28/12/07
25/12/07
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Amor (y deseo) en el aire |
El cuerpo me pedía escuchar a Lynyrd Skynyrd en el avión, pero me dio mal rollo, aún sin ser yo (muy) supersticioso. Hice bien trayéndome a estos otros que están sonando.
Durante el fin de semana vi pasar por el Cafetín (me llamaron para una sustitución) a todo el mundo: Pablo, Johnny Benitez y su hermano/mi nuevo mejor amigo, la gente de la pizzería, la de Artículo 20 (en breve tendré listo el blog de esta revista), señor y señora Dobrý Den, Enthusiastic, clientes que leen este blog, Cacho (todavía le doy vueltas a lo que me contaste), mis padres, mi hermano… a todos ello gracias y feliz Navidad.
Después de ese ataque de amor, un vuelo en el que la pareja que tengo detrás se come a besos, para consumirme en cierta persona nada más aterrizar. Aunque una parte de mí arde al acordarme de otra.
C’mon baby, light my fire!
16/12/07
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Music for one apartment and six drummers |
Tras el increíble documento "Cuatro hombres y una trombonave" (que yo aún no he visto, espero hacerlo en compañía del señor Enthusiastic) , aquí tenéis este estupendo corto sueco por cortesía de Chagüen y Lara (también conocidos como Mr. y Ms. Dobrý Den), que tras varios años de exilio acaban de regresar de Berlín con un buen montón de links estupendos bajo el brazo. Os aconsejo verlo en el más absoluto silencio para apreciar mejor los flipantes matices. Y aprovecho para poner en marcha un nuevo concurso: el primero que reconozca la pieza musical que sirve de sample en la escena del salón recibirá estas navidades el regalo más kitch imaginable, una reliquia única e irrepetible dedicada por éste que os escribe y muy bien traida dado el tema. ¡Buena suerte a todos!
30/11/07
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Estamos en ESPAÑA |
Madrugada del jueves al viernes. Aún falta más de una hora para que mi compañera y yo cerremos el bar, pero ya está casi vacío. Se acerca a la barra uno de los borrachos habituales, de unos cuarenta, que apenas se puede mantener en pie del pedo que lleva. Pide como puede una caña. Se la pongo. Al rato pide otra. La primera está por la mitad. Mi sentido común dispara la alarma moral de no contribución al deterioro físico de este personaje. -Pero hombre, si aún te queda de la que te acabo de poner- le digo. Y a pesar de su lamentable estado consigue reunir la lucidez y la arrogancia suficiente para balbucearme –Oye, si yo te pido una caña y te la pago me la tienes que poner. ¿Quién eres tú para...- No me quedo a escuchar como termina la frase. Ya estoy en el grifo tirando una caña con bien de espuma. –Uno cincuenta. – Lo paga, dejando un bote de treinta y tantos céntimos (-¡Seguro que es un bote récord! –me grita), que no le acepto.
Entran por la puerta los hobbits, una pareja de clientes habituales en torno a los cincuenta, bajitos y peludos con caras simpáticas. Se unen al borracho, que le pide a mi compañera otra caña. -¿Sabes que si estuviéramos en Francia la ley de prevención del alcoholismo nos obligaría a los camareros a negarle el servicio, dado su estado? –le comento a ella. Oyendo esto, la mujer hobbit, hecha un basilisco, grita -¡Sí, pero estamos en ESPAÑA!
En efecto, señora. Estamos en españa. En este país un zote que no puede ni articular su nombre puede decirle a otra persona lo que tiene que hacer sólo con que disponga de un euro y medio.
El ambiente se enrarece. Los hobbits hablan con la camarera, que alterna conversación con las tareas previas al cierre. En un momento dado el hobbit macho hace un gesto hacia la barra. Querrá pedir algo, me digo, y me acerco a ver que quiere. –No estoy hablando contigo, no seas impertinente. –me suelta, con un deje paposo alcohólico. A partir de ese momento y hasta que se fueron, me dedique a la calmante tarea de leer el periódico.
Hoy es mi último día como camarero en el Cafetín. Voy a echar de menos muchas cosas, como servir a Carmen de artículo20, el tonteo con las erasmus gabachas, que me vengan a buscar mis chicos de periodismo disfrazados, hacer caja a puerta cerrada con los compañeros mientras suenan Bebo Valdés y el Cigala, mi numerito jedi de activar la máquina de tabaco usando "la fuerza", que me reconozcan por la calle... Pero servir a esta panda de puretas alcohólicos no es una de ellas. Así revienten.
28/11/07
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El día que me reconocieron por la calle (II). La blogsfera es un pañuelo |
El primer episodio fue fruto de mi pasado como músico orquestero (de mierda). En esta segunda ocasión podría haberse dado que me reconocieran unos desconocidos por la calle en calidad de camarero en un bar mítico de Valladolid. Bien podría haber sido así. De hecho, últimamente mucha gente con la que me cruzo hace amago de saludarme: mi cara les resulta familiar y el gesto empieza a volverse amistoso, levantan la mano, mientras buscan en su catálogo mental bajo qué categoría estoy. ¿Compañero de trabajo? ¿Viejo amigo del instituto? ¿Familiar que hace mucho que no veo? ¿De qué cojones me suena este tío? Por lo menos son tan simpáticos de anteponer el saludo a nuestro nexo, sea cual fuere. Pero cuando finalmente me sitúan detrás de una barra y caen en la cuenta de que yo no tengo porque acordarme de ellos y de que, de ser así, sería de verles en una situación etílicamente bochornosa, la sonrisa se convierte en rictus de descomposición (gestual e intestinal) y el saludo se aborta produciendo un gesto deforme e inconcluso que tratan de eludir. Yo intento, con mayor o menor fortuna, paliar sus vergüenzas respondiendo con mi mejor sonrisa.
Pero no es el caso. Hace un par de sábados, mientras yo preparaba unos mojitos, dos clientas desconocidas me dijeron esto:
-¡Hola! Oye, pon un par de cañas, VADERETROCORDERO.
Mi tiempo se detuvo. El universo se quedó en silencio de repente. Me quedé en la parra. Era la primera vez que alguien me llamaba por mi nombre fuera de matrix. Dos universos (el real y el virtual) colisionaron en la barra, y esta vez fue mío el gesto de retortijón. Tardé treinta segundos en recuperar la compostura. ¡Así que era verdad, hay gente leyendo esto, los comentarios no los escriben bots del gobierno en una conspiración para mantener a raya a las masas de blogeros! (Porque, si no os habíais dado cuenta, somos una puta masa).
Unas chicas majísimas, ocasionales del bar y lectoras (además de amiga y hermana) de La Domi, de El Gallinero (enlazado aquí a la izquierda). Me felicitaron y me animaron repetidamente a continuar con el blog. (¿Porqué? ¿Tiene pinta de estar a punto de cerrar? ¡Contestadme!). Tuve que invitarlas, evidentemente.
P.S. Horas después de escribir esto, entraron por la puerta del Cafetín el violinista del salami y el angelote de myspace, acompañando a Johnny Benítez. Venían de su proyección en Madrid (no ganaron el concurso, pero se rieron mucho). Definitivamente internet es un puto kleenex.
23/11/07
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Estimados clientes: |
Esta semana he leído en dos medios diferentes (en un artículo de Maruja Torres y en la obra de Ramón Reig “El periodista en la telaraña”) sendas reflexiones sobre el uso actual del término cliente, lo que me ha llevado a rescatar esta antigua entrada que en su momento descarté para el blog, pero que al final parece estar de actualidad, mira por donde. ¡Nos leemos!
Hay ciertos tipos de relaciones personales que, de una manera intuitiva, sabemos que pertenecen a la misma categoría. El mecanismo que las relaciona es el mismo que me hizo llamar inconscientemente “papa” a un profesor en el colegio, dejándome como un gilipollas ante mis compañeros. Pero la categoría de la que quiero hablar ahora no es la autoridad, sino el trabajo.
Pacientes. Alumnos. Público. Clientes. En el mejor de los casos pasamos ocho horas, cinco días a la semana, en nuestros lugares de trabajo, cuando no más. Muchos no pasamos, ni de lejos, tanto tiempo con nuestras familias, amigos y parejas. ¿Y con quien lo pasamos? Nuestros compañeros, nuestros jefes, público, pacientes, alumnos... Clientes. La economía lingüística tiende cada vez más a agregar todas esas palabras tan distintas entre sí alrededor de un mismo término. Como en la profética 1984 de Orwell, hay que deshacerse de las palabras prescindibles (o incluso molestas), de aquellas que pueden ser sustituidas por otras que reflejen mejor la verdadera finalidad de esas relaciones, y de paso hagan lo mismo con otra media docena de términos. Menos palabras. Más eficiencia.
En el mundo sanitario actualmente la tendencia es llamar clientes a los pacientes. Fue lo primero que aprendí al estudiar documentación. Codificar enfermedades y procedimientos médicos vino mucho después y ya se me ha olvidado, pero que un paciente es ante todo un factor económico no lo olvidaré jamás. Liberalizar la educación hace lo mismo con el alumnado. Me pregunto cuando empezaremos a llamar clientes a nuestros amigos, conocidos, familiares, pareja, lectores... ¿Suena descabellado? Tenemos toda una eternidad de nueva economía para comprobarlo. Tiempo al tiempo.
13/11/07
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C’est une belle histoire |
Durante varias generaciones la canción francesa ha cautivado a media Europa con un concepto tan fascinante como, en el fondo, universal: venderte la moto de un polvete más bien prosaico como La Gran Aventura Del Amor. No se si será esa boquita tan mona que se les pone cuando pronuncian la “u” cerrada, pero los cabrones de los cantantes han conseguido engatusarnos desde hace décadas haciéndonos creer que son los adalides del romanticismo musical (uso el término en el sentido popular, no en el académico), y París la capital del amor. De puertas para afuera nos achacan a los españoles ser demasiado parcos, pero en realidad nuestros intereses y modelos de comportamiento son similares, y eso se ve reflejado en las letras de las canciones. Traducida al español y contada en plan chiste de Lepe, la canción francesa nos muestra a unos listillos que se lo montan de frutifa para mojar. Para muestra unos botones.
Ejemplo nº1: "Une belle histoire" de Michel Fugain. Esto son dos muchachicos (nena y nene, esquema clásico) que se encuentran en una gasolinera, echan un casquete en la cuneta y luego que si te he visto, moreno.
8/11/07
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La crisis de las camisas |
El día 1 cumplí 29 años. Mi chica vino desde Lille, como regalo sorpresa, lo que explica que haya tenido el blog tan abandonado esta semana (mis disculpas).
Unos días antes había leído un artículo de ese gran filósofo de nuestro tiempo que es Ernesto Sevilla sobre estilismo masculino en el que se cuestionaba la salubridad moral de seguir vistiendo camisetas cuando ya tienes cerca de los treinta, “como intentando aferrarnos a una juventud que se nos escapa”. Y aunque todavía no he “cambiado de prefijo”, como dice mi amigo Rubenchi que acaba de cumplirlos, tuve un conato de crisis de los 30, como también acaba de tener (y contar) Michael Chambers en este magnífico post. Así que el 31 de octubre abrí el armario al salir de la ducha y rescaté una de mis pocas camisas, negra a rayas. ¿Y porqué no? Hoy me la pongo –me dije– porque yo lo valgo. Como intentando aferrarme de sus mangas a una estabilidad laboral y económica, a un domicilio que me dure más de seis meses, a una edad adulta que nunca llega. Mi padre a mi edad ya tenía dos hijos y había aparcado las camisetas, pero también llevaba cuatro años en la empresa en la que aún sigue trabajando a día de hoy y en la que seguramente se jubilará. Yo el mes que viene tengo que buscarme otro empleo.
Así vestido me encontró mi chica aquella misma noche. Y lo primero que me preguntó, tras poner mala cara, fue que si había engordado. A la mañana siguiente me calcé mi camiseta ceñida de los Ramones. ¡Faltaría más!
30/10/07
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Ostras o mortadela (III). El concepto. |
Cuando me hablaron de ello no me lo podía creer. Es el resumen conceptual perfecto de lo que quería transmitiros con Ostras o mortadela (I) y (II):
Lo cuelgo aún a riesgo de pecar de escatológico, pero quiero recalcar lo sola que se queda la muchacha. Creo que no hay soledad mayor que la del que se caga en un jacuzzi, todavía simbolo de la opulencia de la civilización contemporánea, mientras le están viendo millones de personas en un Gran Hermano (y luego en Internet).
La risa es agridulce. Mañana podría pasarme a mí.
23/10/07
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Gente de verdad |
Hay gente que no sabía de la existencia del Cafetín hasta que se encontraron con su terraza, frente a la catedral, el verano pasado. Ahora que el invierno asoma las orejas y ha barrido las mesas de un soplido, esa gente empieza a refugiarse en lo que para ellos es un bar recién abierto, aunque el año que viene cumpla treinta. Es lo que yo llamo el Efecto Terraza: llamados por el recuerdo del verano siguen viniendo, sin ser éste su hábitat natural.
Esta gente de la que hablo son parejas de cuarenta años con niños. Peinados a raya, camisa por dentro y zapatos castellanos ellos. Blusa, falda hasta la rodilla y perfume dulzón ellas. Sus niños van vestidos de adulto a escala. Piden una caña para él, una Coca-Cola para ella y un mosto para el niño. Son los que te imaginas cuando en los medios se habla de la familia española. Los votantes de los partidos. Los que contratan hipotecas al 15% T.A.E. Los que van a pagar más cara la leche y la luz a partir de enero. Aquellos cuyos hijos recibirán la asignatura de Educación para la Ciudadanía. La gente normal.
Y luego están los otros. Los de siempre. Los cinéfilos. Los músicos trasnochados y los camareros de otros bares. Los locos (tenemos un amplio abanico de patologías). Las reuniones de escritores. El poeta cascado que lleva años escribiendo libros que no puede terminar. El tío que lee biografías de Carlos V delante de un té y una pipa durante cinco horas todos los días. El señor con el que ayer discutí sobre cronocentrismo, economía y culturas nativas norteamericanas. Luisa, que viene todas las noches desde 1978 y nos cuenta a los nuevos camareros como era esto (el bar y la vida en general) durante la transición. La pareja de cuarenta años que viene los domingos a las cinco de la tarde con una niña encantadora vestida de colores vivos. La gente a la que conoces o podrías llegar a conocer. La gente de verdad.
16/10/07
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Esto es América |
El segundo periodista y presentador más famoso de la ex república soviética recorre en esta cinta la Norteamérica profunda, compartiendo su moral retrógrada, machista y antisemita con un elenco de ciudadanos anónimos que aplauden sus comentarios contra los homosexuales pero se escandalizan cuando lleva a una puta a una cena de gala. El film es una suerte de mezcla de géneros tan dispares como la comedia de humor grueso con el cine de terror. El grado de vergüenza ajena que alcanza en ciertos momentos resulta insoportable. Es inevitable llevarse las manos a la cara varias veces durante su visionado, como en las mejores películas de horror. Sin embargo resulta evidente para todo aquel que quiera hacer una segunda lectura la verdadera filosofía de la cinta: la sátira. Cohen la lleva a años luz de lo que tenemos por costumbre en un medio cada vez más proteccionista y temeroso de herir sensibilidades, en un tour de force no solo admirable sino necesario. Un cóctel perfecto, humor obsceno para adolescentes groseros con un fondo mucho más cínico para el que se atreva a sumergirse en este pozo negro de mal gusto. ¡Feliz inmersión!
3/10/07
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El Cafetín |
Desde hace unas semanas tengo la suerte de trabajar en un lugar que, más que un local, es una institución vallisoletana: el café El Largo Adiós. O al menos eso ha puesto siempre en la puerta, sobre la ilustración de un barco de vapor. Sin embargo ése no es su verdadero nombre, salvo que seas un forastero. Los que se citan aquí suelen perderse: nadie sabe dónde está El Largo Adiós. Incluso algún paisano todavía pregunta a veces, asomándose a la puerta, si ha cambiado de nombre hace poco: ¿Pero esto no ha sido siempre El Cafetín?
En El Cafetín, colgados de las paredes, conviven toreros de principios del s.XX, Raymond Chandler (era inevitable), Machado, Kafka, Gómez de la Serna, Zambrano, Verdi, Lorca, Pessoa, Dashiell Hammet, Scott Fitzgerald o Hemingway completamente bolinga blandiendo una botella (esta última foto es mi favorita) con John Ford, el Stacy Keach de “Fat City”, Pasolinni, Mingus, la foto de boda de John Wayne y Maureen O’Hara en “El Hombre Tranquilo”, el primer Brando, Eisenstein… y muchos otros más difíciles de identificar.
Abierto desde 1978, este local acoge tradicionalmente a intelectuales y artistas, y durante la transición fue un centro de reunión de la izquierda (o, como se decía entonces, un nido de rojos). Uno de los últimos atentados de la ultraderecha española tuvo lugar aquí en 1981, cuando un grupo armado disparó al interior desde la calle, hiriendo de gravedad al abogado Jorge Simón. Como bien cuenta Fernando Terreiro en los comentarios de una entrada anterior, fue un periodista el que acuñó el término “Fachadolid”, escribiendo sobre este caso. Pero hay muchas más historias. Sobre este café Gustavo Martín Garzo nos cuenta que en una ocasión “llegó a entrar un caballo. Un caballo que avanzó solo e impávido hasta el interior del local, y al que los camareros dieron solícitos de beber en un balde”.
Ojo, hay que aclarar que éste no es un elegante local de tertulia literaria de Madrid como el Café Gijón. El Cafetín es un lugar mucho más popular, del pueblo para el pueblo, y en la actualidad se codean mesa con mesa un decano de la universidad o un abogado laboralista con artistas callejeros venidos de las cuatro esquinas del mundo durante el festival de teatro de calle (tienen el local como punto de encuentro) o los clásicos puretas trasnochados y frikis de la noche vallisoletana. El elenco de personajes que desfilan por aquí (con El Alemán como gran ejemplo) es digno de Valle-Inclán. El lugar parece decorado a principios del siglo pasado, y sin embargo la clientela no puede ser más contemporánea. Recuerdo que la primera vez que vine, con apenas diecisiete años, las baldosas del suelo blancas y negras a modo de tablero de ajedrez, los vasos de media pinta, las amarillentas ampollas de las lámparas y las mesas de mármol y hierro forjado me causaron una gran impresión. Incluso recuerdo haber tanteado el reverso de esas mesas buscando el grabado de una lápida. No he dejado de venir desde entonces.
No hay día que no salga de trabajar con una recomendación de algún compañero sobre un libro, un disco o una película, y el espectro va desde los Malevaje de Rubén (alias “Finito”), hasta “El hombre que mató a Liberty Valance” de Choche, pasando por los Wilco de Dudu, el Ray Bradbury de Ruth, el Maceo Parker de Javi o el Angelo Debarre que estáis escuchando, recomendado por Rafa y que es ya un clásico de la banda sonora de este lugar. No, no me olvido de Raquel, pero es que con ella hablé de bicicletas.
No me ha resultado fácil elegir la música con la que tratar de recrear el ambiente del Cafetín porque, aunque hay una extraña suerte de coherencia en lo que se pone aquí, los gustos de los camareros difieren enormemente. Si está Joaquín (el jefe) suena Son cubano. Si es Rubén suena Rock&Roll clásico y Soul. Con Dudu o Choche es Herbie Hancock, Miles Davis y otros clásicos del Jazz… pero también hay momentos para el flamenco, la música celta e incluso el sábado pasado, a las cuatro de la mañana y con setenta clientes bailando completamente desatados, Peret y Renato Carosone. Una puta locura. Yo por mi parte voy introduciendo mi granito de arena en este complejo mosaico cultural con forma de bar hablándoles de Moore, Gaiman, Spiegelman o los Lemonheads y los Pixies, y cuando me vea más suelto les llevaré a La Rue Ketanou (para los fines de semana) y a Yves Montand los domingos lluviosos por la tarde.
En definitiva, El Cafetín es mucho más que un bar. Es un modo de vida.
P.D. De nuevo la primera foto es de Asami, que tiene su propia entrada sobre el Cafeto.
24/9/07
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Buscando curro y piso (III). El tercer hombre |
Con respecto al trabajo ya os he ido contando en entradas anteriores: Aterrizo en España a las 20:30. A las 22:00, y estando de cañas con los amigos, Asami me dice que necesitan gente en un bar de tapas (se lo han propuesto a ella, pero se vuelve a Japón). Al día siguiente, durante el tapeo, y con tres vinos encima, me paso por allí. Están buscando a una camarera, pero hay buena química con el jefe, así que me pone en contacto con su socio que lleva no ya un café, sino El Café por antonomasia de Valladolid. Concretamente El Cafetín, local mítico al que dedicaré una larga entrada en breve. Al mediodía siguiente tenía el contrato por el que me había arrastrado en Francia sin éxito. Una búsqueda de empleo en tiempo récord: cuarenta y cuatro horas. Hasta aquí, hecho. La búsqueda de piso es otra historia.
Mi partenaire en esta empresa, Teresa, también acaba de llegar. En su caso desde Londres, donde ha trabajado tres años como profesora de español. Nos planteamos un presupuesto máximo de 500 €, facturas y comunidad aparte y sin contar con la ayuda de 210 € del gobierno, porque de aquí a que la veamos los pisos seguramente costarán 210 € más. Visitamos una media de cinco pisos diarios (a veces tres, a veces siete) desde hace casi dos semanas. Y no damos crédito a lo que nos ofrecen por ese dinero en Valladolid. No sé si es que los precios han aumentado tanto en cuatro meses que llevo fuera o que hasta ahora he tenido la fortuna de no tener que buscar piso en septiembre, momento en que el llegan todos los estudiantes, habiendo más demanda. Pero hemos visto verdaderos zulos y nidos de mierda franquistas por 600 €. El carácter castellano más rancio aparece en todo su esplendor durante las conversaciones telefónicas con los caseros.
-Solo lo alquilo a chicas.
-Este piso es para tres. Si sois dos no os lo alquilo. No, no os voy a decir lo que cuesta.
-Pido seis meses por adelantado.
-Vamos a ver, le digo de venir a verlo a mediodía porque el piso no tiene electricidad, ni contador ni nada, pero es muy luminoso.
-Pido un aval, por ejemplo otro piso que tengáis.
-Me tenéis que dar el teléfono de vuestros padres.
-¿Cuántos sois? ¿Solo dos?
-El precio depende de cuantos seáis. Por cierto ¿Cuánto os están pidiendo por otros pisos? ¿Y cómo son?
-¿Sois españoles?
-¿Sois estudiantes? Entonces no, no quiero estudiantes. No tienen dinero para pagar.
-¿Sois estudiantes? Ah, trabajáis. ¿Dónde trabajáis? Si, si, el nombre de la empresa.
-¿Y quienes sois vosotros? ¿Quiénes son vuestros padres?
Que a mis años y con estas barbas me pregunten por mis padres tiene cojones. Como paradigma de la búsqueda me quedo con dos ejemplos. El primero, en la calle Arribas, frente a la catedral, la misma calle que El Cafetín, a cincuenta metros del bar de tapas antes citado y a cien de la pizzería, lleva más de un año con el cartel de “Se Alquila”. 600 €, cuatro habitaciones. Precioso, sin amueblar. Pero la cocina está totalmente vacía (lo que incumple la ley, para arrendarla debe haber como mínimo un fregadero, una cocina y una lavadora) y el propietario es un anciano de ochenta años con cataratas y dientes marrones que nada más descolgar me grita que los españoles de ahora lo quieren todo hecho y entrar en un piso como si fuera un hotel. Observamos que el hecho de ser dos, chico y chica sin ser pareja, supone un problema para la mayoría de los caseros, así que nos inventamos a un compañero fantasma que ahora mismo no ha podido venir a ver el piso porque es profesor en un instituto y claro, a estas horas los chavales tienen clase. Nos pregunta por nuestros oficios y el de nuestro tercer hombre, sobre el que insiste especialmente. Yo convierto el “trabajo en un bar” en “mis padres tienen un bar pero yo soy diseñador industrial en una empresa del parque tecnológico de Boecillo, si hombre, los que hacen el prototipo para el embalaje de las cajitas de perfumes, por ejemplo, y luego los operarios blablabla…” Teresa no tuvo que mentir tanto, sólo se adelantó unas horas en el tiempo diciendo que era profesora de inglés en la academia Jarenaguer International (donde tenía una entrevista una hora más tarde y fue aceptada). Pero la identidad de nuestro tercer compañero intriga al casero e insiste en saber el nombre del instituto de secundaria donde trabaja. Nos vamos de allí con el inconveniente de no poder aportar un bien inmueble como aval (“una nómina en estos tiempos de inseguridad laboral no me sirve. Usted puede ser diseñador hoy y a los seis meses estar en la calle”) sabiendo que no volveremos a ver el piso. Pero el propietario me llama durante toda la semana para que le demos el teléfono del profesor de instituto espectral. En una de las ocasiones me dejé el móvil y contestó mi padre, siguiéndome la bola de que, en efecto, tenía un bar en el que yo echaba una mano de vez en cuando. El pobre, que es un santo, sufrió un interrogatorio sobre nuestra situación económica y moral digna de las comisarías de la posguerra, y con un tono muy similar. Hace unas horas he tenido que aclararle al casero detective que no nos interesa y me ha colgado hecho un basilisco. Acojonante.
El otro caso es el primer piso que vimos. Una mujer de unos cincuenta y tantos que lloraba en cada habitación que nos enseñaba: era el piso de su hija, que había muerto de cáncer la semana anterior.
Deseadme buenas noches y buena suerte.
20/9/07
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Fiestas en Valladolid |
Después de cuatro meses buscando trabajo en Lille y el escarmiento de mezclar trabajo y familia política en Clermont-Ferrand, encontrar aquí uno decente y legal cuarenta y ocho horas después de aterrizar parece un puto chiste. Y lo encontré yéndome de cañas, lo que confirma la teoría de la que os hablaba en Buscando Curro y Piso (II). Ahora solo queda mantenerlo. No ha habido transición entre la frustración y la esterilidad de mi periplo gabacho y el frenesí y la intensa actividad del regreso a la madre que es un padre. Ni falta que ha hecho. Me he acostumbrado rápidamente a encadenar la jornada de trabajo como camarero con el nocturno salir de pinchos y el emocionado reencuentro con unos amigos que me esperaban ansiosos. Nos hemos zampado un lechazo estupendo, asado en el horno de la pizzería, abierta expresamente para ello. Hemos lanzado barreños de agua al desfile de peñas desde el balcón de un séptimo en la Calle Librerías. Bueno, Miguel andaba encabronado por verles guarrear la calle al paso de las brigadas de limpieza. “Para estas bestias ensuciar y limpiar es la misma cosa. ¿Acaso saben qué cojones celebran?” fueron sus palabras, así que les lanzamos algo más que agua, a la manera de los antiguos faraones sobre su pueblo. Asami, que también estaba presente, sacó la foto que corona la entrada (y muchas otras). Un gran momento para el recuerdo.
Y, habiendo dejado atrás una ciudad moribunda, vuelvo a otra cuyas piezas comienzan a encajar y a la que todo el mundo está volviendo desde las cuatro esquinas del mundo (Vielba, Teresa, Chagüen, Ana…), cada uno con una experiencia diferente con la que enriquecer la visión de este lugar que conocíamos demasiado, pero con un pensamiento en común: algo ha cambiado para bien desde que nos fuimos. Seguramente seamos nosotros.
15/9/07
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Lille (IV). La Braderie |
Dice la gente del norte de Francia (le ch'nord) que allí se llora dos veces: al llegar y al irte. Al llegar porque es un lugar profundamente triste y gris. Y al irte por dejar atrás el calor de una gente festiva, de corazón generoso y abierto. Y que razón tienen los cabrones. Yo lloré al llegar. Y he llorado al irme. Mi último fin de semana en Lille, hace apenas diez días, fue además la despedida emocionada de una ciudad en plena ebullición de su fiesta más grande: La Braderie.
Tradicionalmente era un rastro en el que la gente de toda la región vendía los trastos viejos que habían encontrado al vaciar sus graneros. Cumplir con este rito el primer fin de semana de septiembre tiene algo de limpieza de espíritu, de renovación y de comienzo, y dice mucho del carácter de esta gente: Lo que a tí no te sirve puede ser un tesoro para otro. Como rito, aquí en España (Valencia, por ejemplo) esas cosas se quemarían. Allí se las venden a sus vecinos.
Actualmente el acontecimiento ha cambiado mucho, y cada vez parece más un simple mercadillo donde los comerciantes profesionales aprovechan para hacer su (tardío) agosto. Por lo visto este año, además, ha sido una de las peores braderies que se recuerdan. La alcaldesa de Lille ha recortado mucho los espacios para los bradeurs y en algunas calles emblemáticas de esta fiesta ya no se puede vender. Sin embargo yo no me he enterado de nada de toda esta polémica. Para mí ha sido una fiesta estupenda donde me lo he pasado de lujo. He conocido a gente interesante. He flipado con los malabares de fuego de los perroflauta de por aquí, que son mucho más hábiles que los hispanos (Pablo los incluye en una categoría aparte: los europunks) y suponen la gran mayoría de la población joven de esta parte del mundo. He regateado por un libro de poemas de Luis Antonio de Villena, con anotaciones al margen como “no entiendo nada”, con un estudiante americano que vendía las cosas que se habían dejado sus antiguas compañeras de piso españolas (y lo compré porque me acordé de las anécdotas que nos contaba Michael Chambers de sus salidas nocturnas con este autor por el Madrid más locaza). Y he comido cantidad de mejillones y patatas fritas, que es la comida que forma un todo con la braderie. Es un manjar tan ineludible que los bares de mejillones hacen todos los años un concurso para ver cuál de ellos consigue levantar la montaña de basura de cascarujos de mejillón más alta.
Y me ha emocionado y entristecido mucho ver (por fin) vida intensa en esta ciudad, precisamente tres días antes de volver a España. Sin embargo, la mañana que me fui me despertó el aullar de las sirenas de aviso de bombardeos, que siguen probándose como cada primer miércoles de mes desde la Segunda Guerra Mundial, a modo de macabro recordatorio. Es hora de ponerse a cubierto, pensé amargamente, porque en esta parte del mundo van a llover hostias como panes dentro de poco.
Claro que (¡qué puta casualidad!) llegar dos días antes del comienzo de las fiestas de Valladolid ha mitigado mucho mi dolor. Porque estamos en fiestas, señores. La Virgen de San Lorenzo. Pero eso, amigos, es carne para otro post.
12/9/07
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Menudo Chabal |

Durante la última cita mundialística la gran figura mediática fue el neozelandés de los

¡Nos leemos!

6/9/07
1/9/07
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La Gran Escapada |
Ha sido un mes de friegaplatos en Le Régal. Un mes mirando a través de la ventana del restaurante el magnífico prado que se extiende al otro lado de la carretera. Y tras él, los árboles. Prado y bosque, junto con un castillo, forman parte del recinto privado (guardia incluido) de un campamento de verano para críos. Y no se lo merecen. Es un lugar magnífico, digno de la misma Faerie. Durante todo este mes me ha comido el deseo de pisar esa hierba y cruzar ese prado para llegar a los árboles. Cuando he tenido un rato entre friegue y friegue me he colado a hurtadillas para leer Los Libros de La Magia a la sombra de un roble impresionante a este lado del prado. Y mientras yo hacía esta foto cutronadesde Le Régal a mi me hacían esta
Pero andar paseándome con estas barbas por un campamento infantil me daba un cierto aire pederasta, y el bosque al otro lado me ha estado prohibido cada día de este largo mes.
Los bosques de Auvergne dan la impresión de abalanzarse por encima de los tejados, como si fueran a caer sobre tí en cualquier momento. Como castellano, son lo que más me ha impresionado de esta región. El otro día, siendo el último aquí, volví a pasearme buscando un camino transitable por los bosques que rodean el pueblo, sin éxito. Yo sabía que lo que estaba buscando estaba mucho más cerca, al otro lado del claro frente a la ventana. Y al atardecer, cenando antes de ponerme a fregar, me quedé absorto mirando la línea de árboles tras la que solo se veía la negrura más absoluta. ¿Y si cruzo ahora, en este preciso momento? ¡A tomar por culo con todo! ¡Es mi última oportunidad! "Sabes que no lo vas a hacer" oí en mi interior. ¿Como que no? Apuré mi vaso de vino, me levanté de la mesa y me dirigí al verde frente a mí, completamente arrebatado, dispuesto a saltar la alambrada y atravesar la Francia ocupada.
Llegué a la puerta del recinto, la traspasé con naturalidad, llegué al roble, seguí avanzando. La hierba mojada empezó a empapar el bajo de mis pantalones. Nunca había llegado tan lejos. El corazón me iba a explotar. No me lo podía creer. Y aún no me lo creo, todavía pienso que me imaginé cruzando ese claro. Pero es cierto. Llegué al otro lado. Y, como Steve McQueen, volví sobre mis pasos tras haberme fugado, en mi caso para sentarme a la mesa, servirme otro vaso de vino y brindar a mi salud. Porque la auténtica escapada, la más importante, tendrá lugar el día 5 de Septiembre. Mis pantalones aún estaban mojados.
No puedo deciros lo que hay allí, entre los árboles. Los que hayáis estado lo sabéis de sobra. Y los que no, tendréis que cruzar el prado vosotros mismos. Sólo puedo deciros que, cuando llegué, la naturaleza más primitiva del hombre (y el vino de la cena) me indicaron lo que tenía que hacer: señalar con algo mío hasta dónde había llegado. Marcar mi territorio. Y salir corriendo. De Auvergne primero. Y luego de Francia.
22/8/07
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Ostras o mortadela (II). Bernard Loiseau |
Os contaba hace poco cuánto me llaman la atención las contradicciones que produce este sistema en el que vivimos y que, si bien quizá no hayamos creado, contribuímos a mantener cada día. Cada vez tengo más claro que en este mundo el lujo y la precariedad van de la mano, en una dicotomía imposible de separar, absolutamente necesaria. Y ya no hablo de los cambios de fortuna o de las grandes caídas desde las alturas sociales. No, estoy hablando de que, tras la democratización del lujo del siglo pasado, la situación económica actual ha hecho que el glamour y la miseria ya no estén estratificados, sino que forman una mezcla homogénea, perfectamente batida y de un asqueroso color parduzco. Todo es posible, todos somos susceptibles de triunfar o fracasar. Y no sólo en lo económico. El prestigio es otro gran valor, junto con el dinero, por el que pretendemos trepar buscando algo de aire. Pero es una cucaña tremendamente resbaladiza y algunos lo saben muy bien, como Bernard Loiseau.Su historia parece una puta novela. Nacido en 1951 aquí, en Auvergne, de una familia modesta, trabaja desde muy joven con los mejores cocineros de Francia, que enseguida reconocen su excepcional talento, y jura conseguir algún día las tres estrellas de la Guía Michelín. En el empeño de este juramento crea un imperio económico (es el primer cocinero que cotiza en bolsa), entre otras cosas gracias a su gran capacidad mediática (fue portada del New York Times) y se convierte en los ochenta y los noventa en el embajador mundial de la cocina francesa. Y seguramente habréis oído hablar de la cocina francesa. Con un 19 de 20 en la Gault-Millau, en 1991 consigue sus tres preciadas estrellas. Y las mantiene hasta 2003, cuando le llegan rumores de que, hartos de verle hasta en la sopa, va a perder una de ellas. Y se suicida.
Hay que reconocer que perder una estrella Michelín no es perder un tenedor. Sólo siendo el mejor se trabaja entonces toda la vida para alcanzar las tres, y cuando lo logras dejas de ganar dinero, porque mantenerlas requiere tal despliegue que se come todos los beneficios. Si consigues tres estrellas Michelín pasas a jugar en la liga de los grandes, donde el dinero se da por hecho y lo que entra en juego es otra cosa. Perder una supone que, siendo aún de los mejores restauradores del mundo, te encuentres de un día para otro sirviendo a cinco donde antes servías a doscientos. Y por supuesto el descrédito entre los colegas. Ser descastado. El ostracismo. Es la principal razón por la que muchos agraciados con este galardón las rechacen.
Todo esto me lo contaba el otro día el patrón de Le Régal en una pausa durante el servicio de la cena, tomandonos un champán del bueno mientras yo aún estaba fregando platos con el delantal puesto y de grasa hasta los codos. Y a eso me refiero. Para Bernard Loiseau su trabajo y su prestigio eran su vida. Sin ellos no había vida posible. Y la vida tiene que ser posible, a pesar de todo. Primero la vida, luego el champán. O el Mistol. Y, últimamente, los dos a la vez en un cóctel difícil de digerir.
18/8/07
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Esos malditos bastardos |
Nos viene al restaurante un grupo de nueve cabezas de ganado, padres, madres, hijos y la abuela. Con el puto perro. Un grupo de domingueros, maleducados, desagradables de ver y de tratar. Gente por la que valdría la pena que los hornos de Auschwitz siguieran en activo. Los adultos se sientan y piden a gritos, como animales, todos a la vez, pisándose entre ellos por ser el primero en tener una chuleta en el plato. Yo propuse lanzarles una pieza de carne cruda para todos y ver en cuantos minutos daban cuenta de ella. Unos putos glotones que se comen el postre de sus hijos porque éstos no acuden a sentarse en menos de cinco segundos. Les pedimos tres veces que se encarguen de que los niños no molesten a otros clientes (y a nosotros), sin éxito. Se desentienden de ellos completamente, y los enanos pululan por el restaurante, la cocina y detrás de la barra durante las tres horas siguientes. Como medida preventiva, una madre cierra con llave y sin nuestro permiso la puerta que comunica el comedor con la terraza, petada de clientes que se quedan aislados sin poder ser servidos, sólo para evitar que los críos salgan a la calle. Cuando lo descubrimos y volvemos a abrir, quitando esta vez la llave de la cerradura, cogen sillas y mesas de la terraza para bloquear el acceso.
Los niños sacan al perro a la terraza, que empieza a mear por todas partes. Se adueñan de los juguetes de los hijos de la cocinera, que duermen en el piso de arriba, y cuando descubren la puerta por la que salen los camareros nos dejan allí cochecitos y muñecos, incluso una bici que nos impide abrirla en un momento dado. Se encierran en el baño. Gritan, lloran, aullan y patalean en cada uno de los tres pisos del hotel. Les oímos desde la cocina, a pesar del barullo. Pero lo más acojonante es su mirada desafiante, una mirada de adulto hijo de puta, cuando les reprendes.
En esas estábamos cuando, volviendo de recoger una mesa cargado de platos, me cruzo con uno de estos pequeños hijos de puta en el pasillo. No tendría más de dos años. Me detecta. Sonríe. Yo me huelo lo que va a hacer. Casi deseo que lo haga. Alégrame el día, maldito bastardo, digo entre dientes. Y en efecto. Se planta tambaleante en medio del pasillo delante de mí y me mira, sonriendo maliciosamente. Sostiene la mirada como un auténtico cabrón, sabedor del poder que tiene sobre los adultos, que a pesar de ser más grandes y fuertes le evitan constantemente mientras él da sus primeros pasos. Este niño tiene el espacio vital (y los cojones) demasiado grandes. Amigo, acabas de cagarla. De repente veo claro mi papel social en esta situación: soy el agente externo que le enseñará por primera vez a este humano de mierda lo dura que es la vida. Soy la primera hostia moral. El primer villano que hará caer su mito de ser intocable. El primero en mostrarle su vulnerabilidad. Asumo mi deber con un placer indescriptible y avanzo, inexorable, sin piedad, sin mirar hacia abajo e ignorándo su minúscula presencia. Casi espero oír el crujir de pequeños huesos bajo mis pies.
No os preocupéis, el niño está bien. Lo único dañado fue su orgullo. Con qué rabia lloraba el pequeño cabrón. Rabia, y no dolor, os lo puedo asegurar. Ese día aprendí a distinguir la diferencia de sonido entre los dos.
Fui un auténtico hijo de puta, lo reconozco. Y me encantó.
7/8/07
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Auvergne (II). Massif du Sancy |
Ha sido una semana fregando platos en Le Régal, pero ha valido la pena. Aquí se libra el domingo por la tarde, así que los jefes (Manu y Chloé) nos llevaron a dar una vuelta por la región, con cena final incluida.
Toda esta región, el Macizo de Sancy, se encuentra en pleno Parque Natural de los Volcanes de Auvergne, y el paisaje es espectacular. No parece real. Te encuentras montañas imposibles que parecen de otro planeta tapizadas de un verde uniforme de ilustración coloreada. Bosques asombrosamente frondosos de dimensiones gigantescas, en extensión y en altura. No sorprende en absoluto enterarse de que sirvieron de escondite para los maquis durante la Segunda Guerra Mundial. Actualmente buena parte del turismo es de invierno, dada las posibilidades para el esquí. La primera parada, en el lago Chambon (foto). Con unas vistas excepcionales y petada de bañistas blancuchos. Gracias a la arquitectura colindante, el conjunto final en agosto es como si cogieras la playa de Torrevieja y la colgaras en plenos Alpes. Una cosa pintoresca donde las haya, oye. Tras parar en el Col de la Croix Morand (primera foto arriba), llegamos a le Mont Doré, una pequeña ciudad escondida entre montañas donde no sabes muy bien qué son jardines y qué es directamente el bosque salvaje que se abre paso entre las calles. Con un casino horterísima decorado en plan pastiche de art déco y el hotel "Panorama" al lado, con su panel estilo años setenta destacando contra los árboles (apuesto a que tenía helipuerto), me pareció un decorado de película de cuando James Bond era Roger Moore.
El cenorrio tuvo lugar en el Albergue del Lago Guéry, con champán en la terraza al borde del agua. El lago es un centro de peregrinaje para los amantes de la pesca, por lo visto en invierno incluso se hacen agujeros en el hielo, que llega a cubrir toda la superficie. Y las vistas del restaurante son absolutamente impresionantes. Joder, es el lujo en estado puro. Eso de estar comiendo marisco y/o un filet mignon ante este espectáculo casi da vértigo. En vez de intentar contároslo, ahí van unas fotos que no le hacen justicia (la segunda no es mía, evidentemente).

31/7/07
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Yeso y decadencia |
Qué cosas raras se le pasan a uno por la cabeza cuando está quitando el papel pintado de la pared de casa de sus cuñados. No sé si es porque pongo un disco de Ozzy Osbourne para amenizar la tarea o porque los montoncitos de yeso en polvo que se depositan en el rodapié me sugieren ese gran producto nacional colombiano (no, no me refiero al café), el caso es que me acabo acordando de un documental que ví hace unos años un sábado que llegaba yo todo bolinga a casa. Te sientas a comer algo a las 4:30 a.m., pones Antena 3 y empiezan a salir unos melenudos moviendo la cabeza bajo el siguiente título: "La decadencia de la civilización occidental, parte II: Los años del Metal".
Filmado a finales de los ochenta por Penelope Spheeris (directora también de la primera parte, centrada en el movimiento punk, y de "El mundo de Wayne", no podía ser de otro modo), el documental recoge en una nutrida serie de entrevistas el modo de vida de las estrellas, grupos de segunda fila y fans anónimos del rock estilo Los Angeles en su punto álgido. Es una puta joya de documento sobre uno de los mejores momentos (y lugares) del rock de todos los tiempos. Están todos: Ozzy, los Kiss, Alice Cooper, Aerosmith, Lemmy de los Motörhead, los W.A.S.P., unos jovencísimos Poison… Hay algunos momentazos increibles, como ver a Ozzy antes de desintoxicarse del alcohol, en albornoz de leopardo, intentando servirse un zumo de naranja dentro del vaso (sin conseguirlo porque tiene un pulso como para robar panderetas) y diciendo que estar sobrio es una mierda. A veces parece que el film peca de moralista, pero dados los excesos de los que hacían gala estos personajes en la época, es fácil que cualquier aproximación al tema lo sea. Sin embargo hay algunos momentos realmente puritanos por parte de los guionistas, como preguntarle a Paul Stanley de Kiss, tirado en la cama sobre una multitud de chicas Barbie de flequillos lacados (como mandaban los cánones) lamiéndole, sobre lo que pensaría su madre en ese momento si pudiera verle. La respuesta de Paul es evidente: "¿Debería preocuparme?" Para otros personajes sin embargo esta cuestión no es una conjetura, por ejemplo para Chris Holmes de W.A.S.P., que vacia delante de la cámara en apenas unos segundos una botella de vodka metido en la piscina ante la atenta mirada de su madre, sentada al borde del agua. Acojonante.
No soy yo muy dado a experimentar estos excesos en mis carnes, pero adoro a las estrellas del rock por su capacidad de inflingirse un daño semejante en pro de nuestro solaz y diversión, como unos modernos jesucristos de la cultura del ocio. Qué gigantes. Admirable. ¡Yo también quiero ser un rockero! La gran diferencia es que mientras yo me como vario kilos de yeso en polvo en Auvergne, los Aerosmith en aquella época y en Los Angeles elegían mejor qué meterse al cuerpo. A la pregunta de la entrevistadora "¿Qué habéis hecho con todos los millones de dólares que habéis ganado hasta la fecha ?", Steve Tyler responde "Nos los hemos metido por la nariz". Y todo esto cuando Michael Chambers me acaba de mandar un enlace al nuevo anuncio de la O.N.C.E.
Pues eso, que a veces estar sobrio es una mierda.
16/7/07
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Précaution, ami conducteur! |
Ya de entrada partimos del suceso increíble de atravesar París en menos de 25 minutos el domingo 15 de Julio por la mañana. Ni atascos ni desvíos incomprensibles. Un trayecto limpio y preciso, casi quirúrgico. Acojonante. ¿Os imagináis un milagro semejante en las circunvalaciones de Madrid ? Ni por el forro. El hecho subyacente es que ya van unas cuantas veces que estoy en París de esta manera: en coche y deseando dejarla atrás lo más rapidamente posible. Y la verdad es que París se merece mucho más. Se merece una visita en condiciones, cosa que llevo posponiendo por lo de siempre, la puta falta de pasta, y mira que vivo a sólo una hora y poco en tren de la Ciudad de la Luz.
Pero bueno, yendo al grano: los gabachos conduciendo son la hostia. Prudentes, hábiles, cívicos y considerados. Las incorporaciones en carril de aceleración son pura cortesía. Rara vez superan el límite de velocidad (que aquí está en 130 Km/h) y si lo hacen es por muy poco. En un viaje de seis horas no nos cruzamos con un solo energúmeno de los que en España te adelantan a 220 o se te pegan al culo dándote las largas, o al típico camionero cabrón que te obliga a incorporarte ya en el arcén. Por otro lado, casi todas las grandes vías son autopistas de pago, y son caras de cojones. Además, se impone la política empresarial de supresión de puestos de trabajo que también se empieza a ver en las cajas del supermercado: los pagos se hacen por tarjeta a través de una máquina. Eso sí, en algunos puestos de peaje los pocos empleados humanos que quedan reparten bebida bien fresquita y regalillos, como juguetes para los críos y cosas así. En nuestro caso un tercio de té con melocotón y una baraja de cartas de las siete familias.
La información en carretera está tremendamente bien coordinada. Si una mosca caga en el asfalto te enteras tres minutos más tarde, no vaya a ser que suponga un obstáculo para la circulación. Y en dos minutos más los operarios ya la han recogido, sin preparar apenas atasco, y tú te enteras de todo esto por la radio, en francés… ¡Y luego en inglés para los conductores extranjeros! Alucinante. Pues eso, que un placer conducir en este país. ¡Nos leemos a la vuelta!
11/7/07
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Ostras o mortadela |
He bebido vinos de más de 300€ la botella. He pagado una habitación de cinco estrellas y la he llenado de pétalos de rosa y de velas para despedir a Marion la noche que acababa su Erasmus, y encargué las copas para el vino especialmente para la ocasión (las del hotel no me convencían). He viajado 700 Km para meterme una mariscada. Por circunstancias familiares ayer cené aquí (atención al hilo musical, es mierda de la buena). He compartido mesa y batalla dialéctica, al más puro estilo salones del XVIII versallesco, con algunos de los más reconocidos y potentados médicos de Francia. Me he visto en muchas ocasiones compartiendo placeres o lugares indignos de mi clase, origen y condición, reservados hasta hace pocas décadas a las esferas sociales más selectas, con personas que nacieron en ese medio. Y no me he sentido extraño. Es más, me he encontrado extrañamente cómodo en ese ejercicio social de la clase alta que es la asunción del lujo, hasta el punto de que apenas recuerdo esos momentos, precisamente por no ser extraordinarios. Los que os cuento antes son los más recientes, los demás han pasado a engrosar la lista de momentos olvidados corrientes.
¿Cómo es posible todo esto? ¿Cómo se puede dar una contradicción tan enorme? Soy el último mierda del mundo occidental, como demuestran los siete céntimos en metálico de mi cartera y mi cuenta corriente a cero. Este mundo que hemos creado es ilógico e incomprensible, porque permite a descastados de clase baja-baja como yo codearse un día con las altas esferas y regalarse con sus placeres para negarle al siguiente los dos duros imprescindibles con los que hacer un viaje mochilero con sus amigos, durmiendo al raso y comiendo bocadillos de mortadela.
No puedo ir a Italia, chicos. De hecho he tenido que poner publicidad en el blog para ayudar a pagar mi (ínfima) parte del alquiler, dado que me he quedado sin alumnos hasta septiembre. Otro año más, y ya van ocho, que no puedo hacer El Gran Viaje del Verano. Otro gran recuerdo que lamentaré haberme perdido el día que descubra que me he hecho viejo irremediablemente.
Dios, lo que daría por un bocadillo en la cuneta.
7/7/07
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Buceadores fecales |
Continuando con este extraño y no buscado periplo escatológico, estaba yo el otro día hablando con Antoine sobre oficios peligrosos, inusuales o extraños, un tema que salió a flote al comentar las experiencias de mi hermano con el submarinismo y la soldadura, que juntos en la misma ecuación dan como resultado una cantidad de pasta tremenda (en la escala proletaria, no en la banquero-futbolística) y un máximo de vida laboral de cuatro años porque más allá se te va la chaveta por la descompresión, cuando de repente me suelta la bomba que da título a esta entrada. Antoine trabaja en algo relacionado con las infraestructuras en el tratamiento y recuperación de aguas residuales. Pues por lo visto toda la mierda (y cuando digo mierda me refiero a las aguas exclusivamente fecales, la caca, vamos) de la que somos capaces se almacena a veces en vastísimos espacios subterráneos, comunicados por esclusas y otros mecanismos sumergidos a muchos metros de mierda de profundidad que, como todo mecanismo, precisan de mantenimiento y reparaciones. Pues hay unos buzos, amantes de las emociones fuertes donde los haya, que se encargan de sumergirse en esos mares de heces, buscando a tientas (debido a su densidad la mierda no deja pasar la luz) estos mecanismos y arreglarlos, rodeados de la podredumbre en estado puro, en una de las experiencias más intensas y extremas que se me ocurre. Acojonante, ¿verdad? El caso es que tras la sorpresa inicial de que existan trabajos como éste, me asaltó la impresión de que había algo de poesía en todo esto y que, de alguna manera, era una metáfora brutal de algo. No sé de qué, pero metáfora al fin y al cabo. ¿Qué creéis vosotros? Pensad en algún sugerente símil cuando vayáis a hacer vuestra contribución diaria.
Hablando de otra cosa diametralmente opuesta, en la última entrada los siempre bien recibidos comentarios me llevaron a varios blogs bastante interesantes que, junto con los ya añadidos, os recomiendo vivamente. Son: ¡Por fin es lunes!, Cerrado por melalcoholía y Chascarrillos y Zarandajas. ¡Tres enlaces de una sola entrada! Casi igual de reciente en el blogroll os recomiendo también Planeta Imaginario 2 (absolutamente cojonudo en general, pero no os perdáis Chicago-Madrid egotrip) y los ya casi de la familia Basilio en el Bolsillo y Alicia en el País de las Pesadillas, en el que este blog ha tenido el gustazo de ser galardonado con el Alicia Award al mejor ídem (¿el jamón donde lo mando?)
¡Nos leemos!
2/7/07
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Semántica y mierda |
Dentro de unas horas Marion expondrá (¡por fin!) su seminario sobre comics y arquitectura. Llevamos dos días con sus noches preparando la presentación para el tribunal, pero aún así yo tengo que sacar tiempo para una entradita del blog, ya me vale. Y además bastante prosáica. Bueno, el tema, que resulta que tanto hablar francés y tanta hostia… y al final me falta el vocabulario más básico y necesario para sobrevivir: No se como se llaman las putas especias. No sé como se dice comino, albahaca, eneldo, hinojo, clavo… Perejil y pimentón sí (pimienta = poivre, pimiento = poivron, pimentón = piment, que siempre me lío, como si no hubiera diferencia entre echar pimiento y echar pimienta, sabes?). Pero calla, que aún tiene más delito. ¡No me sé ni un puto nombre de pescado! Salvo la morue, que es el bacalao y es el único que no me gusta, hay que joderse. No sé como coño se dice lenguado, dorada, lubina, merluza, rape, palometa, boquerón, mero, besugo, gallo (de mar, el otro es "coq", como la marca de sudaderas)… Así que con lo que me gusta a mí la cocina (y más aún la mesa) ando medio cojo. A ver qué pido cuando tengamos pasta para ir a un restaurante. Un… un pescado de esos así, planos, con raspas por los bordes y los dos ojos del mismo lao… a la hierba esta… ¡Bueno, yo que sé, traeme un filet mignon de foie empanao!
Ellos tampoco andan finos con su propio vocabulario. Al poco de llegar aquí estaba yo un día en la cocina y se me derramó algo por el suelo. Cuando pregunté a los compañeros de piso que donde estaba la fregona me tiré media hora explicándoles en qué consistía este invento español, alarde de ingenieria y orgullo patrio junto con el chupachups, el futbolín (babyfoot para ellos) y el baile de los pajaritos, por mucho que se empeñen en decir que es "La danse des canards". "Ah, une serpière!" acabaron cayendo en la cuenta. Y no, la serpière que me enseñan es la mopa, para el polvo, no para recoger líquidos. Pues me tocó ir a La Farfouille, que es como una especie de todo a cien trampa (porque que es más caro que las tiendas normales, pero tiene pinta de todo a cien) y comprar una… si hombre, una serpière, no, esa no, para los líquidos, jodeeeer… Adivinad bajo que rótulo encuentro la fregona con su cubo: "Serpière espagnole". Manda huevos.
Claro que luego lo pensé y me dije, si no tienen palabra para designarlo es porque no les hace falta, asi que ¿Con qué limpian aquí el suelo? ¿Porqué me he visto obligado a buscar una fregona fuera de casa? ¿Qué hacen mis compañeros de piso cuando se les cae un líquido ? Pues creo que no hacen nada. Eso explicaría el color del suelo de la cocina… Al final resulta que no es un problema de semántica, sino de guarrería. ¡Si es que tenemos que venir los españoles a limpiar!
27/6/07
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Vuelve a casa por San Juan |
La vida en Lille transcurre prácticamente tranquila, sin sobresaltos, pero sin intensidad. A los españoles nos falta algo aquí. Nos aburrimos, incluso los que no somos muy dados a los grandes excesos. Así que volver a Valladolid en San Juan era el puto delirio. Al final ha sido mucho mejor que una bacanal desaforada (que también): ha sido una sucesión de momentos sencillos, pero tremendamente intensos. Si alguna vez habéis sentido una especie de hipnosis mística con una luz sugerente, un trago excepcional o una melodía inesperada, conduciendo a las cuatro de la mañana en mitad de la nada ("es como viajar por el espacio", diría Nancho Novo), tomando el sol en una azotea mientras escucháis el barullo que hay unos metros más abajo, mirando por la ventanilla de un avión… sabréis a lo que me refiero cuando os digo que este regreso a España ha estado plagado de epifanías. Claro, también ha sido una ocasión para ver a los amigos : Teresa, Jal, los Stromboli, Hermo, los Arizona (que, por cierto, han ganado el Norterock), Isra de los 6eiscafés … incluso a Pablo, que el resto del año vive a 30 Km de aquí y a Ana, su chica, que también es profe de español en Francia.
Ver este país con los ojos del extranjero que ya empiezo a sentirme ha ayudado mucho a apreciarlo más. Y al pensar en lo dura que iba a ser la vuelta, decidí hacer del ritual pagano de purificación que supone la hogera una nueva oportunidad para Lille. Porque he sido injusto con esta ciudad. He venido aquí como el que viene a la guerra, a sufrir para hacerme con el botín de un futuro brillante. Y será mejor que empiece a acostumbrarme al hecho de que éste va a ser mi hogar durante un tiempo, y no una trinchera. Así que tiré al fuego un flyer que me dieron el día que llegué a Lille (anunciando un concierto de unos tal Valentine’s Day), y salté sobre las llamas.
Bueno, antes de volvernos también sellamos una primitiva, que nunca se sabe.
12/6/07
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El G8 es una fiesta |
Sin embargo hay novedades: Sarkozy se estrena en política internacional, ejerciendo ya de pleno como Rey de Francia después del descalabro del Partido Socialista en la primera vuelta de las legislativas (mucho peor si cabe que en las presidenciales). Y lo hace cogiéndose una buena moña con Putin, tras la cual podemos verle visiblemente afectado en la rueda de prensa. Digo podemos refiriéndome a los internautas, porque el video completo ha sido censurado en las seis principales cadenas de televisión francesas, y ha sido la televisión belga la que ha hecho saltar la liebre con la entrada triunfal de Sarko en la sala de prensa. Para tener una visión en conjunto, os pongo un video que reúne la parte censurada en Francia, completamente alucinante, y los videos difundidos en los medios franceses de un Sarkozy ya más sereno (aunque con algún reflujillo todavía).
No dice gran cosa. Bueno, lo de siempre, pero con frases muy poco brillantes. Os dejo la traducción del video (los paréntesis son míos):
"Damas y caballeros, les pido disculpas por el retraso, que ha sido debido a la extensión del diálogo que acabo de tener con el senor Putin. ¿Qué prefieren, que responda a las preguntas? Bien, ¿hay alguna pregunta? Adelante. Bah, beh, buh (esto lo habréis entendido)."
"[...] Ha sido franco (refiriéndose al encuentro con Putin) porque hemos abordado todos los asuntos: Chechenia, la periodista, los derechos del hombre, los derechos de los homosexuales. Lo hemos hecho calmadamente, serenamente... pero... lo he hecho sin ninguna agresividad... pero... hemos intercambiado. He encontrado a un hombre abierto al diálogo, aceptando la discusión sobre estos asuntos complejos. Yo mismo he intentado comprender cuál es la problemática de los rusos, que desde hace veinte años, eso es indudable, han afrontado no pocas crisis y no pocas dificultades. Le he dicho al presidente Putin que Europa no quería aislar a Rusia, pues ¿cómo aislar a un país grande como un continente? Que Francia deseaba tener una verdadera asociación de confianza y de amistad con Rusia, y que Francia quería reagrupar las energías y en ningún caso dividir. Les puedo decir que ha sido agradable dado que ha durado bastante más de lo previsto. He encontrado a un hombre muy (conocedor) de sus informes, muy tranquilo, muy inteligente, y ha sido muy interesante abordar todo esto. Me ha explicado al detalle la proposición que le había hecho al presidente Bush apenas diez minutos antes al respecto de los radares y los misiles, y le he propuesto que expertos militares franceses y expertos militares rusos se reunan para ver en que punto estamos, y bueno, les puedo decir que ha sido un placer y muy interesante hablar con el presidente Putin [...]"
"[...] el balance es positivo, muy positivo. Sobre el clima ha habido avances bastante remarcables y además esta mañana el presidente Bush ha confirmado que se comprometía con la perspectiva de la reducción del 50%, y lo ha hecho para convencer a la India, China... de comprometerse igualmente en la reducción de la producción de gas CFC [...]"
Menos mal que estaban de buen humor. Teniendo en cuenta que disponen de armamento nuclear, no me quiero imaginar a estos señores si tuvieran mal beber. Que Dios nos coja confesados.
Las fotos recojen momentos de las manifestaciones contra esta fiesta. Buenas noches y buena suerte.

9/6/07
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Retrospecter gabacho |
Aleluya hermanos, el portátil ha vuelto a casa, y con él la oportunidad de actualizar más a menudo. Aparte de unas inundaciones que casi se llevan media región a la costa de Nueva Inglaterra y de que ya voy teniendo más alumnos, la vida en Lille discurre prácticamente tranquila. De momento, como hoy no tengo la quijotera para largar muy de seguido, os deleito con una frikada de la www gabacha que me han dejado unos coleguillas de aquí. Algunos ya sabréis que soy fan irredento de La Hora Chanante, en especial de la sección Retrospecter. ¿Quién no le ha quitado el sonido a la tele durante una peli de Bruce Lee y se ha inventado los diálogos con su hermano pequeño Nicolás? Salvando las diferencias, aquí hay un pollo, Mozinor, que hace algo parecido, sustituyendo lo viejuno de la ecuación por lo funk. Tiene algunas escenas antológicas de la antigua serie Galáctica, convertida en discoteca setentera a través de los diálogos, que son la risión. Sin embargo mi favorita es esta de aquí abajo. Es una lástima que no todos comprendáis el francés, pero la esencia está en las formas.
En resumen, la traducción es esto: Michael se queja de que, estando tan tranquilo en su habitación, ha entrado un tío que no sabe ni quién es, le ha petado el buyuyu (défoncé la rondelle) y se ha ido sin despedirse ni darle su dirección ni nada. Luego sale a dar una vuelta, pero la gente ha desaparecido, se empieza a agobiar mogollón por si están muertos y le da un ataque de ansiedad. Fin. Hacia meses que no me pegaba una risotada como el día que descubrí esta joyaza.
En el próximo capítulo más aventuras. ¡Nos leemos!
3/6/07
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Aquí no hay San Miguel |
Los españoles estamos acostumbrados al exceso. A la cantidad por encima de la calidad. A salir a tomar una cerveza y bebernos dos litros de lo que nos pongan, a lo hooligan. A no recogernos en casa hasta después de las cinco de la mañana como principio moral aunque la noche no dé más de sí. Cualquier cosa nos parece poco, y de ahí surge esa especie de morriña que nos pinta lo foráneo como soseras y tristón. Aqui no hay San Miguel, ni falta que hace. Aquí tienen la Tripel Karmeliet, un elixir con retrogusto, como los vinos, que se bebe reposadamente.
Salir aquí es otra historia. No lo niego, me faltan en el alma las cañas en la terraza del Penicilino y amanecer con unos desconocidos en la Asklepios, pero me he propuesto entender a los gabachos del norte en sus salidas nocturnas. Es cierto que los bares están vacíos. A 3 € el quinto y 5’50 € la pinta es bastante lógico, y esa falta de espacio social repercute en cierta dificultad para hacer amigos o contactos. La gente se lo monta en casa en círculos bastante cerrados no por gusto, sino por falta de pasta, así que un concierto gratuito al aire libre se convierte en todo un acontecimiento social. La víspera de las elecciones presidenciales tuvo lugar en la Place de la République uno de ellos. En este caso bajo la consigna "Pas de quartier pour les inégalités", una iniciativa que promueve las mejoras educativas en los barrios populares (los que Sarko iba a limpiar de chusma). La actuación central: Mon Côté Punk, más conocidos por aquí por compartir cantante con La Rue Ketanou, grupo de mis amores que a partir de hoy empiezan gira con Les Ogres de Barback, a los que podéis escuchar pinchando aquí.
Y aquí algunas fotos del evento.
Como podéis comprobar si pincháis en los enlaces (os aconsejo "Les hommes que j'aime" en el caso de La Rue), todos estos grupos comparten un sonido común bastante característico. A la música que escuchan estos rubiales hay que dedicarle otra entrada larga (y tendida), que posiblemente sea la próxima. Pero con respecto a la velada, lo que os decía: más que un botellón (que también) era una fiesta en la calle bastante animada. Muy epicúreo todo, oye.
Buenas noches y buena suerte.
26/5/07
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Profesor espectral da clases de español |
Me lo monté por mi cuenta. Encontré un libro de consejos de la responsable del método de IH y un antiguo manual de español en casa de los Bergerie. Y aqui estoy, dando clases a mi primera alumna, una pequeñaja de trece años que es una ricura, lista y aplicada. A los chanantes os gustará saber que la traducción de su nombre al español es algo así como Rubieta Viejuno. La primera clase fue más bien una evaluación de nivel, y durante los diez primeros minutos yo estaba como un pulpo en un garaje, haciendo como que analizaba sesudamente su libro de texto pero pensando ¿Donde coño me he metido ? ¿Quién me mandaría a mí? Y, os lo juro, en el minuto once un profesor espectral surgió de mi interior, me poseyó, se saco de la manga un método didáctico y lanzó una batería de pruebas a la pobre Rubieta Viejuno durante más de hora y media, mientras su madre me confesaba estar encantada de haber encontrado un profesor tan entusiasta. Una sesión más tarde el profesor espectral había conseguido (tras preparar la clase el día anterior) que la muchacha distinguiera perfectamente los usos de "ser" y "estar".