19/9/12
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que se jodan |
24/5/11
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carta abierta a los votantes del PP |
Queridos conciudadanos:
Teniendo en cuenta las cifras de participación y los resultados de las últimas elecciones municipales y autonómicas, aproximadamente casi uno de cada tres de vosotros vota al Partido Popular. En mi región y en mi ciudad la proporción es mucho mayor. Hace unos días os ví por televisión celebrando la victoria del partido al que votais, y entonces me dí cuenta de que esa noche en la calle Génova no había nadie a quien yo pudiera conocer. Convivo con vosotros, pero no os conozco. No sé cómo sois ni lo que pensais. No sé nada de vosotros. De repente me siento un extrajero en mi propio país. Sé que no sois mis amigos ni mi familia. Sí que sois una compañera de trabajo algo indiscreta, un antiguo amigo del instituto en una situación difícil... Ni por asomo sois una de cada tres personas de mi entorno. ¿Dónde estais los demás? Me obligais a acatar unas normativas municipales y autonómicas que considero injustas, pero lo acepto de buen grado porque, a pesar de que creo necesaria una reforma de la Ley electoral, aún creo en los principios de la democracia, y defendería, incluso violentamente si fuera necesario, vuestro derecho a votar al PP.
¿Tan distintos somos, vosotros y yo? ¿Tan incompatibles son nuestras ideas sobre la libertad, la justicia, la igualdad y la solidaridad? Yo creo que no. Precisamente por eso me gustaría saber porqué el PP. No he leído su programa electoral, no sé si vosotros lo habéis hecho, pero necesito entenderlo. Qué es lo que a mí se me escapa que vosotros tenéis tan claro, cuales son las propuestas que os parecen tan acertadas... Qué os han prometido, en definitiva. Qué os dan. Porque me siento como si delante de mis narices una logia secreta, de la que todo el mundo forma parte menos yo, fuera la guardiana de una solución milagrosa para todos los males. No me malinterpretéis, lo digo sin acritud ni ironía. Sé que no es así, sólo intento expresar cómo me siento. Y ese sentimiento es injusto para vosotros y para mí. Por eso necesito comprender. Necesito que me digais porqué votais al PP.
Tened en cuenta que NO soy un votante del PSOE (a los que sí que entiendo y conozco, porque fuí uno de ellos), así que los argumentos basados en el “y tú más”, que parecen monopolizar la discusión política de este país desde hace tanto ya que no recuerdo otro discurso político, en este caso no sirven, porque en eso estamos de acuerdo. Y no por eso voto al PP.
Por favor, explicádmelo. Convencedme. Os escucho.
26/3/11
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ensoñaciones del paseante encabronado |
He vuelto a sacar del armario las mallas cortas y las zapatillas. El cuerpo me lo estaba pidiendo. Sin embargo correr me generaba mucho ruido mental, así que he convertido un acelerado paseo de jubilado (algunos lo llaman marcha) en mi única actividad deportiva. Este ritmo sí que te deja empaparte hasta el fondo del entorno urbanístico de la ruta.
Vivo en un barrio residencial a las afueras de una capital de provincias. Cuando se edificó, hace quince años, esto era el culo del mundo, pero al menos se organizaba alrededor del final de la gran avenida que recorre la ciudad. Y se pobló. Lo que le ha crecido a los lados en los dos o tres últimos años no lo ha hecho. Es una zona perfecta para salir a mover el culo por la noche: Amplias avenidas sin tráfico, nadie que te vea sudando con esa pinta, una somera iluminación muy propicia para tener epifanías decadentes y crepusculares si te llevas contigo a Tom Waits o a Miles Davis... Unas calles, más que tranquilas, directamente muertas. Es como salir a pasear por los restos de la civilización después de una hecatombe nuclear. El fin del mundo debe parecerse mucho a esto. Y me encanta el fin del mundo.
La sensación es exactamente la opuesta a la que tienes cuando visitas el viejo barrio en el que te criaste. Allí una baldosa levantada, una farola, una verja... son los receptáculos físicos de una mitología generatriz que desemboca en lo que luego ha acabado siendo la historia de tu vida. Por no hablar de los parques. Lágrimas como puños se me han caído visitando los parques de mi adolescencia.
Pero estos barrios fantasma no significan nada. Nadie va a recordar estas arboledas, estas aceras o estos portales emocionado pensando “aquí me caí con la bici y me hice esta cicatriz” o “aquel verano me dí el lotazo con la Jesi en este rincón”. Estos barrios fantasma tienen una población fantasma que no está aquí. Está viviendo su vida en alguna otra parte. Y esa es la peor de las derrotas de los promotores inmobiliarios. No la económica, sino la derrota moral: Han dejado de ponerle el decorado a las vidas de la gente para pasar a ponérselo a los paseos de un triste treinteañero sudoroso en mallas. Aunque a ellos no les importe una puta mierda.
3/3/11
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apología del hurto |
La Niña Fatal y yo vamos a ver una película a un multicine. Uno grande, con más de diez salas y un porrón de metros cuadrados. Y una sola taquillera para cobrar las entradas. Las pagamos, compramos unas palomitas y un refresco y nos dirigimos a una de las tres salas en las que proyectan lo que queremos ver. No hay nadie que nos pida las entradas ni nos corte el paso, ni en el hall ni en la sala. Entramos. Empiezan los anuncios. El primero encadena una serie de planos que sugieren la idea de la espera: Un semáforo en rojo, una lavadora centrifugando… Luego un dispensador de entradas automático del mismo cine en el que estamos. Aparece la frase “Se acabó la espera”, y luego “Utilízalos”. “Ayúdanos a despedir a los pocos empleados que aún necesitamos”, pienso yo. Vemos la película y nos vamos. Nuestros papelitos con el número de butaca están intactos. La explicación a esta desolación es bien sencilla: Es lunes a las seis de la tarde.
Unos días después La Niña Fatal va a comprarse unos pantalones. Mientras espera a que alguien aparezca en caja y se los cobre yo la llamo por teléfono. El hilo musical de electrónica a toda tralla no le deja escuchar, así que con los pantalones aún de la mano sale de la tienda para hablar conmigo. El arco de seguridad no pita, pero ella se da cuenta de que se los está llevando sin pagar y vuelve a entrar. Esta vez sí, la alarma hace que una dependienta salga y le cobre. Era un martes a la hora de comer.
Sería fácil poner más ejemplos en el sector hostelería, pero seguramente ya os habréis encontrado con muchos camareros demasiado ocupados para cobraros, y sabréis de qué hablo. Nunca antes chorizar o hacer un sinpa había sido tan fácil. A los grandes comercios no les cuesta nada estirar los horarios de sus empleados y mantener abiertos los establecimientos durante todo el día, pero no les sale rentable colocar a más de uno o dos, salvo en los momentos de mayor afluencia. Al final tienes al dependiente cobrando, ordenando el almacén y limpiando, todo en el mismo turno, con lo que no está haciendo bien nada. Tampoco las labores de vigilancia. Así que sólo consiguen cobrarnos porque confían en que paguemos. Por otra parte, el nivel de compromiso de estos empleados con la empresa es cada vez menor. Ninguno quiere problemas, y menos por los cuatro duros que les pagan.
Enseñemos a los responsables de recursos humanos de las grandes cadenas de ocio, restauración, textil y consumibles de todo tipo por qué necesitan más contratación, y hagámoslo con el único lenguaje que entienden: El dinero. Llamemos la atención sobre las precarias condiciones de trabajo de sus empleados a través de las pérdidas y COMETAMOS HURTOS. Continuamente. Porque es el mejor momento para hacerlo. Porque es nuestro deber ciudadano. Y porque, qué demonios, nos vendrá bien ahorranos una pasta con la que está cayendo.
Yo voy a empezar hoy mismo.
5/3/10
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estoesmejordejarquesepudra |
Así de primeras el afán de que se lo cuentes a todo el mundo para que consulte la página en nombre de la buena fe me suena a aprovechamiento de la coyuntura actual como oportunidad para hacer negocio, como promulgan esa pléyade de iluminados del reciclaje profesional y el coaching que inundan ahora los medios de comunicación y que se ganan la vida diciéndole a la gente que se pueden ganar la vida diciéndole a la gente que se pueden ganar la vida diciéndole a la gente… Un momento ¡Son ellos! ¿Es que no habéis aprendido nada de las hipotecas Subprime? Y en segundo lugar: Hay que DESCONFIAR de cualquier mensaje cuyo emisor no se identifica. Ocultar tu identidad es la primera norma del libro de texto para dar el palo en cualquiera de sus formas. Que no te digan claramente que este tinglado está a cargo del Consejo Superior de Cámaras de Comercio y financiado por Telefónica y El Corte Inglés (entre otros) huele a chusco, lo que demuestra la poca CONFIANZA que en realidad tiene el organismo en sí mismo y en sus posibilidades de conectar con el público sin este subterfugio de marketing perroflauta (sobre todo cuando no existe la opción de comentar los contenidos). Y además, citando a Aznar, ¿quién te ha dicho a tí que yo quiero arreglar esto? A lo mejor lo que quiero es terminar de mandarlo todo a tomar por culo, salir a la calle con horcas y antorchas a quemar sucursales de banco y coches de lujo. ¿Arreglarlo? Muy al contrario, me alegro de que se esté jodiendo por momentos. La crisis es una situación natural y necesaria para volver a poner las cosas en su sitio, la gran oportunidad que estábamos esperando. Este empeño en arreglarlo todo es insano. Quizá deberíamos empezar a pensar en arrasarlo de una puta vez, amputar por el trozo bueno, desenchufar a este viejo moribundo que es el capitalismo y dejar paso a otra cosa, que ya va siendo hora.
No son tontos. Saben que si desde el principio nos hubiesen vendido esta moto de “por favor, sigue comprando, por tu madre” desde tan popular organismo, lo mismo habrían encendido la chispa que hacía falta para que los inflamados ánimos del respetable hicieran volar por los aires este puto teatro. Porque no sé si os habéis dado cuenta, pero somos una cantidad de gente enorme. A las malas, a tortas, no hay quién nos lleve la contraria. Lo único que nos ha mantenido durante todos estos años con la cabeza metida en el retrete es, precisamente, esa sacrosanta CONFIANZA que ahora quieren recuperar a toda costa. Hemos dejado que nos mangonearan como han querido hasta el punto de que el único poder real que nos queda es dejar de confiar. Pero en realidad con eso basta.
No sólo hemos perdido la CONFIANZA en el sistema. Además estamos de muy mala hostia. Y lo saben. Por eso lanzan la piedra y esconden la mano de esta forma tan burda, lo que consigue que nos pongamos de mucha más mala hostia aún. No sé vosotros, pero yo no sólo no voy a arrimar el hombro para arreglar nada, sino que voy a hacer lo posible (y dentro de la ley, jugando con sus reglas, a mayor regodeo) para terminar de joderlo.
22/1/10
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todo es mentira |
Dos reportajes en el periódico, uno junto a otro. Primero, la detención de los aspirantes a bombero que provocaron el fatal incendio de Horta de San Joan sólo se produjo gracias a que uno de ellos, angustiado, confesó por teléfono (pinchado por orden judicial). Segundo, una docena de jueces y fiscales de la Audiencia Nacional ejercen ahora la abogacía defendiendo a los acusados de la Operación Malaya, a El Pocero o al jefe mafioso ruso Kalashov.
A la Niña Fatal le han cortado la ayuda al alquiler a partir de un escrito de renuncia que ella nunca redactó, mucho menos firmó y que nadie sabe dónde está. No es que a la Junta de Castilla y León se le haya perdido un papel (cosa que ya ocurrió, dejándola sin varias mensualidades), sino que ha aparecido uno de la nada que exonera a la administración de pagar sus deudas.
Hay un mail circulando por ahí contando que la pena por agresión es menor que por bajarte música de internet, y que el delito de repartir copias de discos gratis es más grave que el de repartir porno casero a la puerta de un colegio de primaria.
Ser moroso sale rentable. No importa la cantidad, una vez que tienes una deuda, cuanta más acumules mejor. Puedes comprar un bien a plazos, y si te mantienes en tus trece de no pagar las cuotas, al cabo de un número suficiente de meses la financiera te ofrecerá que pagues la mitad del importe sin intereses y sin contrapartidas legales, eliminándote de los listados de morosidad. Para casos más flagrantes sobre lo que ocurre cuando traicionas la confianza en el sistema económico, consultad a Enric Durá.
Un conocido me explicó hace años lo barato (judicialmente) que es matar en este país. Una vez que empieces da igual que asesines a uno que a seis. Los siguientes cadáveres solo son agravantes. Y si lo haces en coche, atropellando, sólo es una infracción de tráfico, aunque sea intencionadamente.
Que esta farsa que es la vida tal y como la conocemos se mantenga depende de un pacto social basado en la confianza hacia el Estado, las instituciones y los factores económicos, un pacto que hace tiempo que dejó de ser universal. Si el aspirante a bombero que confesó por teléfono hubiera mantenido silencio como su compañero (según el reportaje "más bregado en estos bretes" al acumular otras dos condenas) jamás les hubieran pillado. Su gobierno ya había encubierto su responsabilidad. Lo que les ha llevado a la cárcel es el peso de su conciencia. La educación. La confianza en su certeza del sistema. Un sistema que, por otro lado, falsifica documentos, pone al servicio de los criminales a sus mejores efectivos y precisa de los remordimientos de los culpables para administrar justicia.
Ya está naciendo la generación que no se ha creído esta mentira, que no le tiene respeto a la autoridad ni miedo a la justicia del Estado (¿acaso debería?). Una generación que no tiene ningún lastre educacional ni moral, que sabe que, si se empeñan en negar su crimen, su deuda o sus actos, saldrán indemnes y fortalecidos. Una generación Nieztcheana de superhombres que lo mandará todo a tomar por culo. Y me alegro de que así sea, porque nos lo hemos ganado a pulso.
En serio, ¿de verdad no os entran ganas de haceros terroristas a vosotros también?
16/11/09
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cultura taurina |
Las palabras ‘muerte’ y ‘morbo’ tienen el mismo origen. La agonía es atractiva, no podemos evitar prestar una atención fascinada al horror y al sufrimiento. Mecanismo psicológico o consecuencia cultural, la sangre nos pone desde siempre. Antes de que apareciera la moral judeocristiana (paradójicamente los judíos se han matado entre sí desde el comienzo de su historia, y de los cristianos mejor no hablamos), el Imperio Romano era muy consciente de esta realidad y no se andaba con chiquitas: Juntaban a unos cachorras untados en aceite a mutilarse entre ellos o, mejor aún, echaban de comer a los leones a un puñado de monoteístas famélicos y desarmados. Y eso era el equivalente de la tele en horario infantil.
Afortunadamente hemos cambiado un poco y ahora disponemos de la tecnología suficiente para dar salida al monstruo interior sin hacer daño a nadie: Cine, videojuegos, hentai, black metal… Nos ayudan a superar nuestras contradicciones morales y permiten socializarnos correctamente pese a nuestra más íntima naturaleza depredadora. Así que, a estas alturas de la película, ¿Qué pinta un espectáculo como las corridas de toros?
Nuestra España católica, apostólica y romana ya no está moralmente dotada para ajusticiar públicamente a seres humanos, como en los tiempos de la Inquisición, desde 1894 (al contrario que en algunos países islámicos). Hasta hace bien poco el Estado aún ejecutaba, sí, pero ya en privado, a escondidas, sin herir la sensibilidad del respetable. Sin embargo ese público escandalizado con la muerte tiene bajas pasiones que satisfacer… Y matar bichos no es pecado. Un bicho bien gordo, que dé miedo, que berree con fuerza cuando le duela, un fetiche vudú sobre el que cargar nuestro odio e inseguridades como especie y como civilización para demostrarnos que podemos destruir aquello a lo que tememos y a lo que rendimos culto (porque no hay mayor devoción que la que siente el torero por el concepto abstracto del toro). Es el tipo de mito pagano que debería haber desaparecido con el cristianismo y que, paradójicamente, se mantiene precisamente en países de gran tradición católica.
Soy consciente de que no podemos negar lo que somos. Pero de la misma manera que, tras siglos de evolución cultural, follamos (o lo que quiera que hagamos con nuestros impulsos sexuales) en privado y con el consentimiento del otro, la explotación de la violencia también debería contar con ese contrato de intimidad y reciprocidad. Seguir aferrándonos a ritos violentos comunales nos acerca a otras formas de violencia colectiva como los linchamientos, los pogroms y, en última instancia, la guerra. Qué si es así, que se asuma, pero entonces que las autoridades que permiten la lidia no persigan a las putas en el Raval. Y si es eso lo que queremos hay otras formas de descargar violencia colectiva de forma justa, consensuada y sin una muerte agónica de por medio.
Lo que pasa en la plaza es una obscenidad ofensiva de mal gusto, y últimamente una farsa (toros sedados, pitones rebajados…). Pero esto os lo dice uno que disfruta en los encierros, porque recordemos que el toro en sí no es más que una res, un animal que nos comemos legítimamente y que a tal fin debería ser sacrificado limpiamente en un matadero… O no haber sido concebido. Los argumentos de los colectivos antitaurinos suelen pecar de inocentes, aludiendo a los derechos del animal, cuando lo verdaderamente indecente de este negocio es la cantidad de dinero se lleva de los ayuntamientos todos los años, un dinero que sale del bolsillo de los ciudadanos para financiar buena parte de una función gore cada vez más minoritaria e insostenible, abocada afortunadamente a la desaparición, junto con los abrigos de piel, cuando hayamos enterrado a la generación que la sustenta económicamente. Eso sí, dejándonos para la posteridad un legado cultural innegable (por mucho que algunos se empeñen en obviarlo). ¿Cúal?
Embroque. Quiebro. Quite. Traílla. Albero. Trapía. Virola. Por no hablar del pasodoble (y olé).
31/10/09
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ficción y reacción |
El tío que se inventó el universo como lo conocemos hoy en día decía en su 3ª ley que "toda acción produce una reacción de igual valor y dirección, pero de sentido contrario". Este postulado no sólo es válido para los cohetes, también lo es para la literatura.
Pausa café en el trabajo. Unas colegas mantienen lo que parece una conversación de ascensor hasta que presto atención.
-No te lo tomes como un fracaso. No siempre vas a conseguirlo todo, el mundo no es así.
La frase no tiene nada de especial. El tono anodino e impersonal con el que se pronunció tampoco. No debería haberme llamado la atención si no fuera por lo poco que me llamó la atención. Ese trozo de conversación era tan insulso, predecible y tenía tan poco de la personalidad de quién la había pronunciado que si me hubiese dado la vuelta y encontrado con una cámara grabando una escena de una serie española no me habría sorprendido en absoluto. Y sin embargo estaban tratando un tema de cierta importancia en la vida de alguno de los interlocutores.
Facebook. Entre los conciertos y pinchadas de los amigos, los videoclips y los tests chorras del tipo ‘¿Qué clase de queso de pasta blanda eres?’ de vez en cuando alguien define su estado como “Si mantienes tu corazón sensible ante el paso del tiempo, el viento de la ilusión soplara en tus sueños” o alguna mierda por el estilo. Vale, el ejemplo no es tan valido: En Facebook no se habla, se escribe. Pero es un “sitio” en el que todo el mundo escribe como habla (o debería).
Algunos recordaréis un affaire pagafantásico que me tuvo encandilado hace algún tiempo. La verdad es que la chica lo valía, pero empezó a dejar de impresionarme cuando alguien que nos conocía a los dos preguntó inocentemente porqué el emperador iba desnudo.
-Qué raro habla. ¿Es extranjera o algo?
Y no lo es. Lo que le ocurría era que hablaba como escribía (al menos conmigo. Y funcionó). Y escribía con un barroquismo culto pretendidamente sucio que, en el fondo y a pesar de su capacidad de crear atmósfera, sólo entendía ella. Pero bueno, el que esté libre de pecado…
Lo que quiero ilustrar con estos tres ejemplos es un hecho al que rara vez prestamos atención: La capacidad que tiene la ficción de modificar y construir nuestro mundo. De la misma manera que la observación altera lo observado, cuando producimos y consumimos ficción estamos modelando la realidad a nuestro alrededor. De alguna forma creemos que lo que leemos o vemos en el cine o la televisión es la realidad, por eso nos entretiene (de otra forma no lo haría, principio de verosimilitud), y paulatinamente empezamos a actuar en nuestra vida cotidiana en función de esas ficciones. Es una reacción inevitable y, bien enfocada, puede ser muy enriquecedora, hasta el punto de que buena parte de nuestros sistemas y estructuras (el uso que hacemos de nuestros sentimientos, nuestras convenciones sociales…) se han creado a partir de géneros y estilos literarios. Baste recordar lo que entendemos actualmente por ‘drama’ o ‘romanticismo’. De ahí la importancia de producir y consumir ficción de calidad. Si, como parece que ya está ocurriendo, la ficción que nos tragamos a diario se convierte en una puta mierda, resulta evidente en qué transformamos nuestro mundo. El de todos.
Así que ya sabéis, por el bien de vuestros hijos: No leáis, escuchéis ni veáis basura. Me niego a vivir en un episodio de ‘Sin Tetas No Hay Paraiso’ infinito.
25/9/09
8/9/09
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asuntos pendientes |
Me envía una de mis primeras ex, vía Facebook, un mensaje sobre una llamada que ha recibido del banco en el que ella tenía una cuenta de la que yo era autorizado cuando todavía estábamos juntos, hará unos seis años. Alguien que debe trabajar de lo mismo que yo cuando empecé en esto del recobro le avisa de que tiene un descubierto en cuenta y que debe hacerse cargo de él lo antes posible. Me pregunta ella que de qué cojones puede ser eso. Le digo que no se preocupe, que yo vivo cerca de nuestra antigua sucursal (ella ahora vive en otra ciudad) y que voy a solucionarlo. El caso es que hace unos meses hubiese ido con toda mi buena voluntad a informarme y a pagar religiosamente el descubierto. Sin embargo sabiendo ahora cómo se las gastan estos hijos de puta hice recopilación de datos para saber por mí mismo qué había pasado antes de que me vendiesen la moto.
La cuenta fue cancelada poco después de romper, y las dos tarjetas destruidas en la misma sucursal por un empleado. Este año mi ex cumple veintimuchos, una edad que algunos bancos establecen como edad oficial para dejar de ser joven y empezar a cobrarle comisiones. La cantidad cuadra: Le han cobrado el mantenimiento de este año de las tarjetas. La cuenta asociada sigue abierta sin nuestro permiso ni conocimiento. Me persono en la sucursal con esta información, muy buen rollo y muy tranquilo a informar de mi descubrimiento y a solicitar que se reintegre esa cantidad. Les digo que, como se da el caso de que trabajo para otra entidad, ya sé que es práctica habitual no cerrar todas cuentas cuyos titulares lo soliciten para no perjudicar las cifras de la oficina y retener (contra su voluntad) a un cliente, y que nos quiero evitar el engorro de tener que denunciarlo, ya saben. No, no, en nuestro caso nunca hacemos esas cosas, me dicen, seguro que ha sido un error, uno que dura seis años, añado, envían un fax, me hacen firmar una solicitud no fechada de deshabilitación de tarjeta y me dicen que cuando mi ex haga lo mismo en una oficina de su ciudad se le reembolsará la cantidad del descubierto.
Si vais a cerrar una cuenta en cualquier banco o caja PEDID SIEMPRE UN CERTIFICADO FECHADO Y FIRMADO POR LA SUCURSAL. Parte de los casos con los que nos encontrábamos cuando trabajaba para el banco eran de cuentas que habían quedado abiertas tras haber solicitado el titular cerrarlas, o que incluso se habían abierto sin su consentimiento explícito, amparándose en las condiciones de contratación de un producto financiero, y que al quedarse a cero empezaban a acumular saldo negativo al cargársele comisiones e intereses de esos descubiertos sin que el titular se enterase hasta que la cantidad era lo suficientemente rentable como para encargarnos su recobro. Es más, a mí un director de sucursal me ha llegado a decir por teléfono que no cerraba una cuenta a cero cuyo titular lo había solicitado porque no le salía de los cojones.
Tal cual.
5/9/09
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una solución a la crisis |
A menudo olvidamos que los términos que usamos diariamente tienen connotaciones de las que carecían en origen. Actualmente ‘crisis’ es sinónimo de miedo o desastre, cuando en realidad los griegos utilizaban esta palabra para referirse al ‘cambio’.
El verdadero problema para superar la actual crisis económica es que los organismos encargados de ello no conciben ese cambio necesario de estructuras ni, desde luego, se plantean la posibilidad de una renovación del pensamiento más profunda, todo lo más se esfuerzan en parchear un modelo obsoleto para ganar algo de tiempo con la esperanza de que el consumo se reactive. Resulta evidente que otra solución pasaría por un natural relevo de las élites económicas que pretende evitarse a toda costa, perpetuando así la posición de los actuales dirigentes fácticos de la oligarquía maquillada de democracia en la que vivimos.
Aún aceptando la posibilidad de un mantenimiento de la estructura económica basada en el capital, las soluciones van a pasar por un cambio de mentalidad bastante indigesto para estos oligarcas. Una opción lógica sería el reflote de las actuales fuentes de economía sumergida. Si asumimos que el consumo es el motor natural del sistema, encontramos fácilmente un mercado masivo y consolidado que sería capaz de generar una gran riqueza añadida si se regularizara. Estoy hablando del sector de ciertas drogas actualmente ilegales.
Sin entrar en consideraciones sobre sus efectos nocivos para la salud en comparación con el tabaco y el alcohol, dos de los bienes de consumo que, por otra parte, menos afectados se han visto por el descenso del poder adquisitivo de las familias incluso a pesar de los recientes gravámenes a los que se les ha sometido, pensemos por un momento en lo que supondría para la economía de un país la creación de un sector agrícola del cáñamo para consumo alimentario, los puestos de trabajo que generaría una industria de tratamiento y elaboración de productos derivados, su distribución y comercialización, por no hablar de los ingresos para el estado a través de los impuestos sobre estos productos que, seamos sinceros, llevan años comercializándose de forma masiva sin que el conjunto de la sociedad se beneficie del efecto que un intercambio económico de esta magnitud produce y creando, además, el pernicioso efecto secundario de la criminalidad derivada del narcotráfico sin supervisión sanitaria ni legal. Una situación regularizada de este mercado ya existente, bajo un estricto control público en estos dos aspectos como el que ya se aplica en otros países o, en el nuestro, a las drogas legales, supondría un paso de gigante en la asunción de nuestras verdaderas motivaciones de consumo como sociedad, pero podría poner en peligro la posición de control que ejercen actualmente sobre el mercado los intermediarios del resto de productos de consumo alimentario, que se verían incapaces de hacerse con el control de este nuevo sector, precisamente por no ser nuevo en absoluto en realidad y estar controlado desde hace tiempo por pequeños y medianos productores y distribuidores con una fuerte cohesión al margen de una legalidad que fomenta y beneficia a las grandes corporaciones alimentarias.
Claro que, para llegar a ese punto, primero habría que resolver ciertas contradicciones, como por ejemplo que a día de hoy la situación legal del cultivo de planta de cáñamo es similar a la del tabaco. Esta situación y la total imposibilidad en la práctica de una concesión para comercializar la producción local favorece que el control del mercado de tabaco este en manos de los actuales propietarios de los medios para importarlo o cultivarlo y tratarlo en el extranjero. Es decir, favorece un monopolio de la multinacional.
No nos engañemos. La negativa de los gobiernos a legalizar el consumo de los productos derivados del cáñamo no tiene motivos sanitarios o morales sino puramente políticos, aún siendo conscientes de sus beneficios económicos. Beneficios que, incluso en las actuales condiciones tan proclives (por fin) al cambio, se empeñan en negarnos como solución.
3/7/09
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un deber ciudadano |
Cuanto más complejo es un sistema más difícil es controlarlo. Cuanto mayor es el control ejercido sobre ese sistema menor es el elemento necesario para desestabilizarlo. Estas dos premisas, que explican la situación de (todavía) inexplicable libertad que vive Internet, han tenido una manifestación política en las recientes elecciones al Parlamento Europeo. Según recogen varios medios, el Partido Pirata sueco (con su correspondiente réplica en España) se ha convertido en la quinta fuerza política del país escandinavo y ha sido la opción más votada entre los menores de treinta años.
El Partido Pirata aboga por una reforma de la ley de propiedad intelectual y un refuerzo de la protección de la intimidad y la democracia directa. Nada más. El paralelismo con los partidos verdes es evidente. En contraposición a los grandes partidos, que se ven capaces de y pretenden abarcar todos los aspectos de la vida de los ciudadanos, fracasando estrepitosamente, los pequeños partidos tienen una sola idea, pero muy clara, con la que llegan a conectar mucho mejor con sus potenciales votantes. Ya sea la liberalización de la marihuana, el aborto, la despenalización de la pederastia, la defensa del concepto decimonónico de familia o la abolición de las corridas de toros, los pequeños partidos concretan las propuestas que los grandes no pueden asumir sin contravenir sus compromisos, morales en ocasiones, con las corporaciones privadas que les sustentan económicamente la mayor parte de las veces, alejándose así cada vez más de los votantes. Sólo un adecuado bombardeo mediático (financiado por esas mismas corporaciones) centrado en el ataque al partido antagonista mantiene a la ciudadanía de un lado u otro de la línea, haciéndonos olvidar que en realidad esa línea no la trazamos nosotros. Más aún, que ni siquiera hay línea.
La actual Ley de Partidos favorece esta situación bipolar. Pero imaginemos por un momento un Parlamento en el que para derogar o aprobar una ley tuviesen que ponerse de acuerdo treinta partidos distintos. Un Parlamento cuya multiplicidad representara realmente al conjunto de la sociedad. Una sociedad cuyos individuos votasen en función de qué problemas les acuciaran más directamente en esa legislatura (aquellos problemas sobre los que, según la teoría de la Agenda Setting, los ciudadanos buscan información por sí mismos y no en los mass media) en vez de votar al de siempre. Sería un sistema realmente complejo de gestionar. Y por lo tanto imposible de controlar a corto plazo por las corporaciones.
Que la política se ha convertido en un juego público entre conglomerados empresariales, completa y deliberadamente incomprensible y ajeno a los ciudadanos es un hecho sabido. Pero esto ya no es un problema para la ciudadanía. Es un problema para los políticos. Tengo la esperanza de que los principios de la globalización bien entendida (piensa global, actúa local) afecten a la organización del Estado, haciéndonos herederos de la estructura organizativa corpuscular de Al Qaeda (obviando su repulsiva actividad e ideario): Un mismo objetivo, diferentes grupos independientes trabajando autónomamente para lograrlo.
Y así no habrá quién nos dé caza.
30/4/09
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cierra el Café España |

Para los que no sois de Valladolid quizá esta noticia no os diga gran cosa. Pero que nos cierren el Café España aquí es como que nos cierren el Congreso de los Diputados. Esta institución, este fantástico agujero del Jazz, esta máquina de teletransporte capaz de llevarte a Nueva Orleans una noche y la siguiente a Nueva York, esta luz en la oscuridad de la noche vallisoletana, este lugar mágico y acogedor que iba a sobrevivirte, a partir de mañana ya no existirá. Entre sus más de dos mil actuaciones se cuentan las de gigantes del Jazz y el Flamenco como Horace Parlan, Tete Montoliu, Sonny Murphy, Chano Dominguez, Jesse Davis, José Menese o El Cigala para luego acoger a bluesmen como Elliot Murphy, nuevos valores de la escena pop como Russian Red y artistas de la talla de Raimundo Amador, Nacho Vegas&Cristina Rosenvinge o Pedro Guerra entre otros, por no hablar de que aquí ha grabado Javier Krahe uno de sus discos.
No es la primera vez que cierra. Reabrió en 1991 tras dos años de parón, pero siempre se había respetado el espíritu original de café con casi un siglo de solera. La diferencia es que en esta ocasión cierra porque el propietario, un constructor que no contaba con que su boyante negocio se fuera al garete con tanta rapidez debido a la crisis, ha decidido no renovar el contrato de arrendamiento para, según algunas fuentes, vender el local a toda prisa a una franquicia de comidas. Así que, dado que son los únicos que todavía salen a flote con lo que cuesta comprar un local así, es muy posible que de aquí a unos meses tengamos un nuevo McDonalds donde antes teníamos uno de los pocos lugares de cultura musical que quedaban en esta ciudad. Para ponerse a llorar. Yo por mi parte esta noche me voy a tomar la última, de despedida, y a celebrar su funeral a la irlandesa.
Aquí el comunicado de la dirección. Y aquí la noticia en El Norte de Castilla
6/4/09
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educación emocional |
Como gestor de morosos parte de mi trabajo consiste en mediar en conflictos entre pequeñas empresas por importes que no se sabe muy bien quién le debe a quién. En ocasiones la factura no es sólo un papel en el que se refleja una cantidad de dinero, sino que funciona como un fetiche vudú, un símbolo sobre el que se vierte una cantidad malsana de inquina y rencor mutuo que poco tienen que ver con lo económico. La deuda se convierte en una excusa para joder al otro, para ejercer el poder de humillar al rival al que un día se prestó un servicio. Algo así como la puñalada carcelaria por deber un favor.
Algunos de nuestros clientes declaran como siniestro cantidades desorbitadas que luego se demuestran mucho menores al descontarse las que, a su vez, ellos deben a sus deudores, que no tienen contratados nuestros servicios y por tanto son los malos. Otros se interesan enfermizamente por el procedimiento de presión que ejercemos sobre sus morosos y nos llaman a diario animándonos a que enviemos a nuestros agentes presenciales (una maquillada versión del cobrador del frac de toda la vida) o directamente a juicio, con una fruición sádica y enconada. Y hablando con ellos percibes que su vida laboral (y por ende su vida) es una continua supuración de estos sentimientos. Una gran parte de la gente de mediana edad en este país vive permanentemente en este estado de mala baba y vigilia del odio que a quien más perjudica en el fondo es a quien las practica. ¿Qué les llevó a convertirse en estos mezquinos servidores del lado oscuro? ¿Qué falló en su educación para que eligieran minarse la salud en un ejercicio de (auto)destrucción del que nunca se saciaran, como unos yonquis del odio?
La más urgente necesidad en este país, por el bien de sus ciudadanos, es una correcta educación emocional. No sirve de nada enseñar contabilidad y dejar de lado el cómo gestionar tus emociones y tus impulsos. Todos estos problemas se derivan de no haber enseñado a tiempo a esta gente que lo importante de la película es otra cosa. Si este rollo New Age no les resultase demasiado convincente vayamos a los consejos morales de la generación que les precede. Por increíble que resulte que yo ponga este ejemplo: ¿Os acordáis de lo que el Padrenuestro decía en el “Y perdona nuestras ofensas así como nosotros perdonamos a los que nos ofenden” antes de que lo reformaran?
En efecto, “perdona nuestras deudas” y “perdonamos a nuestros deudores”.
22/3/09
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carroñeros |
Quisiera recordaros que, en estos tiempos que corren, servidor trabaja de gestor de impagados. Mi trabajo consiste en llamar a pequeños empresarios y autónomos (A) que deben dinero a otros empresarios (B) y recordarles que, si no nos pagan a nosotros (la aseguradora que cubre los impagos de B) nuestro departamento jurídico les va a crujir. Oigo de todo al cabo del día. Señorones a los que hace un año nadie se habría atrevido ni a soplar ahora se ven obligados a implorarme por teléfono que retenga su expediente en tramo prejudicial una semana más, bajo amenaza de pegarse un tiro porque es lo único que les queda, a la espera de que milagrosamente alguno de los pagarés que han aceptado de terceros no vengan devueltos. Mujeres de mediana edad, que abrieron un comercio gastándose los ahorros de toda una vida para encontarse con una tonelada de género pendiente de pago, que tienen que desalojar un local cuyo alquiler no pueden pagar el mes que viene. Por no hablar de los chapuceros intentos de algunas empresas (B) de colar facturas duplicadas o falsas para cobrar del seguro.
Cuando estaba en el otro departamento, el del banco, era aún peor. Allí oía llorar a madres solteras, en paro desde hacia un par de meses, mientras les avisaba de que íbamos a ejecutar su hipoteca y llevarla a juicio monotorio (de un día de duración) para embargarles la casa. También soportaba las soflamas de temporeros marroquíes gritándome que lo que en verdad ocurría es que yo, como español, era un racista por querer quitarles la tele de plasma comprada a plazos que ya no podían pagar.
Este es un trabajo que no genera ninguna riqueza, solo la reconduce de vuelta al lugar de donde salió brevemente, a dar una vuelta: El éter del interbancario. Somos carroñeros picoteando en los despojos del cadáver del estado del bienestar en busca del poco alimento que queda en él. Sin embargo como periodista estoy aprendiendo de primera mano muchas cosas sobre como funciona de verdad la crisis y el sector económico, y me está ofreciendo un material estupendo (que ya estoy recopilando) para el blog. En breve más información.
16/3/09
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medio ambiente laboral |
Tengo la suerte de trabajar en el único sector económico en alza actualmente: El recobro. Bueno, tampoco les va nada mal a las harineras (una amiga de La Niña Fatal que trabaja en una panificadora nos dice que es increible la de pan que consume la gente en tiempos de crisis), las plantas de Don Simón, Steinburg y otros vinos y cervezas baratos, las condoneras (follar es gratis, que anunciaban los chicos de El Jueves) y cualquier otra empresa que intervenga en el ocio barato que tenga lugar sin salir de casa.
A mi empresa además el alquiler de las instalaciones le sale gratis: Se lo paga el gobierno autonómico, al igual que los equipos informáticos. Por no hablar de las subvenciones al contratar a una plantilla mayoritariamente femenina, de mediana edad y en paro. Sin embargo que a la patronal le vaya bien no significa que a los empleados nos ocurra lo mismo. A imagen y semejanza de las legiones romanas o los campos de concentración, esta empresa, que empezó haciendo contratos indefinidos y reconociendo de primeras la categoría de 'gestor' (en lugar de contratar 'teleoperadores' rasos) ahora están empezando a despedir a uno de cada diez empleados para incentivar el rendimiento de los nueve supervivientes. El problema es que recobrando el factor suerte es decisivo y una mala semana puede ponerte en una situación muy delicada, así que voy a calzarme mi mejor sonrisa y a pedirle una carta de recomendación a mi jefe, por lo que pueda pasar el mes que viene. Y esto se debe a que otra empresa del sector en la zona acaba de cerrar, dejando a cerca de doscientas personas con más experiencia ávidas de hacerse con nuestros asientos calientes por (aún) menos dinero que nosotros. 'Ellos son el verdadero enemigo', parecen recordarnos nuestros superiores inmediatos.
Por otro lado un minoritario y especialmente incendiario sindicato ha iniciado su actividad aquí, con lo que el ambiente está de lo más animado. De hecho no sé como he tardado tanto en volver a escribir sobre estas cosas. En breve más divertidos episodios en el fantástico mundo de las grandes empresas emergentes.
10/1/09
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no empezemos a chuparnos las pollas todavía |
No tengo ningún problema con que se celebre el evento. Es más, he ido muchos años por voluntad propia, no solo cuando era pequeño y me llevaban mis padres, y siempre he vuelto bastante aburrido. Este año me niego a pasar por allí, es un puto coñazo. Y mira que Dennis Hopper y Peter Fonda eran unos tíos molones, pero seguro que no habrían venido hasta aquí, con la que está cayendo, a ver quién mea más lejos.
6/11/08
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no news, good news |
En este nuevo trabajo tengo el oportuno talento de pillar siempre a mis jefes gordos (los de aquí y los que vienen a pasar revista desde Madrid) meando. Una situación en principio incómoda que a mí me ha servido enormemente para desdramatizar cuando el almbiente se enrarece.
En mi segunda semana como mando intermedio me he dado cuenta de que cuanto más ociosa está la gente en este tipo de trabajos (sobre todo los jefecillos) más posibilidades hay de que se formen corros, rumores y se extienda un ligero tufillo putrefacto. Alguno de los pocos chicos que estamos aquí ya ha declarado que hay demasiadas mujeres juntas trabajando en este centro. Como prefiero reservarme mis opiniones políticamente incorrectas para nuestro otro blog dejaré que seais vosotros (y vosotras) los/las que opinéis a este respecto y aportéis vuestras experiencias laborales con grupos de mujeres. Por mi parte yo cumplo mi función desde una actitud de poli bueno (no puedo evitarlo) y la cantidad de informes y cuadrículas que tengo que rellenar al día no me dejan tiempo para enterarme de porqué le están haciendo la vida imposible a fulanita o cuando nos van a largar para meter a mandos intermedios externos, pero algo me llega. Ya he vivido mi primer despido y la mierda con respecto a los criterios de promoción ha empezado a salpicar como si la hubiéramos lanzado contra un ventilador. Mobbing, boredout e intrigas palaciegas han hecho aparición para consolidar el estatus de Gran Empresa. La primera máxima que se estableció de información constante y transparente entre todos los departamentos se ha esfumado como un espejismo y esta situación, que estresa a muchos empleados, a mi la verdad es que no me preocupa en absoluto. No news, good news. No me voy a pelear a cuchillo con nadie por defender mi puesto. Yo sigo viéndolo como un divertido juego que además mejora mucho mi hasta ahora maltrecha situación económica.
De momento me voy a celebrar mi 30 cumpleaños yendome dentro de un rato con el informático de la empresa a ver a Los Delincuentes que, aunque no me apasionan, por lo visto tienen un buen directo.
22/10/08
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política corporativa |
Mientras leeis esto, en mi empresa estaremos recibiendo a los peces gordos de la Junta, al alcalde y, como dicen los Siniestro, a "la nobleza de los alrededores", que vienen a comprobar en qué se han gastado el dinero de las subvenciones. Los buenos tiempos se acabaron: Me han ascendido, a pesar de mi negativa a aceptar el puesto. Una promoción tan rápida de un tío de letras (rodeado de compañeros mucho más capaces y ambiciosos) en una empresa del sector financiero huele a política corporativa. No tiene una base sólida. Ayer mi segundo día, cuando yo aún andaba preguntando qué cojones tenía que hacer, el jefazo me llama a su despacho y me dice que si ese día se repiten las cifras del anterior vamos a tener bronca. Así que, evidentemente, si leeis esto sobre las 10 a.m., que sepais que, entre apretones de manos a las autoridades, me está cayendo un chaparrón absolutamente ensayado, porque cualquiera con dos dedos de frente puede suponer que mi influencia en los resultados de recobro de ayer y hoy es entre cero y nada. Así que me lo estoy tomando como lo que es: Un protocolo teatralizado con el que presionar al elemento articulatorio de todo este fregado, el mando intermedio, servidor de ustedes, para que éste transmita la presión ejercida al resto de piezas de la maquinaria.
Todo esto es tan de mentira, está tan pensado para que te vayas a la cama pensando en la empresa, que no me lo creo en absoluto. No digo que no pueda llegar a valer para coordinar a un equipo de trabajo... siempre que haya un trabajo que hacer, algo que construir, crear o solucionar. La parte positiva es que he hecho buenas migas con el informático.
Fue bonito mientras duró. Quería un trabajo de verdad y ya lo tengo. Pero eso sí, se me está pasando por la cabeza que si esta va a ser la tónica general es muy probable que el punk que llevo dentro se libere en la reunión del viernes y plantee estas cuestiones abiertamente, sin subterfugios, diciendo las cosas como son de verdad. El emperador está desnudo, amigos. Y, como dice la gente que bien me quiere cada vez que escribo cosas personales o comprometidas en este blog, yo cada vez soy más niño.
12/10/08
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del honor y la barra |
En un mundo en el que ya no caben los duelos a muerte por nimiedades como la virginidad de una hija o un comentario desafortunado que pone en duda la respetabilidad de un allegado, y lejos de sociedades, como la japonesa, que fueron aún más estrictas y contemplaban la posibilidad del suicidio ritual ante situaciones deshonrosas, los españoles, que no hemos desarrollado una gran tradición al respecto, tenemos ahora un particular sentido del honor que se pone en práctica a través de una muy incómoda costumbre de litigar con los compañeros de mesa o barra en bares y restaurantes por pagar la cuenta. Incómoda para los que nos parece una teatralidad absurda y vergonzosa, e incómoda para el que cobra, que se ve obligado a tomar partido sin elementos de juicio. Como camarero yo solía aplicar sin pestañear el principio de Carta En La Mesa, Presa que rige cualquier juego de naipes y, en su defecto, la aplicación de la política de discriminación positiva, aceptando el billete de la señorita en detrimento de aquel del caballero. Ese “pago yo”, seguido de un airado “no, pago yo” o incluso un afectado “¡Paco, por favor!” son en realidad, creo, la expresión inconsciente de dos realidades, a saber:
a) la de una sociedad a la que solo dos generaciones separan del hambre y que aún no ha superado el estadio de ostentación de posición social a través de la demostración monetaria. Cierto es que la cosa está cambiando y ahora también se hace alarde de vida alternativa (este blog no está exento de pecado, otros hacen de él directamente su leitmotiv) o incluso de frikismo (“este vinilo es original del setenta y cinco, tío” o “a mi La Hora Chanante dejó de gustarme hace tiempo”).
b) la herencia de una educación católica en los valores del cristianismo luchando por adaptarse al pensamiento capitalista: “Yo me sacrifico por tí sin esperar nada a cambio”, dice ese gesto, “o, en su defecto, sacrifico una cantidad simbólica de mi dinero”, con lo que se acaba llegando a la consiguiente e inevitable corrupción del sistema: “Yo soy mi capital”. En efecto, lo han adivinado. Los anarquistas tenían razón.
Algunos pensadores españoles contemporáneos que siempre están enfadados (dícese Perez-Reverte) proponen una regresión a códigos superados, con los que dirimiríamos nuestras diferencias y defenderíamos nuestro honor a navajazos en plena calle. Parte de razón no les falta. Nos lo pensaríamos dos veces antes de ofender al otro. Como Robert E. Howard puso en boca de uno de sus más famosos personajes, “el hombre civilizado tiende a ser más grosero que el salvaje porque sabe que puede permitírselo sin que le partan la cabeza”.
Sin embargo la solución puede estar mucho más cerca. Mientras que en la Francia del s.XVIII el vizconde de Valmont respondía con su vida por su conducta impúdica, en la actualidad un grupo de gabachos no tiene ningún reparo ni vergüenza en pagar por separado sus consumiciones. Y a pesar de ralentizar el abono del importe de las copas, esa es una actitud que, en sí misma y por su capacidad cívica, les honra.
3/10/08
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¿crisis? ¿qué crisis? |
Como declaraba Bunbury en una reciente entrevista (y en la letra de una de sus nuevas canciones), al final para un hombre de mundo resulta exótico volver a casa. En mi caso, después de tantos años de trabajar de noche, el modo de vida en el que madrugas (6:30 a. m.) y tienes cuatro o cinco actividades al día (jornada laboral hasta las tres, clase en la facultad, grabación de un programa de televisión en el que estoy de becario, ensayo con la banda... y este blog) que para otros resulta rutinario o estresante, para mí está siendo una fuente de satisfacciones. Hacía tiempo que no me acostaba tan agotado, y por consiguiente tan feliz. Y todo esto es posible gracias a mi nuevo trabajo. Como siempre al revés que todo el mundo: Mientras la mayoría ya empezáis a notar la crisis, yo consigo por fin lo que se considera tradicionalmente un trabajo serio, bien pagado, de oficina, con fines de semana, festivos y mes de vacaciones, muchas posibilidades de promoción (están empezando y somos la primera hornada de empleados), contrato indefinido, comisiones, en una multinacional... No es un trabajo bonito ni del que me sienta orgulloso, y no tiene que ver con nada de lo que he hecho anteriormente o quiera hacer en un futuro, pero gracias a la situación actual es un sector en alza.
¿Os lo podéis creer? Ahora soy uno de los malos. Me he convertido en gestor de morosos para una importante entidad financiera multinacional.
9/9/08
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el camino del hombre recto (IV). high noon |
Anteayer tuvo lugar el juicio contra el crío que me atracó hace un par de meses. Como no las tengo todas conmigo sobre si legalmente puedo contar lo que sucedió en la vista, me perderé la ocasión de escribir una muy buena entrada sobre el que ahora ya sé que es el peor trabajo del mundo: abogado de oficio. Pero, cuando ya pensaba que no habría nada más que poder publicar sobre este asunto, ayer me sucede lo siguiente.
Salgo de casa camino de un ensayo con The Royal Suite. Me detengo en el cajero a sacar dinero. Un tipo gordo, calvo y muy mal vestido, con pinta de tener más o menos mi edad pero muy mal llevada está delante de mí. Al verme esperando parece ponerse nervioso. Se tira un buen rato delante del monitor sin hacer nada.
-¿Vas a utilizar el cajero?- le pregunto, viendo que ya llego tarde.
-Sí, voy a utilizarlo.- Segundos después se da la vuelta y me dice
-¿Tú duermes bien por las noches?
-¿?¿Perdona?
-Que si duermes bien por las noches.
Su aspecto desmejorado, su actitud apocada y balbuceante y esta pregunta absurda me hacen pensar que quizá se trata de un deficiente mental y empiezo a sentirme un poco mal por haberle metido prisa. Le respondo.
-Sí, muy bien.
-Pues no sé cómo puedes dormir bien después de haber metido en la cárcel a un chaval de dieciocho años.- Y pasando apresurado a mi lado se alejó.
El sentido de alerta es algo absolutamente asombroso. Tiene vida propia dentro de nosotros. Sentí cómo lo más animal de mí descartaba a este individuo como una fuente de peligro. De repente dejó de existir. Me salieron unos ojos en la nuca. Evalué en segundos la actitud de las cerca de treinta personas en la plaza buscando una amenaza para descartarla. El universo parecía discurrir a cámara lenta. Me acerqué al cajero y saqué el dinero, con un chute mezcla de absoluta vigilia e intensa calma. Me dí la vuelta y seguí mi camino.
Desde entonces he tenido tiempo para pensar de todo: Casualidad, me siguieron tras el juicio, si quisieran hacerme algo ya me lo habrían hecho, no he debido dejarme este bigote y estas pintas tan reconocibles en una capital de provincias... Desde que el chaval de dieciocho años me atracó, Valladolid era para mí un poco más la jungla que antes. Un lugar en el que poner en practica someramente lo que aprendí en ese territorio (este sí) verdaderamente hostil que era mi barrio en Lille. Pero después de esto me sentí un poco Will Kane por cumplir lo que considero mi deber como ciudadano, lo cual no deja de tener cierto encanto. Lo más sorprendente es que ni mi vieja conocida ansiedad ni el miedo en sí han aparecido en ningún momento en escena. Solamente una extraña sensación, esa misma noche mientras me invitaban a una copa en un sitio muy elegante, de semialerta contínua que me ha hecho comprender por fin porqué los que viven con una espada de Damocles necesitan placeres más intensos, caros o sórdidos para relajarse y disfrutar de la vida: Porque sin esas cosas y en ese estado, la vida debe ser una puta mierda. Ostras con mortadela. No envidio a los mafiosos multimillonarios, os lo aseguro. Por si acaso, y para despistar más a mi demonio de la paranoia que a un enemigo real, anoche dormí en mi nuevo piso con mis nuevos compañeros.
Y dormí de puta madre, oye.
2/8/08
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ostras o mortadela (VII). el show business |
Siempre he ido bastante justo de dinero, independientemente de mi actividad laboral. En la actualidad he aprendido a sobrevivir de la hostelería eventual en Valladolid, pero ha habido momentos en los que iba más holgado. El problema con las orquestas no era cuánto (que también; la época dorada para los músicos de verbena fueron los ochenta), sino cuándo. Atrás quedaron los momentos en los que tenía que abandonar un piso de alquiler porque un jefe llevaba tres meses sin pagarme, pero viéndolo en perspectiva la cosa no deja de tener su gracia.
El tío que más pero peor me ha pagado nunca fue un personaje bastante interesante. Su relación con el dinero era muy punk, es decir “no future”. Era capaz de estirarse y alquilar un chalé con piscina para alojarnos durante las actuaciones de las Fallas sin saber cuándo cobraría el siguiente bolo. En una ocasión llegó a afirmarme que, debiéndome un par de meses de sueldo, aún no podía pagarme los cuatro duros que me faltaban para que no me dejaran en la calle, y acto seguido meterse en el baño a, muy probablemente, enchufarse una loncha. Para un empresario es una actitud muy Carpe Diem que, de alguna morbosa y retorcida manera, admiro profundamente. Suyas son auténticas joyas del absurdo, como iniciar una relación con una de las bailarinas cuando su mujer era otra de ellas y, teniendo deudas millonarias (con sus empleados entre otros acreedores), pagarle a su amante una espectacular operación de aumento de pecho. El comentario de alguno de los músicos, con una sonrisa amarga en la cara, no se hizo esperar.
-Bueno, ya que esas tetas se han pagado con mi dinero, tendré que pedir hacer uso de ellas hasta que se salde la deuda.
Estas situaciones irregulares con la pasta son insignificantes comparadas con las que se viven en Galicia, donde el negocio de las orquestas es el método tradicional de blanqueo de dinero de la coca. Empresarios, mafiosos y concejales han hecho posible que en concellos de doscientos habitantes se den cita el mismo día tres orquestas con un equipo mayor que el de los Rolling Stones. Las historias de millones en deudas que aparecen milagrosamente tras la visita de unos sicarios a la casa de un empresario de espectáculos son cosa de todos los días. Un buen tema para un periodista de investigación. Pero gracias a esta cultura, Galicia cuenta con una de sus especies autóctonas más representativas e interesantes: el cantante de orquesta gallega, del que escribiré en otra ocasión.
8/7/08
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ostras o mortadela (VI). la compra |
Hoy he hecho la compra en el LIDL. Acordaos del anuncio (¡el carro lleno por menos de 50€!). Y he tenido un extraño dejà vu. Ha sido como volver al LIDL de la rue Gambetta y, por extensión, a Lille. Pero no al de los grandes momentos de los conciertos gratuitos en la Place de la Republique o esa fiesta de renovación y purificación que suponía la Braderie, sino al Lille cotidiano, aquel en el que todavia no tenía trabajo ni proyectos a corto plazo. Aquel en el que la principal actividad de la jornada era hacer la compra. Meses más tarde, leyendo Persépolis, entendí a Marjane Satrapi cuando narraba cómo en Austria iba cuatro veces al día al supermercado porque no tenía otra cosa que hacer. Lo siguiente que le daba por hacer era ponerse a leer, lo que enlaza perfectamente con esta estupenda reflexión de Txe Peligro.
Afortunadamente ya no es mi caso, y me cuesta encontrar un momento del día para leer o llenar la nevera (y me imagino que mi compañera de piso pensará mientras lee esto “¡y limpiar el baño!”). Pero he recordado esas compras de hombre casado con el Peugeot 205 cuando vivía con Susana y me he sentido agradecido con mi vida actual.
Nunca pensé que no tener gran cosa que comer pudiera ser un síntoma de una existencia plena. No sé a quién debo darle las gracias. Pero gracias de todos modos.
18/6/08
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bienvenido mister bogdan |
Me siento como si hubiese regresado de la guerra. En cierta manera así es: El otro día salí por fin de la trinchera que es la barra de La Cárcava (y que tanto tiempo me ha mantenido alejado de este blog y de los vuestros) para recalar de nuevo en ese mito vallisoletano hecho bar que es El Cafetín. Había olvidado cómo en este lugar todos los días hay historias que contar. Ahí va la de hoy.
Después de una noche en la que lo más reseñable es la visita del chaval con el que identifiqué al mierdecilla que nos atracó a ambos hace unas semanas y la de un borrachín desconocido que, después de dar la brasa a todas las clientas, sin importar edad ni condición física, se va sin pagar una caña y cuando le doy el alto me responde:
-Perdóname. Lo siento.
-Tío, que te vas sin pagar.
-Pero ¿cómo te voy a pagar? ¡Si no tengo un real!
-Estás invitado. Pero no vuelvas.
parecía que la jornada no daría más de sí. Y en absoluto.
Entra un tontolaba, habitual de la zona centro. Me pide un vaso de agua con un hielo. Se lo sirvo. Y luego me pide suplicante que lo rocíe con unas gotitas de pacharán. Mientras lo hago pienso en la metadona. En lo que tiene que suponer estar tan jodido de salud, dinero, necesidad o vergüenza como para pedir semejante guarrada yonqui. Detrás de él entran otros tres tíos chungos que te cagas, de tez abrasada por el sol (o congestionada, con estos tíos nunca se sabe si son jornaleros o cardiópatas, seguramente ambas), a cual más quinquillero. Uno de ellos le pide a Fernando Terreiro un anís, y le anuncia que sólo puede pagarle un euro y medio (el anís vale dos veinticinco). Yo sigo a lo mío, que es ponerle una absenta a una cachonda que viene del brazo de ese crooner pucelano que es Jorge Onecha. Y entonces otro de los fulanos, un rumano engominado con pinta de tío peligroso a lo Kurt Russell pero en flaco se nos acerca y consigue articular tras cinco minutos de lucha con la lengua castellana
-Perdona siñor. Yo llevo en España tres meses. Mis amigos dicen que haber un bar donde van hombres, pero yo no encuentra. Hombres que les gusta chupar. Chupar y todo.
-¡Ah, buscas un bar de ambiente!- respondemos Onecha y yo al unísono. Le damos la dirección del 1900 (“Si, ya ido, pero estar cerrado”) y del Libertad Tres. Luego se sienta con sus colegas, que le mandan venir de mensajero a la barra cada dos por tres, dado que debe ser el más educado de la mesa, para que les pongamos más bebida, lo que sea. Le decimos varias veces que estamos cerrando (mentira). Se van, y media hora más tarde nos llegan noticias de que los bares de al lado están llamando a la poli porque se están liando a patadas con sus puertas.
Qué fascinante la historia que puede haber detrás de ese homo del este, con su flequillo ochentero y su franqueza obscena. Quizá era la puta de los otros. Quizá no tiene pasta para pagarse una puta. Quizá es un putón auténtico que vino a este país buscando explayar plenamente su orientación sexual en el liberado y festivo occidente y acabo con esta basura de gente. En cualquiera de los casos, gracias a él he tenido algo curioso que contaros en este blog sin tener que hablar de mis cosas. Y se lo agradezco.
Bienvenido a nuestro país.
9/5/08
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el camino del hombre recto (III). sucesos |
Lo de mi atraco ha acabado saliendo en los periódicos. Aquí os dejo el enlace:
http://www.nortecastilla.es/20080507/valladolid/dame-euro-rajo-20080507.html
6/5/08
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el camino del hombre recto (II). la firma del zorro |
Esta mañana he identificado al mierdecilla que me atracó a punta de navaja la semana pasada. He estado metido en un nicho en la pared del sótano de los juzgados junto con la jueza, la secretaria y cinco chavales de prácticas. Al otro lado del cristal de mercurio, apiñados en un metro cuadrado, lo que parecían tres polis figurantes y el crío en cuestión, más gordo de lo que le recordaba y con un peinado ridículamente alisado en un claro y patético intento de no parecer el gilipollas que es. Yo era la segunda víctima que pasaba esa mañana a identificarle. Por lo visto el lunes se cebó con unos cuantos más y al menos otro gafotas delgaducho como yo (¿una fijación subconsciente de delincuente, quizá?) estaba allí por la misma razón.
-El tercero por la izquierda, sin ningún género de dudas.
-Bueno, pues está claro. Le llamaremos cuando salga el juicio.
Paradójicamente, algo tan cinematográfico como la rueda de reconocimiento tiene menos chicha para un post que la interposición de la denuncia en sí, hace unos días. Rebuscar entre las fotos de los delincuentes habituales fue toda una experiencia. ¡Qué caras! ¡Que historias detrás de esas fotos! ¡Quién pillara esa colección de estampas para ilustrar la portada de un disco de punk!
Yo no esperaba acordarme demasiado de la jeta del chaval, pero resulta increible como funciona la memoria inconsciente. La noche del atraco tuve un sueño en el que era yo quien esgrimía la navaja y terminaba grabándole con ella en la cara a mi asaltante una "A" mayúscula, a la manera de la firma del Zorro. Cuando por fin ví su foto entre la de tanto yonki no dudé ni un instante. Era él. Y no os vais a creer cual es el requisito para que la identificación tenga validez legal:
Tuve que firmar sobre la fotografía. Sobre su puta cara.
28/4/08
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el camino del hombre recto (I) |
Hace media hora me han atracado.
Acababa de despedirme de Eirini en las escaleras de la catedral, donde habíamos estado tomando un cacharro. De camino a casa me he parado a hacerme un cigarro en la Plaza de la Universidad. Se me han acercado un chico y una chica de no más de veinte años, la típica pareja de españoles de esa edad, (de los que podrías encontrarte en un concierto de El Canto del Loco) que ya había visto un rato antes pasar por delante del Cafetín
-¿Tienes un cigarro?- me dice él.
-Claro. Sírvete, es de liar- le doy el que me estaba haciendo.
- ¿No tendrás por ahí un porro o algo?
-No, ya no fumo de eso- respondo. Empiezo a hacerme otro cigarro para mí. El chico se sienta a mi lado mientras ella nos observa.
-Te he visto antes ahí con la chavalita. Qué, ¿estáis enamoradicos?- Su tono ha pasado de suplicante a agresivo. Me huelo ya de qué va todo esto.
- El tiempo lo dirá- respondo yo. Silencio.
-Oye, voy a cogerte el dinero, ¿vale? No hagas el tonto que te doy una hostia que te arreglo- empuña una navaja muy parecida a la que llevo yo, regalo de mi hermano de Albacete. Empieza a registrarme el bolso.
-No te preocupes. Ya te lo doy yo- le digo.
-Dame también lo suelto. ¿Seguro que no llevas porros?
-Pues no.
-Oye, ¿cuántos años tienes?
-Veintinueve.
-¿Y cómo eres tan tonto?
Coge el dinero y se van. Termino de hacerme el cigarro y me lo fumo mientras les veo alejarse, cogidos de la mano y caminando nerviosos, seguramente cagados de miedo. Su primer atraco, quizá. Pienso, mientras se vuelven hacia atrás de vez en cuando, en qué se gastarán el dinero. En la vida que les espera. En que ella debe quererle mucho si es capaz de acompañar a su chico en sus palos de poca monta. No quise en aquel momento responder a su última pregunta, porque no habrían entendido mi respuesta y hubiesen pensado que me estaba riendo de ellos, lo cual no deja de ser cierto en parte. No les he dado ese dinero. Estaba comprando algo con él: Dejar de fumar (aunque sólo hacía un par de semanas que había vuelto a hacerlo, compulsivamente, eso sí), descargar todo mi mal karma sin tensiones ni violencia y, lo más importante, haber cumplido estadísticamente con mi dosis de inseguridad ciudadana estando sólo, sin poner en peligro a Eirini, sólo me ha costado cuarentaycinco euros. Y de regalo una buena historia. Ésta que os estoy contando.
Que os cunda, chicos. Y buena suerte. La vais a necesitar.
22/4/08
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listen and repeat |
14/4/08
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à la carte |
Al parecer mi afición a la gastronomía y mi destreza con el francés han dado un fruto en común: He traducido al gabacho la carta del restaurante Los Zagales de la Abadía. Mi primera traducción inversa profesional. ¿Y sabéis lo que me han pagado? Una cena para dos personas allí. Lo cual no está nada mal, dada la carta de vinos que se gastan estos mozos, pero cómo diría Ford Fairlane, detective rocanrrolero... ¿Con qué creen que voy a pagar a hacienda? ¿Con compact-disc para la bañera y palillos de batería firmados? ¡Necesito pasta, parné, tela!
Manda huevos (revueltos con ajetes, o le brouillé d'ails tendres).
4/2/08
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poligamia |
Según la R.A.E.
poligamia.
(Del lat. polygamĭa, y este del gr. πολυγαμíα).
1. f. Estado o cualidad de polígamo.
2. f. Régimen familiar en que se permite al varón tener pluralidad de esposas.
polígamo, ma.
(Del gr. πολúγαμος).
1. adj. Dicho de una persona: Que está casada a la vez con varias personas del otro sexo. U. más para referirse al hombre que tiene a un tiempo varias esposas. U. t. c. s.
2. adj. p. us. Se dice del que sucesivamente las tuvo.
3. adj. Bot. Se dice de las plantas que tienen en uno o más pies flores masculinas, femeninas y hermafroditas; p. ej., la parietaria, el fresno y el almez.
4. adj. Zool. Se dice del animal que se junta con varias hembras, y de la especie a que pertenece.
También podría definirse como estar, en realidad, completa y jodidamente sólo. El diccionario no habla de que aún se considere por casi todo el mundo (vosotros también) una desviación antinatural, ni de las caras que te pone la gente cuando les explicas que la monogamia es un convencionalismo respetable pero innecesario. Que te digan que lo que pasa es que eres un putero cuando nunca has sido infiel por respeto a las convicciones de tu pareja. O de las réplicas del tipo “eso es porque no has estado enamorado de verdad”. Y eso que soy un tío. Ni me imagino lo que les deben decir a ellas.
Encadenad al otro. Sufrid y haced sufrir para demostrar que amáis y sois amados. Los celos son un don precioso que os permite socializaros correctamente. Aprovechadlos. Y apiadaos de quien no los haya sentido jamás.
18/1/08
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ostras o mortadela (IV). turismo |
¿Quién no tiene hoy en día un amigo que trabaje de cooperante en Centroamérica? ¿De profesor de español en China? ¿De personal de investigación en el departamento de lengua española en la universidad de Nueva York? ¿De taxidermista, viajando por todo el mundo desollando elefantes y jaguares? Todos estos ejemplos que pongo son reales, gente a la que conozco en primera persona, amigos (salvo el taxidermista, que sólo es conocido). Esta claro que el mundo se nos está quedando pequeño. Cuando te encuentras a alguien de tu barrio en el aeropuerto de Berlín que ha ido allí a hacerse un tatuaje, el hombre o mujer del s.XIX que llevamos dentro se sobresalta un poco, asustado de cómo se han puesto las cosas en lo que a viajar y emigrar se refiere. La joya de la corona de mis ejemplos son unos amigos de Peter, que se han cogido un año sabático para recorrer Mongolia a caballo. Toma mascletá. Joder, yo sin ir más lejos, si todo sale bien, algún día volaré a Los Angeles con los Arizona Baby para hacerles un reportaje fotográfico de su gira por el suroeste de los U. S. A. Furgoneta, desierto y Rock&Roll. Así se forjan las leyendas.
Me consta que todos los ejemplos anteriores son un dechado de coherencia y cojones. Queda muy bonito contar la anécdota, pero también las han pasado putas, como todo inmigrante. Sin embargo hay que andarse con ojo. Esto es lo que escuché el otro día en la cola del pescado, de boca de una señora de mediana edad:
-Uy, pues sí hija, mi Paco y yo no sabíamos si aprovechar las vacaciones para ir a Calcuta o a Nueva York, y al final nos fuimos a ver a la niña a Jerusalén. Ya sabes que a ella le gusta eso del buceo a más de 50m, así que nos llevó a un sitio precioso en el Mar Rojo, y mira, pues me animé y me apunté yo también. Además, como el monte Sinaí pilla al lado luego nos dimos una vuelta...
La democratización del lujo está convirtiendo las grandes gestas de la antigüedad en turismo. El viaje ha perdido todo su sentido como experiencia vital del cambio, y ha pasado a convertirse en un producto más con el que posicionarse socialmente. Ya no hay colonos o exploradores. Allí donde Conrad se encontró con Kurtz ahora hay agencias de viajes. Y quizá sea ese el verdadero corazón de las tinieblas. Me imagino que Stanley y Livingstone estarán revolviéndose en sus tumbas.
30/11/07
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Estamos en ESPAÑA |
Madrugada del jueves al viernes. Aún falta más de una hora para que mi compañera y yo cerremos el bar, pero ya está casi vacío. Se acerca a la barra uno de los borrachos habituales, de unos cuarenta, que apenas se puede mantener en pie del pedo que lleva. Pide como puede una caña. Se la pongo. Al rato pide otra. La primera está por la mitad. Mi sentido común dispara la alarma moral de no contribución al deterioro físico de este personaje. -Pero hombre, si aún te queda de la que te acabo de poner- le digo. Y a pesar de su lamentable estado consigue reunir la lucidez y la arrogancia suficiente para balbucearme –Oye, si yo te pido una caña y te la pago me la tienes que poner. ¿Quién eres tú para...- No me quedo a escuchar como termina la frase. Ya estoy en el grifo tirando una caña con bien de espuma. –Uno cincuenta. – Lo paga, dejando un bote de treinta y tantos céntimos (-¡Seguro que es un bote récord! –me grita), que no le acepto.
Entran por la puerta los hobbits, una pareja de clientes habituales en torno a los cincuenta, bajitos y peludos con caras simpáticas. Se unen al borracho, que le pide a mi compañera otra caña. -¿Sabes que si estuviéramos en Francia la ley de prevención del alcoholismo nos obligaría a los camareros a negarle el servicio, dado su estado? –le comento a ella. Oyendo esto, la mujer hobbit, hecha un basilisco, grita -¡Sí, pero estamos en ESPAÑA!
En efecto, señora. Estamos en españa. En este país un zote que no puede ni articular su nombre puede decirle a otra persona lo que tiene que hacer sólo con que disponga de un euro y medio.
El ambiente se enrarece. Los hobbits hablan con la camarera, que alterna conversación con las tareas previas al cierre. En un momento dado el hobbit macho hace un gesto hacia la barra. Querrá pedir algo, me digo, y me acerco a ver que quiere. –No estoy hablando contigo, no seas impertinente. –me suelta, con un deje paposo alcohólico. A partir de ese momento y hasta que se fueron, me dedique a la calmante tarea de leer el periódico.
Hoy es mi último día como camarero en el Cafetín. Voy a echar de menos muchas cosas, como servir a Carmen de artículo20, el tonteo con las erasmus gabachas, que me vengan a buscar mis chicos de periodismo disfrazados, hacer caja a puerta cerrada con los compañeros mientras suenan Bebo Valdés y el Cigala, mi numerito jedi de activar la máquina de tabaco usando "la fuerza", que me reconozcan por la calle... Pero servir a esta panda de puretas alcohólicos no es una de ellas. Así revienten.
23/11/07
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Estimados clientes: |
Esta semana he leído en dos medios diferentes (en un artículo de Maruja Torres y en la obra de Ramón Reig “El periodista en la telaraña”) sendas reflexiones sobre el uso actual del término cliente, lo que me ha llevado a rescatar esta antigua entrada que en su momento descarté para el blog, pero que al final parece estar de actualidad, mira por donde. ¡Nos leemos!
Hay ciertos tipos de relaciones personales que, de una manera intuitiva, sabemos que pertenecen a la misma categoría. El mecanismo que las relaciona es el mismo que me hizo llamar inconscientemente “papa” a un profesor en el colegio, dejándome como un gilipollas ante mis compañeros. Pero la categoría de la que quiero hablar ahora no es la autoridad, sino el trabajo.
Pacientes. Alumnos. Público. Clientes. En el mejor de los casos pasamos ocho horas, cinco días a la semana, en nuestros lugares de trabajo, cuando no más. Muchos no pasamos, ni de lejos, tanto tiempo con nuestras familias, amigos y parejas. ¿Y con quien lo pasamos? Nuestros compañeros, nuestros jefes, público, pacientes, alumnos... Clientes. La economía lingüística tiende cada vez más a agregar todas esas palabras tan distintas entre sí alrededor de un mismo término. Como en la profética 1984 de Orwell, hay que deshacerse de las palabras prescindibles (o incluso molestas), de aquellas que pueden ser sustituidas por otras que reflejen mejor la verdadera finalidad de esas relaciones, y de paso hagan lo mismo con otra media docena de términos. Menos palabras. Más eficiencia.
En el mundo sanitario actualmente la tendencia es llamar clientes a los pacientes. Fue lo primero que aprendí al estudiar documentación. Codificar enfermedades y procedimientos médicos vino mucho después y ya se me ha olvidado, pero que un paciente es ante todo un factor económico no lo olvidaré jamás. Liberalizar la educación hace lo mismo con el alumnado. Me pregunto cuando empezaremos a llamar clientes a nuestros amigos, conocidos, familiares, pareja, lectores... ¿Suena descabellado? Tenemos toda una eternidad de nueva economía para comprobarlo. Tiempo al tiempo.
13/11/07
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C’est une belle histoire |
Durante varias generaciones la canción francesa ha cautivado a media Europa con un concepto tan fascinante como, en el fondo, universal: venderte la moto de un polvete más bien prosaico como La Gran Aventura Del Amor. No se si será esa boquita tan mona que se les pone cuando pronuncian la “u” cerrada, pero los cabrones de los cantantes han conseguido engatusarnos desde hace décadas haciéndonos creer que son los adalides del romanticismo musical (uso el término en el sentido popular, no en el académico), y París la capital del amor. De puertas para afuera nos achacan a los españoles ser demasiado parcos, pero en realidad nuestros intereses y modelos de comportamiento son similares, y eso se ve reflejado en las letras de las canciones. Traducida al español y contada en plan chiste de Lepe, la canción francesa nos muestra a unos listillos que se lo montan de frutifa para mojar. Para muestra unos botones.
Ejemplo nº1: "Une belle histoire" de Michel Fugain. Esto son dos muchachicos (nena y nene, esquema clásico) que se encuentran en una gasolinera, echan un casquete en la cuneta y luego que si te he visto, moreno.
Ejemplo nº2: "Nathalie" de Gilbert Bécaud. Un gabacho se va de vacaciones a Moscú y se lo monta con la guía turística en la habitación de la residencia universitaria donde vive ella. “Si algún día viene a París me la llevo a dar una vuelta” piensa él al concluir el acto. Y, como todos sabemos, está la economía moscovita como para pagarse un billete a París.
Pero mi preferida es el ejemplo nº3: La canción que les ha vendido a los gabachos Sarkozy, prometiéndoles un bonito romance, cuando lo que está haciendo realmente es darles por el culo. Y van los tíos y pican. ¡Joder, que ya os conocéis! Aquí, entrevistándose con representantes sindicales de la SNCF (la RENFE gabacha), que conocen bastante mejor que él las consecuencias de su política de recortes.
8/11/07
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La crisis de las camisas |
El día 1 cumplí 29 años. Mi chica vino desde Lille, como regalo sorpresa, lo que explica que haya tenido el blog tan abandonado esta semana (mis disculpas).
Unos días antes había leído un artículo de ese gran filósofo de nuestro tiempo que es Ernesto Sevilla sobre estilismo masculino en el que se cuestionaba la salubridad moral de seguir vistiendo camisetas cuando ya tienes cerca de los treinta, “como intentando aferrarnos a una juventud que se nos escapa”. Y aunque todavía no he “cambiado de prefijo”, como dice mi amigo Rubenchi que acaba de cumplirlos, tuve un conato de crisis de los 30, como también acaba de tener (y contar) Michael Chambers en este magnífico post. Así que el 31 de octubre abrí el armario al salir de la ducha y rescaté una de mis pocas camisas, negra a rayas. ¿Y porqué no? Hoy me la pongo –me dije– porque yo lo valgo. Como intentando aferrarme de sus mangas a una estabilidad laboral y económica, a un domicilio que me dure más de seis meses, a una edad adulta que nunca llega. Mi padre a mi edad ya tenía dos hijos y había aparcado las camisetas, pero también llevaba cuatro años en la empresa en la que aún sigue trabajando a día de hoy y en la que seguramente se jubilará. Yo el mes que viene tengo que buscarme otro empleo.
Así vestido me encontró mi chica aquella misma noche. Y lo primero que me preguntó, tras poner mala cara, fue que si había engordado. A la mañana siguiente me calcé mi camiseta ceñida de los Ramones. ¡Faltaría más!


