo que a los compañeros de clase de estas niñatas les pueda estallar una vena en el cerebro (entre otras) con semejante espectáculo, pero yo no puedo evitar ver a un montón de púberes grotescamente maquilladas andando como si pisaran huevos y pasando frío. Lo que sí que logran es crear una falsa idea de adonde van. Uno las ve así uniformadas y se las imagina en la grabación de un video de raperos chungos, en una fiesta privada con piscina, champán y coca, en una limusina… Pero resulta que te las encuentras el sábado por la tarde en el Carrefour comprando una botella de Bacardi y dos litros de Cocacola. Porque van a un botellón. Piensas en esos zapatos entre los cristales rotos y las mierdas de perro de un parque y a tu sentido del decoro (pordios, ponte un vaquero y unas Converse) se le saltan las lágrimas. Sin embargo la imagen en su globalidad me resulta tan neo punk que no puedo por menos que aplaudirla e incluirla en esta sección. Esta generación lo ha entendido perfectamente: Los reclamos sexuales no son más que la sombra de una vida apostada en un lujo inalcanzable e idealizado. El contexto no sólo no importa, sino que cuanto más alejado esté de esta idealización, más hará brillar al reclamo en sí. El riesgo de este planteamiento es que a todas estas crías sus padres les consientan el ir como van y esto se acabe convirtiendo en un todo a cien de los chinos abarrotado de figuritas de porcelana, a cual más brillante y barroca, pugnando por destacar más que sus compañeras de estante de ferretería bajo la luz de un sucio fluorescente.
Absolutamente aterrador.
04/12/09
interpretación de un final y un principio
He sido muy feliz en esta casa que dejo ahora. He disfrutado enormemente de la compañía de mis compañeros de piso, Jose y Anaí, a los que quiero profundamente. He tenido reveladoras epifanías, he tocado grandes temas a la guitarra con mi adláter mientras dábamos cuenta de una botella de Karmeliet, he cantado mucho en esta ducha. Me he sentido reconfortado y a salvo entre estas cuatro paredes y esta luz cálida y tenue. De todos los pisos de alquiler que he compartido este es uno de los pocos que ha sido verdaderamente mi hogar.
Pero releyendo esta entrada sobre la primera noche que pasé aquí he comprendido qué significaba aquella señal que recibí (tendréis que releerla vosotros también para saber a qué me refiero): Cuando la magia se acaba es hora de dejar de ser un mago y convertirse en un hombre. Abandonar la intuición para abrazar la fe. Y no creo que sea justo que parezca que, como les pasa a muchos otros, me voy a vivir con La Niña Fatal porque ya no me siento tan indestructible como para afrontar esta tempestad yo solo. Que me acomodo y asiento la cabeza, sacrificando mi total y absoluta libertad (a veces incluso libertinaje), porque ya no puedo seguir con esta intensidad que, en realidad, era ya otro tipo de atadura. No, no es justo ni para ella ni para mí.
Que la vida con La Niña Fatal es más tranquila y adulta es un hecho. Que vayamos a pagar un alquiler en vez de dos con la que está cayendo también ayuda. Sin embargo estas cuestiones nunca me han detenido antes. Si me voy a vivir con La Niña Fatal es porque confío plenamente en ella. Porque me encantan todas sus modalidades de risa, desde la nerviosa sin sonrisa cuando me esta contando algo a la extenuante carcajada cuando tiene el día tonto. Porque me encanta cocinar para ella. Porque necesito darle los buenos días todos los días. Por su inagotable paciencia conmigo. Porque no me imagino cometer una torpeza sin que me haga rabiar luego. Porque no le da cancha a mi hipocondria. Porque me encanta que me sujete en sueños para que no me caiga de la cama, aunque no me esté cayendo. Porque después de un año todavía no sé si cuando me llama "gordito" está siendo irónica o no, lo cual es tremendamente irónico en sí mismo. Porque se ríe todas y cada una de las veces que le cuento lo del niño con voz de adulto (y son varias al día). Porque es increíble haciendo regalos. Porque me encanta su humor políticamente incorrecto y directo a la llaga más sangrante debajo de ese aspecto dulce de no haber roto un plato. Porque no creo que haya nadie que respete tanto mi individualidad y mi independencia como ella, y que me necesite sin tener que demostrármelo cada segundo, que me deje respirar y al mismo tiempo me dé de respirar. Porque, a pesar de su apodo, no es un niña, sino una mujer. Ahogo mis libros, rompo mi báculo y dejo mi reino por propia voluntad porque esta es la única aventura que realmente me quedaba por vivir.
Y porque la quiero.
22/11/09
una velada memorable

La verdad es que nos estamos mal acostumbrando a entrar a todos los saraos musicales por la zona VIP. ¡Ya ni me acuerdo de cómo era eso de ir a un festival de público! El caso es que si no es como prensa es por ser de organización, crew de Arizona Baby o miembro de The Royal Suite, pero siempre vamos a plato puesto, y doy gracias por ello a quién corresponda. En esta tesitura La Niña Fatal, Noelia y yo nos plantamos en la final del CYL Music Festival, una iniciativa de la Junta para potenciar nuevos valores musicales de la región que, en esta última fase del concurso, tenía lugar en El Hangar, una antigua nave de RENFE recuperada desde hace apenas unos meses como espacio público para la producción musical, con locales de ensayo, estudio de grabación y una fantástica sala de conciertos que a pesar de su corta trayectoria ya tiene una impresionante programación. Una forma magnífica de dedicar el presupuesto para música del Ayuntamiento de Burgos. Desde luego bastante mejor que organizar un evento puntual pagando cantidades desproporcionadas, considerando el caché habitual de los artistas participantes, a una promotora privada que va a comisión. Pero esto es lo que ocurre cuando tu ayuntamiento se lleva mal con su gobierno autonómico, pese a ser ambos del mismo PPartido: Que la buenas ideas se van a otros sitios.
Encontrarnos en el camerino de Arizona Baby (que cerraban la velada como grupo invitado) a David Llosa como finalista del certamen y recordar al calor de un bourbon nuestras salidas nocturnas (I y II) por Malasaña fue una agradable sorpresa. Verle arrancar su actuación con el tema compuesto a medias con Jose Carreño desde la planta superior de la sala con su banda de Tirso al completo mientras nos poníamos unas cañas fue todo un placer. Que finalmente fueran ellos los ganadores fue una locura casi esperada: No en vano forman parte de la mejor escena salida de Valladolid que hemos tenido en este país (con el permiso de Jorge Bumper y su generación emigrada a Madrid en los ochenta). Oirle dedicar el premio a Bea y decir que se lo iban a gastar todo en "pura borrachera" ya fue de traca, a pesar de que el premio no era dinero en metálico, sino la grabación y promoción de un disco. Pero el remate fue encontrarme entre el público a fans de The Royal Suite vistiendo las camisetas que lanzamos al público en el Sonorama de este año. Nunca me había sentido tan orgulloso de formar parte de una banda. Y de postre un potentísimo concierto de Arizona Baby de más de una hora, que es a lo que veníamos. Qué os voy a contar sobre ellos que no sepais ya.
¿Se puede pedir más?
16/11/09
cultura taurina
Las palabras ‘muerte’ y ‘morbo’ tienen el mismo origen. La agonía es atractiva, no podemos evitar prestar una atención fascinada al horror y al sufrimiento. Mecanismo psicológico o consecuencia cultural, la sangre nos pone desde siempre. Antes de que apareciera la moral judeocristiana (paradójicamente los judíos se han matado entre sí desde el comienzo de su historia, y de los cristianos mejor no hablamos), el Imperio Romano era muy consciente de esta realidad y no se andaba con chiquitas: Juntaban a unos cachorras untados en aceite a mutilarse entre ellos o, mejor aún, echaban de comer a los leones a un puñado de monoteístas famélicos y desarmados. Y eso era el equivalente de la tele en horario infantil.
Afortunadamente hemos cambiado un poco y ahora disponemos de la tecnología suficiente para dar salida al monstruo interior sin hacer daño a nadie: Cine, videojuegos, hentai, black metal… Nos ayudan a superar nuestras contradicciones morales y permiten socializarnos correctamente pese a nuestra más íntima naturaleza depredadora. Así que, a estas alturas de la película, ¿Qué pinta un espectáculo como las corridas de toros?
Nuestra España católica, apostólica y romana ya no está moralmente dotada para ajusticiar públicamente a seres humanos, como en los tiempos de la Inquisición, desde 1894 (al contrario que en algunos países islámicos). Hasta hace bien poco el Estado aún ejecutaba, sí, pero ya en privado, a escondidas, sin herir la sensibilidad del respetable. Sin embargo ese público escandalizado con la muerte tiene bajas pasiones que satisfacer… Y matar bichos no es pecado. Un bicho bien gordo, que dé miedo, que berree con fuerza cuando le duela, un fetiche vudú sobre el que cargar nuestro odio e inseguridades como especie y como civilización para demostrarnos que podemos destruir aquello a lo que tememos y a lo que rendimos culto (porque no hay mayor devoción que la que siente el torero por el concepto abstracto del toro). Es el tipo de mito pagano que debería haber desaparecido con el cristianismo y que, paradójicamente, se mantiene precisamente en países de gran tradición católica.
Soy consciente de que no podemos negar lo que somos. Pero de la misma manera que, tras siglos de evolución cultural, follamos (o lo que quiera que hagamos con nuestros impulsos sexuales) en privado y con el consentimiento del otro, la explotación de la violencia también debería contar con ese contrato de intimidad y reciprocidad. Seguir aferrándonos a ritos violentos comunales nos acerca a otras formas de violencia colectiva como los linchamientos, los pogroms y, en última instancia, la guerra. Qué si es así, que se asuma, pero entonces que las autoridades que permiten la lidia no persigan a las putas en el Raval. Y si es eso lo que queremos hay otras formas de descargar violencia colectiva de forma justa, consensuada y sin una muerte agónica de por medio.
Lo que pasa en la plaza es una obscenidad ofensiva de mal gusto, y últimamente una farsa (toros sedados, pitones rebajados…). Pero esto os lo dice uno que disfruta en los encierros, porque recordemos que el toro en sí no es más que una res, un animal que nos comemos legítimamente y que a tal fin debería ser sacrificado limpiamente en un matadero… O no haber sido concebido. Los argumentos de los colectivos antitaurinos suelen pecar de inocentes, aludiendo a los derechos del animal, cuando lo verdaderamente indecente de este negocio es la cantidad de dinero se lleva de los ayuntamientos todos los años, un dinero que sale del bolsillo de los ciudadanos para financiar buena parte de una función gore cada vez más minoritaria e insostenible, abocada afortunadamente a la desaparición, junto con los abrigos de piel, cuando hayamos enterrado a la generación que la sustenta económicamente. Eso sí, dejándonos para la posteridad un legado cultural innegable (por mucho que algunos se empeñen en obviarlo). ¿Cúal?
Embroque. Quiebro. Quite. Traílla. Albero. Trapía. Virola. Por no hablar del pasodoble (y olé).
12/11/09
benzodiazepina surfer
Lleva lloviendo unos cuantos días. No he podido salir a correr, y ya se me está pasando el chute de endorfinas que espoleaba mi voluntad para castigarme. De todas formas no sé si tengo ánimos. No ha sido un día particularmente duro en el trabajo (ninguno por separado lo es), pero no me quedan fuerzas para hacer nada productivo. Aún así llego a casa y me siento a escribir algo sobre los Arizona y a mandar un par de mails. Está bastante claro que no voy a ir a clase, pero me niego a que esta sea una tarde miserable echada a perder. Llamo a mi padre para que me eche una mano a deshacerme de una caja con cosas y luego voy a hacer algunas compras. Hace un frío horrible en mi habitación, no dejo de temblar. Llamo para pedir cita al médico y que me den los resultados de los análisis. Estoy tenso y aterido, pero tampoco hace tanto frío. Bajo al portal a esperar a mi padre. ¿Una titritona hace que te suba la tensión? La contracción muscular se concentra en el estómago. Tengo ganas de vomitar. No creo que vaya a tener una crisis, estoy tomando la medicación puntualmente. Pero ya empieza. ¿Llevo encima alguna pastilla? Sólo por si acaso. Miro en el bolso: Sólo me queda media. Mierda. Noto el corazón acelerado golpeándome el pecho, pero no me molesta. Un pinchazo en el costado, eso sí. Mi padre no tardará mucho, no quiero que me vea así. Me siento en el suelo y me meto la media pastilla debajo de la lengua. No tengo saliva, se queda ahí, sin deshacerse. Seguro que ya estoy blanco.
El coche se para junto al portal. Balbuceante le digo a mi padre que no se preocupe, pero que estoy teniendo una crisis. Quiero ser capaz de llevar la caja hasta el maletero, pero él no me deja. Mejor no me lleves donde te he dicho, vamos a dejar esto. Sigo helado hasta los huesos. No, mejor llévame a casa de La Niña Fatal. Apenas puedo hablar. Se lo hago saber e insisto en que no se preocupe, que cuando estoy así no estoy muy comunicativo. Pienso que lo pasa es que si hablo me ahogo. No soporto ver el tráfico a través de las lunas mojadas, me pone enfermo. Cierra los ojos. Piensa en un lugar tranquilo. Una playa. Hace calor, el sol pica sobre la piel. ¿Porqué me viene a la cabeza una canción de Siniestro Total? Mejor ponle una banda sonora más relajada. Me acuerdo de una que hace un rato he comentado en Facebook
Mi padre intenta darme conversación mientras conduce. ¿Tienes mucho estrés en el trabajo? No, no es eso, tu tranquilo. Yo estoy tranquilo, procura relajarte, ¿Sabes qué te provoca esto? Es que no puedo hablar, perdona. Pienso en las esquiadoras acuáticas de la canción. ¿Dónde estamos? No quiero ni saberlo, ya queda poco para llegar a casa. Pero… ¿Qué casa? ¿Cuál de ellas? ¿Dónde está mi casa realmente? Esto no remite, quizá debería decirle que me lleve a urgencias. No, otra vez no, me niego. Ahora mismo me conformaría con tirarme en el fondo de una cueva oscura. Quiero salir del coche. No quiero morirme dentro del coche con mi padre conduciendo a mi lado, no quiero hacerle pasar ese mal trago. No me importa morirme en plena calle ante unos desconocidos si es a cielo descubierto, pero no delante de los que me quieren. Prefiero que reciban una llamada sobre un hecho consumado a que tengan que presenciarlo, impotentes y desesperados. ¿Cuánto tiempo llevo aquí dentro? She’s my fade… Esto ya dura demasiado, quizá deba soltarlo y acabar de una vez. No, así no, aquí no. Abro los ojos unos segundos, un gilipollas se nos ha cruzado en medio del carril. Pienso que es un gilipollas, así que voy mejorando. Los viejos cruzan los pasos de cebra corriendo, empapados, con sus semáforos en rojo. Estúpidos. Llegamos al portal, estoy tiritando, no sé si podré levantarme. ¿Estás mejor? Si, tranquilo, ahora sólo puedo pensar en meterme en la cama. Tengo abonos para la Seminci, llámame cuando estés mejor y te cuento. Sonrío sin saber muy bien de que me está hablando y le doy las gracias por traerme. Saco las llaves, me tiemblan las manos como a un alcohólico. Pero subo las escaleras sin esfuerzo. Abro la puerta. Corro a la cocina a por otra pastilla. La Niña Fatal está al teléfono ¿Qué tal? Acabo de tener una crisis. ¿Estás bien? Si, no te preocupes, voy a cambiarme.
Ahora siento que podría calzarme las zapatillas y correr toda la noche bajo la lluvia, pero sé que es mentira. Sentado en la cama de La Niña Fatal, en pijama, me siento viejo, mojado y completamente estúpido.
09/11/09
Twoday Circus (I)
06/11/09
surf music spanish style
Lo de Los Coronas en directo ayer en la sala Mambo de Valladolid no fue un concierto. Fue una masterclass de quitarse el sombrero.


