29/8/17

cacharros


No soy ni mucho menos un yonki del equipo ni de los instrumentos. Siempre he sido de la opinión de que lo importante es el indio, no la flecha, y que si un palo con cuerdas suena, con eso vale. Pero a veces con los años acabas cogiéndole cariño a algunos cacharros. Ahora que me ha dado esa (rarísima en mí y motivada por la logística) fiebre de cambiar de equipo, repaso mi backline y tengo que citar esto.

Hará unos veinte años yo era guitarrista. Tocaba en un grupo de metal medio gótico que no llegó a estrenarse en directo. El otro guitarra, Ángel Cañadas, se acababa de comprar un Peavey Bandit 112, un ampli de transistores con una válvula en el previo que le daba lo que unos adolescentes sin pasta para amplis de válvulas de verdad entendíamos como un sonido cálido. Y sonaba muy bien, la verdad. Me gustó tanto que no pensé en comprarme otro, y un día llegué al local y había DOS de esos amplis. El lunático de nuestro bajista había comprado otro para mí. Recuerdo vagamente haberle reembolsado parte de su precio original años después, pero así era El Colilla, un punk auténtico al que el dinero se la sudaba.

Giré siete años en orquestas con ese ampli, así que tendrá mil actuaciones. Literalmente mil. Sufrió varias caídas. Luego llegamos a usarlo en el Open Mic Pucela como pantalla para voces y le enchufamos cualquier instrumento imaginable. Ángel Stanich lo usó en sus primeros conciertos en solitario en Valladolid. Lo hemos machacado lo indecible y nunca ha necesitado una revisión, un arreglo o un cambio de componentes. Sigue sonando como el primer día.

Lo he intentado vender varias veces, sin éxito. ¿Quién querría comprarme semejante armatoste? Ahora lo usamos como ampli del teclado de Jave Ryjlen en la gira de Ángel Stanich, y lo tratamos con cierto desdén, siempre pendientes de cambiarlo por algo más nuevo o más vintage, aunque es probablemente el aparato más antiguo que llevamos. Y hemos llegado a la conclusión de que es indestructible, por mucho que queramos. Cuando el mundo arda en una pira nuclear y los exquisitos y delicados Deluxe y Twin Reverb del mundo hayan sido devorados por las cucarachas radioactivas, el homínido mutante que se encuentre este mamotreto podrá enchufar en él su guitarra y rocanrrolear duro.

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