No suelo escribir a vuelapluma. Las entradas que leéis están elaboradas o reescritas en mayor o menor medida, pero llevo casi una semana de aterrizaje (hacer sitio en los armarios para mi ropa, la primera compra…), es cuando más tiempo libre voy a tener, y apenas he podido meterme a leer algunos de vuestros blogs, así que me temo que a partir de ahora esto va a ser una crónica en directo, más que otra cosa.
Compartí vuelo con Thomas (en las fotos de la entrada anterior es el que se subtitula como "le ch’nord te va aimer") y he de agradecerles a él y a su padre que me dejaran en la misma puerta de casa y me invitaran a una Karmeliet de camino. Antes de eso tuve uno de esos momentos ñoños míos, y mientras veíamos los Pirineos por la ventanilla del avión yo escuchaba (puta casualidad) el "Adiós España" de Antonio Molina. Una canción que ha hecho llorar a generaciones enteras de inmigrantes españoles, incluyéndome a mí en ese preciso momento, la madre que lo parió. Era la canción que iba a dejar en mi última entrada escrita en España, pero recordé que Jeannette es el primer contacto de muchos estudiantes franceses con la lengua española, y aunque la letra no le pega tanto quise homenajear así a los Erasmus que me organizaron una fiesta terrible tres días antes, en la que acabé de bares en falda y collar de perlas (hay pruebas) y a la que pertenecen esas estupendas polaroids, regalo de despedida de Hervé (esquina superior izquierda del tercer bloque de fotos).
Por otra parte he encontrado unos compañeros de piso estupendos, Sonia y Antoine, a los que ya conocía como anfitriones. El viernes mi chica preparó un "apéritif dinatoire" (sangría y cosas de picar, vamos) para presentarme a otros amigos y excompañeros del ¿piso? (más bien casa) y que me dieran su bendición. Pedo nada elegante el que me cogí. Fué la primera vez que me tuvieron que sacar entre dos a dar una vuelta (es lo que tiene la cerveza de flandes, que son 8 gradazos en vez de 4’5). Una gente estupenda que me ha introducido en la manera que tienen aquí de montarla parda: comen patés y quesos y beben vino y cerveza ¿Os suena de algo? Los que me conocéis personalmente habréis deducido que me lo voy a pasar teta. No es Ribera, pero el Bordeaux no está nada mal. Y, que coño, no me importa beber Don Simón si vivo con mi chica.
Prometo que las próximas entradas se parecerán más a lo que os tengo acostumbrados, aunque a partir de mañana empieza (en serio) el trabajo de buscar trabajo. Deseadme suerte. Y buenas noches.
30/4/07
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Por aquí todo bien. Stop. |
25/4/07
20/4/07
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Elecciones Presidenciales Gabachas 2007 |
El tema está calentito. A menos de seis horas del cierre de campaña y a pesar del discreto seguimiento de la prensa española sobre la misma, os hago un pequeño resumen de cómo está el pastel de las elecciones presidenciales francesas.
Como antecedentes, la segunda vuelta de las anteriores presidenciales: Chirac contra Le Pen, que es como tener que elegir entre Aznar o Inestrillas (o Franco si siguiera vivo). No hubo color, así que cuando Chirac ganó con un 28457 % (por lo menos) de los votos, hizo lo que le dio la gana con una actitud de “si no os gusta os jodéis, que ya sabéis cual es la alternativa” y no se plantearon las cuestiones económicas, que son las que peor están, sino las sociales y de seguridad. Porque Francia va mal. Una deuda pública del 66 % del PIB. Los analistas defienden que se debe al estancamiento de los sueldos, otros dicen que hay demasiada laxitud con los gastos sociales. El típico rollo de que se ayuda demasiado a los “inmigrantes”, aquí diríamos que les dan de todo. ¿Porqué yo le tengo que pagar las clases de inglés a mi niña cuando a la vecina, venezolana, se lo paga la asistente social? La diferencia es que en Francia ya no son inmigrantes. Nos llevan tres generaciones de ventaja, y toda esa gente son franceses de pleno derecho, que cotizan y le pagarán la jubilación al abuelo François. Si la economía neoliberal se carga los servicios sociales no va a ser por culpa de estos franceses de segunda generación, pero se la han (nos la han) colado doblada haciendo coincidir el expolio del estado por parte de las corporaciones empresariales con la apertura de fronteras. El ciudadano ve esto: Vienen los negros, yo vivo peor que hace veinte años, ergo los negros tienen la culpa. Es cierto que los guetos son mayoritariamente ocupados por francomagrebís y subsaharianos, pero eso sólo demuestra que están más jodidos aún que los demás. La pasta no ha volado, sigue ahí, donde siempre ha estado, en manos de los multimillonarios, pero ahora somos más a repartirnos (a hostias) las migajas de los servicios sociales. Para terminar de cagarla, los proyectos de los aspirantes a la presidencia son jodidamente caros y se caen por su propio peso (salvo quizá el de Bayrou). Es imposible financiar tanto cambio, sobre todo el de Sarkozy, que ya está empezando a desinflar sus propuestas antes de haber salido elegido, ante la evidente imposibilidad de llevarlas a cabo.
Un detalle sobre los comicios en Francia: los empleados públicos están obligados a votar, aunque en otros paises, como Bélgica, directamente es obligatorio para todo el mundo porque se celebran en horas de trabajo. “Votar es un derecho, y también un deber cívico”, rezan las cartillas de voto en Francia.
Así están las cosas al otro lado de los Pirineos, un poco como aquí, pero más en serio. Encabronaos, pero por la educación, el paro y la vivienda (aún tienen la mejor sanidad del mundo, hacedme caso, que la tuve que estudiar a fondo como documentalista) y no por la unidad de Francia o las concesiones al terrorismo corso. Hablemos ahora de algunos de los que intentan convencer a los gabachos de que tienen la fórmula para solucionar todo este embrollo.
Nicolas Sarkozy:
Unión para un Movimiento Popular (UMP).
El gran protagonista de estas elecciones, mal que me pese. Este cabrón es un tío listo y un trepa de cuidado (concejal de Neuilly-sur-Seine con 22 años y alcalde con 28). Hijo de emigrantes (de pasta), ha conseguido aglutinar en torno suyo a todo el centro derecha aún después de haber traicionado en su momento a su tutor político, el todavía presidente Jacques Chirac, que por cierto, tiene asuntos pendientes con la justicia en cuanto salga del Elíseo por presunta malversación de fondos públicos. Se rumorea que si Chirac finalmente ha apoyado a Sarko es porque éste planea mantenerle la inmunidad con la justicia más allá de la que ya tiene como presidente de la república. Un regalito de despedida por su jubilación. ¿Cuál fue su traición? Sarko apoyó al otro candidato del centro derecha en los anteriores comicios, Éduard Balladur, lo que tocó bastante los cojones a Chirac, que hizo que Sarko estuviera dando tumbos entre el Ministerio de Interior y el de Economía (el trabajo sucio, dado el estado de la economía francesa) cuando finalmente ganó. Como ministro de Interior ha seguido una política de mano dura y represión policial, y la cagó en 2005 con unas declaraciones llamando “morralla” a los habitantes de los suburbios y/o barrios chungos, que se volvieron aún más chungos. Os acordaréis de los disturbios: Coches quemados, hostias con la poli a todas horas… salió hasta en la tele española, tan acostumbrada a mirarse el ombligo del estatut y gilipolleces similares. Claro, en el momento en que hay hostias la cosa se vuelve interesante.
Su discurso es populista y lamerón, intenta estar a bien con todo el mundo hablando clarito. Por ejemplo, ha montado una buena intentando introducir a la iglesia en los asuntos de estado y haciendo retroceder a Francia, tan ejemplarmente laica, hasta el nivel de españa, pero para que todo el mundo esté contento incluye la promesa de sobornar también a los musulmanes, financiando a las mezquitas para que instruyan en los “valores franceses”. Lo más gordo que ha soltado es su propuesta de crear un “Ministerio de la Inmigración que regule los flujos migratorios y controle una inmigración selectiva sólo de trabajadores cualificados” (elpais.com). Que morralla ya tenemos bastante. Se llamaría Ministerio de la Inmigración y la Identidad Nacional, algo así como decir Ministerio del Trabajo y de los Intereses Empresariales o Ministerio de la Vivienda y la Especulación Inmobiliaria. Tócate los cojones.
Conservador en lo moral, liberal en lo económico. Intenta cargarse grandes logros de la lucha obrera, como las 35 horas semanales (según sus palabras, “defiendo a quien quiere cobrar más trabajando más”) o la jubilación obligatoria (sus palabras deberían ser “defiendo a quién se quiera morir en la cadena de montaje”). Da por hecho que los empresarios no aprovecharán estas medidas para sus intereses, claro. O más bien sí, y ahí está el asunto. Se opone a la entrada de Turquía en la UE (de cajón) pero Europa se la sopla, él prefiere ser colega de los E.E.U.U., aunque para contentar a todo el mundo (¡otra vez!) se opone a la guerra de Irak.
Como véis, el resumen de su propuesta es que “si no me mojo, me querrá todo el mundo, y cuando lo hago hay que vender bien la moto”. Y le va a salir bien al hijoputa. A pesar de que ya coquetea con la extrema derecha y que ha sido acusado de usar a los servicios de inteligencia (aún ocupa su puesto de ministro) para espiar a sus competidores al más puro estilo Nixon, pasará a la segunda vuelta seguro.
Ségolène Royal:
Partido Socialista.
Su principal punto fuerte es que es una mujer. Y no hay mucho más que rascar. Es tibia y le falta empaque y carisma a la hora de convencer al electorado y de plantarse ante el resto de líderes mundiales o ante la oposición (en un debate contra Sarko le costó más de media hora encontrar un argumento más allá del “mais… Arrêtez!”) Si sale elegida se la van a comer con patatas. Ha tenido unas cagadas bastante gordas: En una broma radiofónica llegó a decir que los corsos tendrían su derecho a la autodeterminación. Y no ha sido la única vez, dijo lo mismo de Quebec ante mandatarios canadienses, que todavía están que trinan.
Ha tenido poco seguimiento por parte de los medios, controlados por Sarko y sus adláteres, y no ha presentado su programa hasta última hora. Algunas de sus declaraciones coinciden con las de Sarko (uso del ejército en las revueltas, crítica al sistema de 35 horas…). Propone una reforma constitucional que, así leída a primera vista, suena a enésima reestructuración de la burocracia. Quiere aumentar el salario mínimo, las inversiones públicas y la cobertura social. Algunos puntos muy positivos: Pretende cortar de raiz los privilegios de la clase política (coches y pisos del estado) y su pluriempleo (un diputado ahora puede ser alcalde y viceversa). Pero lamentablemente no cuenta con el total apoyo de su partido y representa lo peor de una izquierda francesa anquilosada, fragmentada, tímida y centrista en exceso. Pero es la opción menos mala.
François Bayrou:
Unión por la Democracia Francesa (UDF).
Ha saltado a la palestra en las últimas horas como alternativa a Ségolène, dado el poco peso específico de ésta. Católico practicante, erudito, ex ministro de Enseñanza e Investigación, tiene los huevos de definirse antisistema (suena a cortejo del voto joven antiglobalización) y situarse como candidato de “extremo centro” (¿?). Es el único que ha hablado de Europa favorablemente y mojándose el culo, defendiendo una estructura federal. Hay que estar al loro con éste. Si pasa a la segunda vuelta ganará las elecciones contra todo pronóstico. Es lo que tiene el sistema de dos vueltas: en la primera votas lo que te sale de los cojones, y en la segunda votas al menos malo, lo que haría que si se enfrentase a Sarko contaría con sus votos y los de Ségolène, un poco como hace cinco años pero más light (es el gran estigma de los izquierdistas: haber tenido que votar por Chirac). Hay algunas cosas de este tío que me gustan sobremanera, y es que se opone de plano a la Organización Mundial del Comercio (¡como los yes-men, que tengo enlazados aquí a la izquierda!) y propone medidas sociales de corte progresista, pero no deja de ser otro liberal económico que barre para casa.
Jean Marie Le Pen:
Frente Nacional (FN).
El puto demonio. El coco. El mayor bastardo hijo de puta que haya pasado jamás a una segunda vuelta. Para muestra un botón de sus declaraciones:
- Sobre los enfermos de sida: “Son contagiosos por su transpiración, su saliva y su contacto, son una especie de leprosos”.
- Sobre las cámaras de gas: “Fueron un punto de detalle de la Segunda Guerra Mundial”.
- Sobre el Mundial de Fútbol de 2006: "Hay demasiados jugadores de color en el equipo nacional”.
Esto consiguió un 16’86 % de los votos hace cinco años. Casi uno de cada cinco franceses que fueron a votar apoyaba estas cosas, entre ellos (y conozco casos personalmente) muchos hijos de inmigrantes e incluso inmigrantes ya con la nacionalidad francesa. Acojonante.
Propone que los inmigrantes coticen un 35% más que el resto de los franceses a la Seguridad Social para tener derecho a sus beneficios, expulsar a los inmigrantes ilegales, reestablecer la pena de muerte, volver al franco (¡como moneda! Aunque podría saltarme esta aclaración) y liberalizar (aún más) la economía francesa. Toda una joyita.
Para el resto de los candidatos, que hay un montón, principalmente extrema izquierda dividida (aunque atención a la propuesta de los verdes), y para recabar información un poco más seria sobre el sarao, os remito a la sección de El País Digital donde me he documentado principalmente. También he consultado otras fuentes puntuales (o sea, que no las recuerdo), y el resto es fruto del seguimiento que he hecho de la campaña, aquí y en mis visitas por Lille.
Así que en esas estamos. La primera vuelta tendrá lugar este domingo, tres días antes de irme para allá. La segunda vuelta será el 6 de Mayo, y me pillará de lleno como inmigrante buscando trabajo y sobreviviendo como pueda, es decir, en las mejores condiciones para hablar de política. La crónica corresponsal que salga de ahí puede ser cualquier cosa menos indiferente.
Si finalmente gana Sarko, como todo parece indicar, es posible que tenga que hacer el camino de vuelta a españa antes de lo previsto, esta vez acompañado por mi chica, que ya ha manifestado su intención de huir del país conmigo si se da el caso.
16/4/07
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El día que me reconocieron por la calle |
Una de las cosas que tienen en común trabajar en un escenario y detrás de una barra es que estás expuesto en un escaparate. Esa circunstancia es fuente de una gran debilidad pero también de un gran poder. La debilidad consiste en cierta pérdida del anonimato, y se puede resumir en este episodio: Uno de mis compañeros en la pizzería es reconocido en la calle por un cliente que le grita desde un balcón “¡¡Eh, Abruzooooooos!!” como referencia a la pizza que más nos piden, la nº 9, Abruzos-Molise. Como camarero en este mes y pico he vivido una cantidad de fichajes, escasa o nulamente disimulados, sólo comparable a los que seguramente se producían bajo el escenario sin yo saberlo (aunque de alguno siempre te enteras). Con fichajes me refiero a esas caras traducibles por “vaya pinta el puto jipi este” hasta las de “a este me le merendaba yo” de las clientas más experimentadas.
Sin embargo el gran poder reside en ser consciente de esa exposición para hacer uso de ella. A mi me encanta conocer gente. Lo genial de la gente que no conoces es que tiene unas riquísimas epopeyas inéditas en su interior, y aunque ya os dije que soy un hablador compulsivo, si hay algo que me gusta más que rajar es que me cuenten esas historias (por eso estoy tan rendido a la blogsfera). Yo personalmente intento usar el poder que te da estar encima de un escenario o de una barra (simbólicamente no estás “detrás”) para preguntar por esas historias, principalmente porque no tengo la jeta necesaria para usarlo como trampolín sexual, que es lo habitual. En la pizzería es prácticamente imposible, hay demasiado jaleo, aunque siempre hay tiempo para un “¿ese acento que tienes es de Murcia?” o “merci beaucoup monsieur. D’òu êtes-vous?” cuando reconoces a un gabacho, y a partir de su respuesta el resto de su historia es una conjetura mientras pones otras dos cañas y una Apulia mediana. Pero en la orquesta el filón era inagotable. Si la actuación gustaba sabías que te esperaba una ronda por las peñas del pueblo. ¡Qué momentazos! Mi puta memoria de pez para los nombres propios me impide hacer aquí un sentido homenaje a todos los pueblos donde hicimos efímeros amigos. ¿Qué habrá sido de Alex, que organizaba festivales de rock en Barcelona? ¿O de la chica que me enseñó las tetas en Castro Urdiales? ¿O de la adolescente de Toledo con los ojos más deslumbrantes de este país? (en Francia están los del resto del mundo) ¿O de la peña “Los Presocráticos” de Pajares de Adaja? ¿O del surfer asturiano? El tío más buenorro que he visto jamás, daba vergüenza estar a su lado. Se ponía a hacer el payaso justo en mis solos para que me diera la risa, el cabrón. A los dos días volvimos a coincidir en otro pueblo en la otra punta de españa y cuando me vio en el escenario no pudo parar de reírse. Ni yo tampoco.
¿Qué habrá sido de Ana?
Pero todo esto es otro tema y me estoy yendo por los cerros de Úbeda. El caso es que un sábado de esos en los que no tengo planes salgo a la calle a encontrármelos, cosa que hago a veces porque me jode sobremanera quedarme en casa un sábado. Siempre acabas encontrándote a alguien, y si no siempre puedes aprovechar para buscar cosas sobre las que escribir. En éstas estaba cuando oigo detrás de mi
- ¡Hostia mira, el guitarra de la orquesta!
Acojonante. Alguien me había visto hacer el capullo en un pueblo y se había quedado con mi cara. Me doy la vuelta con un petazo de adrenalina y una mezcla de gratitud, ganas de salir corriendo, vergüenza y diosabequé.
- ¿Comooooooo?
Un grupo de ocho o diez chicos y chicas de veintipocos cuyas caras no me decían nada.
- Si hombre, tu tocaste en ¿?, al norte de Palencia, y en ¿?, y el año pasado en ¿?
Por lo visto estos chicos sabían dónde tocábamos (ya sabían más que yo) y si pillaba a menos de ochenta quilómetros de su pueblo venían a vernos.
- Como me gozó cuando tocaste el Thunderstruck de AC/DC haciendo el paso del Angus...
Las piezas empezaban a encajar, y entre los vapores etílicos del pasado empecé a situar la cara de uno de ellos a un metro debajo de mí pasándome cachis de cerveza uno tras otro.
- Nada, tú te vienes con nosotros a tomar unos cacharros.
Me lo pasé en grande con unos completos desconocidos. No me acuerdo ni de sus nombres ni del nombre de su pueblo, pero me sacaron de fiesta en mi propia ciudad por sitios a los que yo no voy nunca y no me dejaron pagar ni una sola copa. Por lo visto los chicos venían el fin de semana a ver a las chicas, que estaban estudiando sus carreras aquí. No es que fueran sus novios, pero la relación entre ellos era una extraña mezcla de ese cariño sin preguntas ni exigencias que sólo la gente sencilla sabe ofrecerte, y una profunda amargura.
- Ellas que son más listas salen del pueblo porque valen para estudiar. Luego se echarán novio aquí y a nosotros que nos den por culo. ¡Y mira que están buenas, qué lástima! Las queremos un montón, pero sabemos que en cuanto terminen la carrera no las vemos el pelo. ¡Si es que tenemos madera de solterones!
Acabamos a las tantas en una discoteca cutre con una moña de espanto. Un año después volví a cruzarme con dos de las chicas al lado de mi casa. Llevaban unos maletones e iban acompañadas, pero no me parecieron sus amigos del pueblo. En esta ocasión no me reconocieron y yo no hice intención de acercarme a refrescarles la memoria, pero las vi alejarse mientras me invadía una inexplicable melancolía. No pude evitar decir por lo bajito “buena suerte”.
Sigo teniendo sed de historias como ésta. Y me he dado cuenta de que el escaparate puede funcionar en los dos sentidos. Podéis venir a que os sirva y mirarme mientras esperáis. Pero yo también os miro a vosotros, y con la forma de hablar y alguna otra cosa que os pregunte me estáis sirviendo una gran historia. En bandeja.
10/4/07
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Hellín |
Hay una cita anual que espero no perderme por muy lejos que me vaya: la tamborada de Hellín, de donde proviene mi familia materna. Muchos nativos han escrito más y mejor sobre este acontecimiento, así que lo que sigue es un relato de experiencias puramente personales.

En gran medida no es una experiencia agradable. Se toca el tambor toda la noche, hasta que se te revientan las ampollas que te salieron a primera hora, dejándote las manos en carne viva. Te duelen y se te hinchan los dedos, los brazos y los hombros (las articulaciones especialmente), el tambor que al principio parece no pesar se convierte en una cruz a las siete de la mañana. Acabas extenuado. Pero cuarenta y ocho horas más tarde vuelves a por más. Porque durante la noche habrás experimentado una serie de sensaciones inabarcables (a veces todas al mismo tiempo) que intentaré desglosar. Por un lado entras en un trance que empieza con el sonido de tu propio tambor y se va extendiendo a medida que se le añade el sonido de los demás. La subida del chute es progresiva según te vas acercando a las calles más concurridas y estalla al llegar a la calle del Rabal, sumiéndote en una especie de catatonia hipnótica. Hay una serie de “ritmos” o toques estándar y cada peña toca al unísono el suyo, pero depende del número de tambores que sigan ese toque y de la fuerza y técnica con que se haga que tú oigas el tuyo (y el de tu peña) por encima de los demás. Es una perfecta metáfora de la vida en sociedad: tu toque individual pertenece a un grupo pequeño que a veces se enfrenta a otros por oírse más, y entonces aparecen los piques, individuales o en grupo, que acaban con un intercambio de botas de vino (o lo que lleven) y el ofrecer tu tambor al otro para que toque en él (nunca se debe rechazar si se te ofrece). Pero a veces tu peña se deja llevar por el ritmo de un grupo gigantesco que lleva dos bombos y se oye por encima de todos. En esas ocasiones en las que te sumerges en una

Para los detalles sobre el origen y características específicas de este acontecimiento os remito aquí. La segunda foto es de Mª Dolores López del Olmo, ganadora del 2º Premio del Concurso de Fotografía organizado por la Asociación de Peñas de Tamborileros. El vídeo lo encontré por ahí.
4/4/07
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La importancia de llamarse Rosencrantz y Guildenstern |
Dados los acontecimientos de los últimos meses (o la falta de ellos), en este país ya no se me ha perdido nada, y como era una cuestión de tiempo, he decidido no posponerlo más: emigro a Francia. El 25 de Abril estaré volando con un billete sólo de ida. Un cambio que llevo también al blog, que a partir de ahora será uno de mis pocos contactos con la lengua española. En la próxima entrada este blog cambiará de nombre.
¿Porqué “Rosencrantz y Guildenstern están de Parranda”? Siempre me llamaron la atención los personajes secundarios. La carne de cañón de las historias. Los figurantes. Los perdedores que sólo pasaban por allí. Estos seres, además, tienen la tendencia de agruparse de dos en dos, como si el peso de uno sólo fuese insuficiente para que nos fijemos en ellos. Shakespeare es un buen ejemplo de lo que intento transmitir: En sus obras muere hasta el apuntador. Cuantos más mejor. Y si hace falta crear personajes cuya función es morir, pues hagámoslo. En Hamlet, Rosencrantz y Guildenstern son dos de esos personajes, tan poco definidos que no sabemos quién es uno y quién el otro, y su función es aumentar el número de bajas para mayor dramatismo. El único rasgo distintivo de estos pobres diablos es su dualidad. Tom Stoppard recogió estas y otras ideas para adaptar Hamlet a su manera y escribió Rosencrantz y Guildenstern han muerto, una obra genial más allá del drama o la comedia, que nos presenta una historia de sobra conocida desde una perspectiva insólita y novedosa: Estos dos ciudadanos anónimos pasan a ser los protagonistas. Brillantemente encarnados en la adaptación al cine por Tim Roth y Gary Oldman, Stoppard nos habla a través de ellos sobre el amor al teatro, la dualidad del pensamiento, la dialéctica y la futilidad y arbitrariedad de la vida y la muerte. Con Richard Dreyfuss como catalizador en el papel de viejo feriante y director de la compañía de cómicos, es posiblemente mi película favorita, y sólo la he visto una vez. Cuando tuve que elegir un nombre para el blog me acordé de estos desgraciados, resignados a su destino, y decidí darles una oportunidad. ¿De verdad han muerto? El maestro Peret me dio la respuesta: Que no estaban muertos, que no, que estaban tomando cañas.
Por otra parte la dualidad de los personajes secundarios es la base del humor en este país, y lo de vaderetrocordero también sale de ahí, de un número de Faemino y Cansado en “El Orgullo del Tercer Mundo”:
- Oiga, doctor, entonces ¿puedo comer cordero?
- ¡No señor, el cordero no se come!
- ¡Uy, no pordios, que asco! ¡Vade retro, cordero!
Así que ya está explicado. A partir de ahora “Rosencrantz y Guildenstern están de parranda: el blog” tendrá otra ubicación, un espacio mucho más acorde con la filosofía de lo antes expuesto. Un sitio donde el Chagüen y un servidor nos resistiremos a ser simples figurantes de la gran tragedia global. En cuanto esté listo os emplazaremos allí.