31/10/09

ficción y reacción

El tío que se inventó el universo como lo conocemos hoy en día decía en su 3ª ley que "toda acción produce una reacción de igual valor y dirección, pero de sentido contrario". Este postulado no sólo es válido para los cohetes, también lo es para la literatura.

Pausa café en el trabajo. Unas colegas mantienen lo que parece una conversación de ascensor hasta que presto atención.

-No te lo tomes como un fracaso. No siempre vas a conseguirlo todo, el mundo no es así.

La frase no tiene nada de especial. El tono anodino e impersonal con el que se pronunció tampoco. No debería haberme llamado la atención si no fuera por lo poco que me llamó la atención. Ese trozo de conversación era tan insulso, predecible y tenía tan poco de la personalidad de quién la había pronunciado que si me hubiese dado la vuelta y encontrado con una cámara grabando una escena de una serie española no me habría sorprendido en absoluto. Y sin embargo estaban tratando un tema de cierta importancia en la vida de alguno de los interlocutores.

Facebook. Entre los conciertos y pinchadas de los amigos, los videoclips y los tests chorras del tipo ‘¿Qué clase de queso de pasta blanda eres?’ de vez en cuando alguien define su estado como “Si mantienes tu corazón sensible ante el paso del tiempo, el viento de la ilusión soplara en tus sueños” o alguna mierda por el estilo. Vale, el ejemplo no es tan valido: En Facebook no se habla, se escribe. Pero es un “sitio” en el que todo el mundo escribe como habla (o debería).

Algunos recordaréis un affaire pagafantásico que me tuvo encandilado hace algún tiempo. La verdad es que la chica lo valía, pero empezó a dejar de impresionarme cuando alguien que nos conocía a los dos preguntó inocentemente porqué el emperador iba desnudo.

-Qué raro habla. ¿Es extranjera o algo?

Y no lo es. Lo que le ocurría era que hablaba como escribía (al menos conmigo. Y funcionó). Y escribía con un barroquismo culto pretendidamente sucio que, en el fondo y a pesar de su capacidad de crear atmósfera, sólo entendía ella. Pero bueno, el que esté libre de pecado…

Lo que quiero ilustrar con estos tres ejemplos es un hecho al que rara vez prestamos atención: La capacidad que tiene la ficción de modificar y construir nuestro mundo. De la misma manera que la observación altera lo observado, cuando producimos y consumimos ficción estamos modelando la realidad a nuestro alrededor. De alguna forma creemos que lo que leemos o vemos en el cine o la televisión es la realidad, por eso nos entretiene (de otra forma no lo haría, principio de verosimilitud), y paulatinamente empezamos a actuar en nuestra vida cotidiana en función de esas ficciones. Es una reacción inevitable y, bien enfocada, puede ser muy enriquecedora, hasta el punto de que buena parte de nuestros sistemas y estructuras (el uso que hacemos de nuestros sentimientos, nuestras convenciones sociales…) se han creado a partir de géneros y estilos literarios. Baste recordar lo que entendemos actualmente por ‘drama’ o ‘romanticismo’. De ahí la importancia de producir y consumir ficción de calidad. Si, como parece que ya está ocurriendo, la ficción que nos tragamos a diario se convierte en una puta mierda, resulta evidente en qué transformamos nuestro mundo. El de todos.

Así que ya sabéis, por el bien de vuestros hijos: No leáis, escuchéis ni veáis basura. Me niego a vivir en un episodio de ‘Sin Tetas No Hay Paraiso’ infinito.

2 commentaires:

Publiqué esta entrada durante unos minutos antes de que saltara la liebre del circo que están montando los Arizona, y la devolví a la recámara. Y en ese breve lapso de tiempo alguién dejo un comentario. La entrada original ha tenido un grave caso de htmlitis y ha muerto, así que no he podido reproducir el comentario, pero podéis encontrar a su autora aquí

ya lo dijo el gran filosofo contemporaneo (dr house)
"reality, most of the time, is a fantasy"

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