Stay tuned for more Rock&Roll!!!
Mi Aranda natal no es una gran ciudad, pero tiene de todo
Por cierto, no os perdáis la crítica del Meister sobre el Sonorama. ¡Y comentadle, malditos!
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rock&wine (III) |
Mi Aranda natal no es una gran ciudad, pero tiene de todo
Por cierto, no os perdáis la crítica del Meister sobre el Sonorama. ¡Y comentadle, malditos!
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rock&wine (II) |
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rock&wine (I) |
¿Cómo poner en común el mundo del vino y el del rocanrrol (más allá del calimocho)? A primera vista parece complicado. Pues en Castrillo de la Vega, a 5mn de Aranda de Duero, lo han conseguido: Una bodega que también es un estudio de grabación. Desde este lunes The Royal Suite nos hemos metido en las bodegas Neo a grabar nuestro nuevo EP. A un lado de la nave, la cabina y los controles. Al otro, la cava con lo más selecto de esta firma de la Ribera del Duero. Y entre ambas, las barricas de roble francés. Para las zonas habitables una arquitectura de interiores muy moderna. Mucho diseño: pasillo de agua en la entrada, madera en el interior... Una cocina americana completamente equipada y la oficina de la bodega, pared con pared... ¡de cristal! Y toda la decoración llena de elementos que ponen en común ambas culturas. Puro Rock&Wine, gente. No en balde uno de los socios de las bodegas es el organizador del Sonorama. Podéis encontrar más información aquí sobre esta curiosa fusión.
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ostras o mortadela (VII). el show business |
Siempre he ido bastante justo de dinero, independientemente de mi actividad laboral. En la actualidad he aprendido a sobrevivir de la hostelería eventual en Valladolid, pero ha habido momentos en los que iba más holgado. El problema con las orquestas no era cuánto (que también; la época dorada para los músicos de verbena fueron los ochenta), sino cuándo. Atrás quedaron los momentos en los que tenía que abandonar un piso de alquiler porque un jefe llevaba tres meses sin pagarme, pero viéndolo en perspectiva la cosa no deja de tener su gracia.
El tío que más pero peor me ha pagado nunca fue un personaje bastante interesante. Su relación con el dinero era muy punk, es decir “no future”. Era capaz de estirarse y alquilar un chalé con piscina para alojarnos durante las actuaciones de las Fallas sin saber cuándo cobraría el siguiente bolo. En una ocasión llegó a afirmarme que, debiéndome un par de meses de sueldo, aún no podía pagarme los cuatro duros que me faltaban para que no me dejaran en la calle, y acto seguido meterse en el baño a, muy probablemente, enchufarse una loncha. Para un empresario es una actitud muy Carpe Diem que, de alguna morbosa y retorcida manera, admiro profundamente. Suyas son auténticas joyas del absurdo, como iniciar una relación con una de las bailarinas cuando su mujer era otra de ellas y, teniendo deudas millonarias (con sus empleados entre otros acreedores), pagarle a su amante una espectacular operación de aumento de pecho. El comentario de alguno de los músicos, con una sonrisa amarga en la cara, no se hizo esperar.
-Bueno, ya que esas tetas se han pagado con mi dinero, tendré que pedir hacer uso de ellas hasta que se salde la deuda.
Estas situaciones irregulares con la pasta son insignificantes comparadas con las que se viven en Galicia, donde el negocio de las orquestas es el método tradicional de blanqueo de dinero de la coca. Empresarios, mafiosos y concejales han hecho posible que en concellos de doscientos habitantes se den cita el mismo día tres orquestas con un equipo mayor que el de los Rolling Stones. Las historias de millones en deudas que aparecen milagrosamente tras la visita de unos sicarios a la casa de un empresario de espectáculos son cosa de todos los días. Un buen tema para un periodista de investigación. Pero gracias a esta cultura, Galicia cuenta con una de sus especies autóctonas más representativas e interesantes: el cantante de orquesta gallega, del que escribiré en otra ocasión.
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debilidad |
He de admitir que antes de documentarme para entrevistarles no les tenía demasiado respeto. Eran simplemente unos chavales que me caían simpáticos por su pinta de rockeros de los setenta y que me alegraron un viaje de vuelta cuando tocaba con la orquesta. Estaba hasta los cojones de tocar canciones de Bisbal y pasodobles y, claro, en comparación, cuando sonaron en la radio de la furgoneta a las siete de la mañana, amaneciendo en alguna carretera de la provincia de Ávila, me recordaron que el Rock&Roll seguía ahí fuera. Que había un mundo más allá de la orquesta que me estaba esperando. Cuando montamos la entrevista utilizamos esta canción para una transición entre respuesta e imágenes de recurso que salió especialmente bien y que se me ha quedado grabada como ejemplo del tipo de cosas que quiero hacer el resto de mi vida.
Un par de meses después la canción me sigue acompañando en los buenos y malos momentos, aún a sabiendas de que hay cosas mucho mejores que escuchar. Ahora, fumándome un cigarrillo en la ventana de mi cuarto (no, no he podido dejarlo del todo. Nunca se deja del todo) a las cinco de la mañana, después de un par de mojitos y sintiéndome completamente identificado con cada maldita frase de la letra, no puedo dejar de pensar que, al fin y al cabo, uno no elige sus canciones. Son las canciones las que le eligen a uno.
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Summercase 08 (Barcelona) |
Crónica (muy) personal de la segunda jornada del Summercase en el Parc del Fórum. No pudiendo asistir a la primera me perdí a unos Grinderman exhultantes que se entregaron en Madrid. Allí estaba mi socio Vielba, con el que mantuve un enlace telefónico comparativo durante la jornada para tener una mayor visión de conjunto de esta singular simultaneidad festivalera. Por lo visto Nick Cave, el violinista de Bad Seeds Warren Ellis, que aquí toca la mandola, y el resto de la banda ofrecieron un recital de blues eléctrico y pantanoso con distorsiones fuzz, enfundados en sus trajes de corte 70’s y luciendo, en el caso de Cave, no ya un bigote derramado estilo Charles Bronson, sino directamente de Guardia Civil.
Mientras, en Barcelona, unos apocados Kooks defendían dignamente un repertorio de pop modernete y asequible en un escenario que les venía grande. Mucho más peso tuvieron The Breeders, con una actuación tranquila pero intensa que, sobre todo, estuvo llena de amor recíproco entre banda y público. El esperado clásico “Cannonball” se hizo esperar hasta el final. Mención especial a su batería, Britt Walford, posiblemente uno de los mejores músicos sobre el escenario Movistar.
La gran decepción vino de la mano de unos Kings of Leon convertidos en grupo para quinceañeras emo. Los tejanos, que en su día fueron un prodigio de fusión entre rock sureño y pop indie, con una personalidad y un sonido potente y personal, se han convertido en una triste mezcla entre Muse o The Killers y U2, y son firmes candidatos a sonar en Kiss FM. El antaño desgarbado Nathan Followill se ha convertido en un clon cachas de Bryan Adams que apenas acertó a entonar un solo tema, irreconocible, de su ya histórico Youth and Young Manhood, mientras brindaba con un sorbo cerveza para luego ir corriendo a bajarlo con medio litro de Gatorade. Una pena.
Sex Pistols estuvieron a la altura de su mito, ofreciendo un concierto sorprendentemente fresco, divertido y bien sonorizado (quizá demasiado bien) y el más largo del día. No nos intentaron vender una ya inexistente juventud como otros recuperados dinosaurios. No son una caricatura de sí mismos. No van de nada y son coherentes, equilibrando muy bien su pasado, sus expectativas y sus limitaciones como señores respetables de la historia del Rock (Glenn Matlock lucía pantalón de pinza blanco y polo azul metido por dentro con un formal corte de pelo). También dejaron para el final sus himnos “God save the Queen” y “Anarchy in the UK”, que una turba de hooligans ingleses de más de cuarenta años corearon en primera fila, botando como locos. Un espectáculo demencial. También cabe destacar la profesionalidad de Rotten esquivando sin inmutarse los vasos que le lanzaron durante todo el concierto. Esta claro que es un perro viejo al que le han tirado cosas peores.
The Stranglers aparecieron de cuero negro integral y actitud stoner para, en realidad, demostrar que fueron el mayor exponente de la New Wave. Su archiconocida “Golden Brown” sonó sobre el delicioso fondo del escenario Walkman que, a última hora de la tarde, resultaba de lo más sugerente.
Kaiser Chiefs desplegaron un equipo de luces espectacular para apoyar sus hits “Ruby” y “Every Day I Love You Less and Less” que no se hicieron esperar. Muy actuales, muy divertidos y muy frescos. Quizá demasiado. Que una banda no tenga pretensiones en ocasiones se considera una virtud, pero corre el riesgo de no ser tomada en serio. Que Ricky Wilson se calzara, a modo de cinta del pelo, una de las pulseras fosforescentes que le lanzaron desde el público no ayudó a crear una imagen potente de la actitud del grupo, aunque resultaba simpático, que es el mejor adjetivo para definirles. Nos hicieron añorar a Supergrass.| [+/-] |
quiero ser barcelonita |
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buenas noches Eirini |
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ostras o mortadela (VI). la compra |
Hoy he hecho la compra en el LIDL. Acordaos del anuncio (¡el carro lleno por menos de 50€!). Y he tenido un extraño dejà vu. Ha sido como volver al LIDL de la rue Gambetta y, por extensión, a Lille. Pero no al de los grandes momentos de los conciertos gratuitos en la Place de la Republique o esa fiesta de renovación y purificación que suponía la Braderie, sino al Lille cotidiano, aquel en el que todavia no tenía trabajo ni proyectos a corto plazo. Aquel en el que la principal actividad de la jornada era hacer la compra. Meses más tarde, leyendo Persépolis, entendí a Marjane Satrapi cuando narraba cómo en Austria iba cuatro veces al día al supermercado porque no tenía otra cosa que hacer. Lo siguiente que le daba por hacer era ponerse a leer, lo que enlaza perfectamente con esta estupenda reflexión de Txe Peligro.
Afortunadamente ya no es mi caso, y me cuesta encontrar un momento del día para leer o llenar la nevera (y me imagino que mi compañera de piso pensará mientras lee esto “¡y limpiar el baño!”). Pero he recordado esas compras de hombre casado con el Peugeot 205 cuando vivía con Susana y me he sentido agradecido con mi vida actual.
Nunca pensé que no tener gran cosa que comer pudiera ser un síntoma de una existencia plena. No sé a quién debo darle las gracias. Pero gracias de todos modos.
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el irlandés |