Soy un jodido fetichista de los zapatos. Sin paliativos. Mi ex gabacha me encandiló, entre otras cosas, porque cuando nos conocimos la tía perra llevaba unos botines de corte decimonónico anudados hasta el tobillo que bien podría haber llevado una bailarina de can-can. En este contexto pudiera parecer que las tipas con tacones de aguja me pongan un montón. Nada más lejos de la realidad. La mayor parte de la gente (hombres que cantan en Astrud o mujeres) que calzan taconazo no tienen ni puta idea de andar con ellos (ni nos planteemos el bailar), lo que revierte en hacerles perder un buen montón de puntos en cuestión de follabilidad. Y es algo bastante lógico que poca gente sepa moverse con ellos: Los tacones son uno de los artificios más absurdos, antinaturales y sadomasoquistas que haya concebido nuestra cultura porque, como bien apunta La Niña Fatal, su función no está ligada a la elegancia o la pompa sino, pura y duramente, al follar. Yo personalmente colocaría cierto tipo de calzado en la sección de lencería.
El caso es que no sé si os habéis fijado (yo sí) en la cantidad de tacón que se gastan las adolescentes hoy en día cuando salen. Yo, que me crié en plena explosión femenina de los vaqueros rotos, las camisas de cuadros de franela y el pelo sucio, observo asombrado esta recuperación para la chavalería de los valores del lujo. Si bien es verdad que con cierta edad tus apetitos están ya educados y son más retorcidos, también entiendo que a los compañeros de clase de estas niñatas les pueda estallar una vena en el cerebro (entre otras) con semejante espectáculo, pero yo no puedo evitar ver a un montón de púberes grotescamente maquilladas andando como si pisaran huevos y pasando frío. Lo que sí que logran es crear una falsa idea de adonde van. Uno las ve así uniformadas y se las imagina en la grabación de un video de raperos chungos, en una fiesta privada con piscina, champán y coca, en una limusina… Pero resulta que te las encuentras el sábado por la tarde en el Carrefour comprando una botella de Bacardi y dos litros de Cocacola. Porque van a un botellón. Piensas en esos zapatos entre los cristales rotos y las mierdas de perro de un parque y a tu sentido del decoro (pordios, ponte un vaquero y unas Converse) se le saltan las lágrimas. Sin embargo la imagen en su globalidad me resulta tan neo punk que no puedo por menos que aplaudirla e incluirla en esta sección. Esta generación lo ha entendido perfectamente: Los reclamos sexuales no son más que la sombra de una vida apostada en un lujo inalcanzable e idealizado. El contexto no sólo no importa, sino que cuanto más alejado esté de esta idealización, más hará brillar al reclamo en sí. El riesgo de este planteamiento es que a todas estas crías sus padres les consientan el ir como van y esto se acabe convirtiendo en un todo a cien de los chinos abarrotado de figuritas de porcelana, a cual más brillante y barroca, pugnando por destacar más que sus compañeras de estante de ferretería bajo la luz de un sucio fluorescente.
Absolutamente aterrador.
10/12/09
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ostras o mortadela (IX). tacones |
15/9/09
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ostras o mortadela (VIII). vacaciones de verano |
Obrero de la construcción en verano para pagarme la carrera. Músico de verbena rural (y olé). Camarero (de copas o de pinchos). Ahora que soy asustaviejas telefónico, por fin he tenido las primeras vacaciones en agosto de mi ecléctica carrera profesional, así que la Niña Fatal y yo hicimos planes de viaje para, finalmente, saltárnoslos a la torera y acabar a última hora en un destino nacional que cumplía todas nuestras expectativas (turismo gastronómico, gran capital con tiendas freak, arquitectura modenna, clima marítimo) cuyo índice de ocupación hotelera disminuye drásticamente fuera del fin de semana, así que hoteles como este en el que nos alojamos tenían ofertas especiales si reservabas estancias de tres días en adelante. Y por tan sólo diez euros más que la opción más barata de alojamiento.
Diez euros. Ese es el precio que separa una cama de 2,5m x 2,5m, aire acondicionado, mini bar refrigerado, servicio de habitaciones, baño de pizarra y decoración de diseño en una zona urbanística de postal de un catre sudoroso y un ventanuco sobre un bar de kebaps en una calle que ni Beirut en los ochenta. Esta sección del blog analiza la democratización del lujo, pero ¿Cómo es posible un caso tan flagrante de tomadura de pelo? Llegué a la conclusión de que el sector económico-poblacional que antes pagaba cantidades indecentes por alojarse en estas condiciones de semilujo es actualmente el más vapuleado por la crisis, y que el actual consumidor potencial de estos servicios es el que poco antes de la debacle económica estaba tan contento con su catre sudoroso sin llegar a pensar que su culo acabaría remojado en un jacuzzi. La parte negativa de este asunto es que uno, que estaba acostumbrado a salir de viaje en plan Kerouac, haciendo autoestop y durmiendo en cajeros, se acostumbra deprisa a las localizaciones de James Bond. La parte positiva es que estos mercaderes de la opulencia, que antes se la clavaban doblada a sus clientes, han tenido que recortar beneficios y mostrar sus verdaderas cartas para adaptarse a la dura realidad de que ahora su cliente... Soy yo.
Que se jodan. Bendita crisis.
18/3/09
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putiferio |

Uno de los principios de este blog es la máxima latina de 'si actio non contemplatio'. Hay ocasiones en las que se va a los sitios a ver qué se cuece y otras a liarla. Ayer me fui a Alimentaria 2009 con La Niña Fatal a ver los stands que ella había diseñado para algunos de los expositores en su curro, y ya de paso nos calzamos unos vinazos de escándalo por la patilla (Yllera Vendimia Seleccionada 2004 o Protos Crianza 2005). 'Este plan es la hostia' le dije '¡Priva de lujo gratis!'. Lo mejor vino cuando me enteré de cómo se conseguían las acreditaciones: Te metes en la página web del evento, te inscribes como profesional del medio dando los datos que te salgan de los cojones y pista. Inmediatamente pensé que era un plan perfecto para proponer a mi adláter en 100% APOCALYPSO. Así que después de comprobar como a los tíos trajeados se les trataba a cuerpo de rey mientras que a la gente de normal se nos ignoraba impertérritamente hoy nos hemos plantado allí El Meister y yo, todo maqueados, a tirarnos el moco como prensa especializada en el arte del churrar.
Hay que ver lo que cambia un sarao de estos cuando vas de americana. Con La Niña Fatal nos costaba lo suyo que nos pusieran un vino. Pero con El Meister en plena forma rockera nos pedían tarjeta de empresa después de calzarnos unos Sauvignon Blanc. El arte del mamoneo comercial es una disciplina digna de estudio. Tirando de los conocimientos vitivinícolas que adquirí cuando trabajaba en La Cárcava nos hemos puesto jinchos de morapio discutiendo sobre las cualidades del verdejo y dábamos el pego elegantemente. Mientras, El Meister se encontró con al menos seis antiguos compañeros de colegio, ahora engominados hombres de negocios, que seguramente ocultan muy bien nocturnas e inconfesables pasiones políticamente incorrectas. Y entonces me acordé de algunos aspectos relacionados con el diseño de los stands que La Niña Fatal me había comentado el día anterior:
-A algunos expositores no les interesa tanto el diseño del stand en sí como que las azafatas tengan las tetas bien gordas y luzcan escote y que, además, acompañen luego a los clientes a sus hoteles.
Y es en este punto cuando surgió la frase que da título a este post: Mientras que algunos nos tenemos que conformar en nuestra vida cotidiana con pan y circo, otros disponen de putas y feria. El auténtico vicio está mucho más cerca de los trajes y las corbatas de lo que pudiera parecer. Principalmente porque se los pueden pagar.
9/9/08
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el camino del hombre recto (IV). high noon |
Anteayer tuvo lugar el juicio contra el crío que me atracó hace un par de meses. Como no las tengo todas conmigo sobre si legalmente puedo contar lo que sucedió en la vista, me perderé la ocasión de escribir una muy buena entrada sobre el que ahora ya sé que es el peor trabajo del mundo: abogado de oficio. Pero, cuando ya pensaba que no habría nada más que poder publicar sobre este asunto, ayer me sucede lo siguiente.
Salgo de casa camino de un ensayo con The Royal Suite. Me detengo en el cajero a sacar dinero. Un tipo gordo, calvo y muy mal vestido, con pinta de tener más o menos mi edad pero muy mal llevada está delante de mí. Al verme esperando parece ponerse nervioso. Se tira un buen rato delante del monitor sin hacer nada.
-¿Vas a utilizar el cajero?- le pregunto, viendo que ya llego tarde.
-Sí, voy a utilizarlo.- Segundos después se da la vuelta y me dice
-¿Tú duermes bien por las noches?
-¿?¿Perdona?
-Que si duermes bien por las noches.
Su aspecto desmejorado, su actitud apocada y balbuceante y esta pregunta absurda me hacen pensar que quizá se trata de un deficiente mental y empiezo a sentirme un poco mal por haberle metido prisa. Le respondo.
-Sí, muy bien.
-Pues no sé cómo puedes dormir bien después de haber metido en la cárcel a un chaval de dieciocho años.- Y pasando apresurado a mi lado se alejó.
El sentido de alerta es algo absolutamente asombroso. Tiene vida propia dentro de nosotros. Sentí cómo lo más animal de mí descartaba a este individuo como una fuente de peligro. De repente dejó de existir. Me salieron unos ojos en la nuca. Evalué en segundos la actitud de las cerca de treinta personas en la plaza buscando una amenaza para descartarla. El universo parecía discurrir a cámara lenta. Me acerqué al cajero y saqué el dinero, con un chute mezcla de absoluta vigilia e intensa calma. Me dí la vuelta y seguí mi camino.
Desde entonces he tenido tiempo para pensar de todo: Casualidad, me siguieron tras el juicio, si quisieran hacerme algo ya me lo habrían hecho, no he debido dejarme este bigote y estas pintas tan reconocibles en una capital de provincias... Desde que el chaval de dieciocho años me atracó, Valladolid era para mí un poco más la jungla que antes. Un lugar en el que poner en practica someramente lo que aprendí en ese territorio (este sí) verdaderamente hostil que era mi barrio en Lille. Pero después de esto me sentí un poco Will Kane por cumplir lo que considero mi deber como ciudadano, lo cual no deja de tener cierto encanto. Lo más sorprendente es que ni mi vieja conocida ansiedad ni el miedo en sí han aparecido en ningún momento en escena. Solamente una extraña sensación, esa misma noche mientras me invitaban a una copa en un sitio muy elegante, de semialerta contínua que me ha hecho comprender por fin porqué los que viven con una espada de Damocles necesitan placeres más intensos, caros o sórdidos para relajarse y disfrutar de la vida: Porque sin esas cosas y en ese estado, la vida debe ser una puta mierda. Ostras con mortadela. No envidio a los mafiosos multimillonarios, os lo aseguro. Por si acaso, y para despistar más a mi demonio de la paranoia que a un enemigo real, anoche dormí en mi nuevo piso con mis nuevos compañeros.
Y dormí de puta madre, oye.
2/8/08
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ostras o mortadela (VII). el show business |
Siempre he ido bastante justo de dinero, independientemente de mi actividad laboral. En la actualidad he aprendido a sobrevivir de la hostelería eventual en Valladolid, pero ha habido momentos en los que iba más holgado. El problema con las orquestas no era cuánto (que también; la época dorada para los músicos de verbena fueron los ochenta), sino cuándo. Atrás quedaron los momentos en los que tenía que abandonar un piso de alquiler porque un jefe llevaba tres meses sin pagarme, pero viéndolo en perspectiva la cosa no deja de tener su gracia.
El tío que más pero peor me ha pagado nunca fue un personaje bastante interesante. Su relación con el dinero era muy punk, es decir “no future”. Era capaz de estirarse y alquilar un chalé con piscina para alojarnos durante las actuaciones de las Fallas sin saber cuándo cobraría el siguiente bolo. En una ocasión llegó a afirmarme que, debiéndome un par de meses de sueldo, aún no podía pagarme los cuatro duros que me faltaban para que no me dejaran en la calle, y acto seguido meterse en el baño a, muy probablemente, enchufarse una loncha. Para un empresario es una actitud muy Carpe Diem que, de alguna morbosa y retorcida manera, admiro profundamente. Suyas son auténticas joyas del absurdo, como iniciar una relación con una de las bailarinas cuando su mujer era otra de ellas y, teniendo deudas millonarias (con sus empleados entre otros acreedores), pagarle a su amante una espectacular operación de aumento de pecho. El comentario de alguno de los músicos, con una sonrisa amarga en la cara, no se hizo esperar.
-Bueno, ya que esas tetas se han pagado con mi dinero, tendré que pedir hacer uso de ellas hasta que se salde la deuda.
Estas situaciones irregulares con la pasta son insignificantes comparadas con las que se viven en Galicia, donde el negocio de las orquestas es el método tradicional de blanqueo de dinero de la coca. Empresarios, mafiosos y concejales han hecho posible que en concellos de doscientos habitantes se den cita el mismo día tres orquestas con un equipo mayor que el de los Rolling Stones. Las historias de millones en deudas que aparecen milagrosamente tras la visita de unos sicarios a la casa de un empresario de espectáculos son cosa de todos los días. Un buen tema para un periodista de investigación. Pero gracias a esta cultura, Galicia cuenta con una de sus especies autóctonas más representativas e interesantes: el cantante de orquesta gallega, del que escribiré en otra ocasión.
8/7/08
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ostras o mortadela (VI). la compra |
Hoy he hecho la compra en el LIDL. Acordaos del anuncio (¡el carro lleno por menos de 50€!). Y he tenido un extraño dejà vu. Ha sido como volver al LIDL de la rue Gambetta y, por extensión, a Lille. Pero no al de los grandes momentos de los conciertos gratuitos en la Place de la Republique o esa fiesta de renovación y purificación que suponía la Braderie, sino al Lille cotidiano, aquel en el que todavia no tenía trabajo ni proyectos a corto plazo. Aquel en el que la principal actividad de la jornada era hacer la compra. Meses más tarde, leyendo Persépolis, entendí a Marjane Satrapi cuando narraba cómo en Austria iba cuatro veces al día al supermercado porque no tenía otra cosa que hacer. Lo siguiente que le daba por hacer era ponerse a leer, lo que enlaza perfectamente con esta estupenda reflexión de Txe Peligro.
Afortunadamente ya no es mi caso, y me cuesta encontrar un momento del día para leer o llenar la nevera (y me imagino que mi compañera de piso pensará mientras lee esto “¡y limpiar el baño!”). Pero he recordado esas compras de hombre casado con el Peugeot 205 cuando vivía con Susana y me he sentido agradecido con mi vida actual.
Nunca pensé que no tener gran cosa que comer pudiera ser un síntoma de una existencia plena. No sé a quién debo darle las gracias. Pero gracias de todos modos.
9/2/08
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ostras o mortadela (V). a bailar |
Los señores Dobry Dèn, Chari y Jose Chávez, Almu, Teresa, Manu y un servidor tenemos un proyecto que empieza a cristalizar y del que no quiero avanzaros gran cosa hasta que no lo tengamos todo listo, página web incluida (adivinad a quién le ha tocado encargarse de esa parte). Baste decir que acabamos de constituir una asociación que, entre otras cosas, tiene previsto publicar textos literarios inéditos que no han sido traducidos hasta hoy al castellano de conocidos autores ingleses, franceses, alemanes, italianos, daneses y posiblemente más adelante también japoneses, polacos, portugueses y chinos.
La semana pasada, durante la comida/reunión de la asociación en casa de los Chávez, tuve la ocasión de echarle un vistazo a las traducciones preliminares de Chagüen de algunos poemas de Jakobsen (del danés al alemán y posteriormente al castellano) y os aseguro que la cosa pinta bien. Pero hacia las cuatro de la tarde toda la actividad intelectual de este prometedor grupo de editores y traductores dio un giro de ciento ochenta grados. Todos se lanzaron sobre la tele al grito de “¡Tíos, dejad eso que empieza Fama!”
Si esto no resume el espíritu de ostras o mortadela, no sé qué puede hacerlo.
18/1/08
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ostras o mortadela (IV). turismo |
¿Quién no tiene hoy en día un amigo que trabaje de cooperante en Centroamérica? ¿De profesor de español en China? ¿De personal de investigación en el departamento de lengua española en la universidad de Nueva York? ¿De taxidermista, viajando por todo el mundo desollando elefantes y jaguares? Todos estos ejemplos que pongo son reales, gente a la que conozco en primera persona, amigos (salvo el taxidermista, que sólo es conocido). Esta claro que el mundo se nos está quedando pequeño. Cuando te encuentras a alguien de tu barrio en el aeropuerto de Berlín que ha ido allí a hacerse un tatuaje, el hombre o mujer del s.XIX que llevamos dentro se sobresalta un poco, asustado de cómo se han puesto las cosas en lo que a viajar y emigrar se refiere. La joya de la corona de mis ejemplos son unos amigos de Peter, que se han cogido un año sabático para recorrer Mongolia a caballo. Toma mascletá. Joder, yo sin ir más lejos, si todo sale bien, algún día volaré a Los Angeles con los Arizona Baby para hacerles un reportaje fotográfico de su gira por el suroeste de los U. S. A. Furgoneta, desierto y Rock&Roll. Así se forjan las leyendas.
Me consta que todos los ejemplos anteriores son un dechado de coherencia y cojones. Queda muy bonito contar la anécdota, pero también las han pasado putas, como todo inmigrante. Sin embargo hay que andarse con ojo. Esto es lo que escuché el otro día en la cola del pescado, de boca de una señora de mediana edad:
-Uy, pues sí hija, mi Paco y yo no sabíamos si aprovechar las vacaciones para ir a Calcuta o a Nueva York, y al final nos fuimos a ver a la niña a Jerusalén. Ya sabes que a ella le gusta eso del buceo a más de 50m, así que nos llevó a un sitio precioso en el Mar Rojo, y mira, pues me animé y me apunté yo también. Además, como el monte Sinaí pilla al lado luego nos dimos una vuelta...
La democratización del lujo está convirtiendo las grandes gestas de la antigüedad en turismo. El viaje ha perdido todo su sentido como experiencia vital del cambio, y ha pasado a convertirse en un producto más con el que posicionarse socialmente. Ya no hay colonos o exploradores. Allí donde Conrad se encontró con Kurtz ahora hay agencias de viajes. Y quizá sea ese el verdadero corazón de las tinieblas. Me imagino que Stanley y Livingstone estarán revolviéndose en sus tumbas.
30/10/07
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Ostras o mortadela (III). El concepto. |
Cuando me hablaron de ello no me lo podía creer. Es el resumen conceptual perfecto de lo que quería transmitiros con Ostras o mortadela (I) y (II):
Lo cuelgo aún a riesgo de pecar de escatológico, pero quiero recalcar lo sola que se queda la muchacha. Creo que no hay soledad mayor que la del que se caga en un jacuzzi, todavía simbolo de la opulencia de la civilización contemporánea, mientras le están viendo millones de personas en un Gran Hermano (y luego en Internet).
La risa es agridulce. Mañana podría pasarme a mí.
22/8/07
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Ostras o mortadela (II). Bernard Loiseau |
Os contaba hace poco cuánto me llaman la atención las contradicciones que produce este sistema en el que vivimos y que, si bien quizá no hayamos creado, contribuímos a mantener cada día. Cada vez tengo más claro que en este mundo el lujo y la precariedad van de la mano, en una dicotomía imposible de separar, absolutamente necesaria. Y ya no hablo de los cambios de fortuna o de las grandes caídas desde las alturas sociales. No, estoy hablando de que, tras la democratización del lujo del siglo pasado, la situación económica actual ha hecho que el glamour y la miseria ya no estén estratificados, sino que forman una mezcla homogénea, perfectamente batida y de un asqueroso color parduzco. Todo es posible, todos somos susceptibles de triunfar o fracasar. Y no sólo en lo económico. El prestigio es otro gran valor, junto con el dinero, por el que pretendemos trepar buscando algo de aire. Pero es una cucaña tremendamente resbaladiza y algunos lo saben muy bien, como Bernard Loiseau.
Su historia parece una puta novela. Nacido en 1951 aquí, en Auvergne, de una familia modesta, trabaja desde muy joven con los mejores cocineros de Francia, que enseguida reconocen su excepcional talento, y jura conseguir algún día las tres estrellas de la Guía Michelín. En el empeño de este juramento crea un imperio económico (es el primer cocinero que cotiza en bolsa), entre otras cosas gracias a su gran capacidad mediática (fue portada del New York Times) y se convierte en los ochenta y los noventa en el embajador mundial de la cocina francesa. Y seguramente habréis oído hablar de la cocina francesa. Con un 19 de 20 en la Gault-Millau, en 1991 consigue sus tres preciadas estrellas. Y las mantiene hasta 2003, cuando le llegan rumores de que, hartos de verle hasta en la sopa, va a perder una de ellas. Y se suicida.
Hay que reconocer que perder una estrella Michelín no es perder un tenedor. Sólo siendo el mejor se trabaja entonces toda la vida para alcanzar las tres, y cuando lo logras dejas de ganar dinero, porque mantenerlas requiere tal despliegue que se come todos los beneficios. Si consigues tres estrellas Michelín pasas a jugar en la liga de los grandes, donde el dinero se da por hecho y lo que entra en juego es otra cosa. Perder una supone que, siendo aún de los mejores restauradores del mundo, te encuentres de un día para otro sirviendo a cinco donde antes servías a doscientos. Y por supuesto el descrédito entre los colegas. Ser descastado. El ostracismo. Es la principal razón por la que muchos agraciados con este galardón las rechacen.
Todo esto me lo contaba el otro día el patrón de Le Régal en una pausa durante el servicio de la cena, tomandonos un champán del bueno mientras yo aún estaba fregando platos con el delantal puesto y de grasa hasta los codos. Y a eso me refiero. Para Bernard Loiseau su trabajo y su prestigio eran su vida. Sin ellos no había vida posible. Y la vida tiene que ser posible, a pesar de todo. Primero la vida, luego el champán. O el Mistol. Y, últimamente, los dos a la vez en un cóctel difícil de digerir.
11/7/07
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Ostras o mortadela |
He bebido vinos de más de 300€ la botella. He pagado una habitación de cinco estrellas y la he llenado de pétalos de rosa y de velas para despedir a Marion la noche que acababa su Erasmus, y encargué las copas para el vino especialmente para la ocasión (las del hotel no me convencían). He viajado 700 Km para meterme una mariscada. Por circunstancias familiares ayer cené aquí (atención al hilo musical, es mierda de la buena). He compartido mesa y batalla dialéctica, al más puro estilo salones del XVIII versallesco, con algunos de los más reconocidos y potentados médicos de Francia. Me he visto en muchas ocasiones compartiendo placeres o lugares indignos de mi clase, origen y condición, reservados hasta hace pocas décadas a las esferas sociales más selectas, con personas que nacieron en ese medio. Y no me he sentido extraño. Es más, me he encontrado extrañamente cómodo en ese ejercicio social de la clase alta que es la asunción del lujo, hasta el punto de que apenas recuerdo esos momentos, precisamente por no ser extraordinarios. Los que os cuento antes son los más recientes, los demás han pasado a engrosar la lista de momentos olvidados corrientes.
¿Cómo es posible todo esto? ¿Cómo se puede dar una contradicción tan enorme? Soy el último mierda del mundo occidental, como demuestran los siete céntimos en metálico de mi cartera y mi cuenta corriente a cero. Este mundo que hemos creado es ilógico e incomprensible, porque permite a descastados de clase baja-baja como yo codearse un día con las altas esferas y regalarse con sus placeres para negarle al siguiente los dos duros imprescindibles con los que hacer un viaje mochilero con sus amigos, durmiendo al raso y comiendo bocadillos de mortadela.
No puedo ir a Italia, chicos. De hecho he tenido que poner publicidad en el blog para ayudar a pagar mi (ínfima) parte del alquiler, dado que me he quedado sin alumnos hasta septiembre. Otro año más, y ya van ocho, que no puedo hacer El Gran Viaje del Verano. Otro gran recuerdo que lamentaré haberme perdido el día que descubra que me he hecho viejo irremediablemente.
Dios, lo que daría por un bocadillo en la cuneta.
